martes, abril 11, 2006

Algo sobre Positivismo Lógico
(Tercera y última parte)


POSITIVISMO Y REALISMO

¿Qué es el positivismo? Moritz Schlick comenta que la evolución de ciertas doctrinas produce confusiones, las que pueden surgir debido a la transformación de sus principios fundamentales. Debido a esto el autor trata de esclarecer lo que considera que son los principios fundamentales del positivismo.

El positivismo es contrario a la metafísica y Schlick se define como un antimetafísico. ¿Qué es la metafísica? “Es la teoría del ‘verdadero ser’, de la ‘realidad en sí misma’, del ‘ser trascendente’, esta aseveración supone que frente al verdadero y auténtico ser se encuentra un ser inauténtico menospreciado, sólo aparente, situación que en verdad han sostenido todos los metafísicos desde los tiempos de Platón y de los eleatas. Este ser aparente es el elemento constitutivo del reino de las ‘apariencias’, y en tanto que la auténtica realidad trascendente no puede ser alcanzada sino con dificultades y mediante los esfuerzos del metafísico, las ciencias específicas solamente se reservarán las apariencias que resultan las únicas asequibles a su forma de conocimiento. La oposición entre estas formas para conocer dos ‘modos de ser’ se justifica mediante la afirmación de que las apariencias están inmediatamente presentes, nos son ‘dadas’, en tanto que la realidad metafísica tiene que ser inferida de ellas de alguna manera indirecta”.

“Lo dado” es un concepto fundamental del positivismo. El filósofo y el científico deben siempre permanecer en “lo dado”, los intentos metafísicos de ir más allá son carentes de sentido. “Lo dado” del positivismo es lo que los metafísicos llaman “las apariencias”. ¿Es el positivismo metafísica que carece de lo trascendente? Schlick considera que esta opinión lleva al error.

Debemos darnos cuenta –dice– de que sólo es posible establecer el significado de un enunciado cuando podemos describir el hecho que debería existir si el enunciado fuese cierto. “El criterio de verdad o de falsedad de la proposición se hallará en el hecho de que en circunstancias definidas (dadas en la definición) ciertos datos estarán presentes o no estarán presentes... pero si soy incapaz, en principio, de verificar una proposición, esto es, si ignoro en absoluto cómo proceder o lo que tengo que hacer para averiguar su verdad o su falsedad, entonces evidentemente ignoro lo que efectivamente dice la proposición y seré incapaz de interpretarla... La enunciación de las circunstancias en que una proposición resulta verdadera, es lo mismo que la enunciación de su significado...”.

¿Cuándo una proposición posee un significado enunciable? “Sólo cuando muestra una diferencia comprobable entre la situación de que sea verdadera y la de que sea falsa. Una proposición que refiriera una situación del mundo y la misma en los casos de ser la proposición verdadera y falsa respectivamente, es una proposición que no comunica nada sobre el mundo, es una proposición vacía, no es posible otorgarle significado. Ahora bien, sólo tenemos una diferencia verificable cuando ésta se realiza en lo dado, ya que sin género de dudas verificable no significa otra cosa que ‘capaz de ser exhibido en lo dado’. Obvio resulta que verificabilidad se usa aquí en el sentido de ‘verificable en principio’ ya que el significado de una proposición es, naturalmente, independiente de las circunstancias en que nos encontramos y que en un determinado momento pudieran permitir o impedir su verificación efectiva”.

Esta verificación debido a problemas prácticos puede ser en algún momento imposible de llevar a cabo (por problemas de tecnología, por ejemplo), pero al menos es lógicamente posible hacerlo. Las proposiciones sin sentido no pueden verificarse por razones lógicas. “Sentido” y “sentido verificable” son lo mismo.

Continúa Schlick: “Pero si alguien informara que en el interior de cada electrón existe un núcleo, el cual, aun cuando está siempre presente, no tiene nunca ni en modo alguno ningún efecto externo, de suerte que su existencia no se manifiesta nunca en la naturaleza, ésa sería una afirmación sin sentido, ya que tendríamos que preguntarle al autor de la hipótesis: ¿Qué es lo que verdaderamente quiere usted significar al afirmar la presencia de ese ‘núcleo’? Y él únicamente podría responder: ‘Quiero decir que existe algo en el electrón’. Y nosotros insistiríamos en interrogarle: ‘¿Qué significa eso? ¿Qué ocurriría si no existiese?’. Y él tendría que responder: ‘Todo seguiría exactamente igual que antes’, ya que, de acuerdo con su afirmación, el ‘algo’ del electrón no tiene efectos y, sencillamente, no habría ningún cambio observable: el reino de lo dado no estaría afectado de ningún modo. Juzgaríamos que él no había sido capaz de comunicar el significado de su hipótesis y que, por tanto, ésta no tenía significado. En este caso, la imposibilidad de verificación no es fáctica sino lógica, ya que en razón de la total inefectividad de aquel núcleo, en principio se halla excluida toda posible decisión relativa a él, basada en una diferencia en lo dado”.

¿Cómo se distingue al mundo trascendente o metafísico del empírico? “Todas las hipótesis físicas sólo pueden referirse a la realidad empírica, si por ésta entendemos a lo cognoscible... Únicamente cabe establecer hipótesis para aquello para lo cual existen bases en la experiencia”.

Los positivistas lógicos, para tratar de fundamentar el conocimiento, crearon conceptos como proposiciones protocolares, proposiciones fundamentales, proposiciones protocolares fundamentales y proposiciones básicas; escribieron de la coherencia entre las proposiciones científicas; hablaron también de crear un lenguaje fisicalista (lenguaje libre de elementos metafísicos); etc. De todo eso ya no escribiremos. De lo que sí escribiremos es acerca de la diferencia entre Wittgenstein y los positivistas lógicos.


UN SANTO INFELIZ

Dios puede decirme: Te juzgo por tu propia boca.
Te has estremecido de asco ante tus propias acciones,
cuando las has visto en otros
.
Ludwig Wittgenstein

Ya anotamos que Wittgenstein consideraba que sólo en la ciencias naturales puede crearse un discurso con sentido. Lo mismo pensaban los positivistas lógicos. ¿Era Wittgenstein un positivista lógico?

Paul Engelman nos da la respuesta: “Toda una generación de discípulos pudo tomar a Wittgenstein como positivista porque tiene algo de enorme importancia en común con los positivistas: traza la línea entre aquello de lo que podemos hablar y aquello sobre lo que debemos guardar silencio. El positivismo sostiene –y ésta es su esencia- que aquello de lo que podemos hablar es todo lo que importa en la vida. Mientras que Wittgenstein cree apasionadamente que todo lo que realmente importa en la vida humana es aquello sobre lo que, desde su punto de vista, debemos callar.”

Wittgenstein anota su creencia en el Tractatus (6.52): “Sentimos que aun cuando todas las posibles cuestiones científicas hayan recibido respuesta, nuestros problemas vitales todavía no se han rozado en lo más mínimo”.

A lo comentado por Engelman podemos agregar las palabras de Carnap: “Cuando leímos el libro de Wittgenstein en el Círculo, yo había creído erróneamente que su actitud hacia la metafísica era similar a la nuestra. No había prestado atención a las afirmaciones sobre la mística que hay en el libro, porque sus sentimientos y pensamientos en ese campo eran demasiado divergentes de los míos. Sólo el contacto personal con él me ayudó a ver más claramente su actitud en este punto.”

En otra parte Carnap anotó: “Su punto de vista y su actitud hacia la gente y los problemas, incluso hacia los problemas teóricos, era más parecida a los de un artista creativo que a los de un científico; y podría decirse que parecida a los de un profeta religioso o un vidente”.

Wittgenstein fue un místico consciente de la imposibilidad de elaborar un discurso teórico sobre “ese otro mundo”.

Bertrand Russell, sobre el misticismo de Wittgenstein, escribió: “Ha penetrado a fondo en la manera de pensar y sentir de los místicos, pero creo (aunque él no estaría de acuerdo) que lo que más le gusta del misticismo es su poder de impedirle seguir pensando”.

Wittgenstein además de ser un místico, trataba de llegar a ser un santo, su hermana Hermine escribió (13 de diciembre de 1920): “No es fácil tener a un santo por hermano, y a la expresión inglesa: ‘Prefiero ser un perro vivo a un santo muerto’ me gustaría añadir: (Con frecuencia) preferiría tener por hermano a una persona feliz que a un santo infeliz”.

¿A qué se refería Hermine con lo de santo infeliz?

“¿Por qué debería uno decir la verdad si puede serle beneficioso decir una mentira?” Se preguntó Wittgenstein a los ocho o nueve años de edad. Algunos de sus biógrafos afirman que aquel niño ocultaba sus verdaderos deseos y pensamientos. Al llegar a la adultez concluyó que no es correcto ocultar “lo que uno es”. Para Wittgenstein decir la verdad era un deber. ¿Por qué? Eso no puede responderse.

Wittgenstein vivía preocupado –más bien atormentado- por ser una persona decente.

En el diario que llevó durante su participación como soldado, escribió: “Ahora tengo la oportunidad de ser un ser humano decente, pues voy a estar cara a cara con la muerte”.

En alguna ocasión escribió: “ahora soy ligeramente más decente”, y agregaba: “Lo único que quiero decir con esto es que soy ligeramente más consciente de mi falta de decencia”.

Wittgenstein llegó a autoinculparse de forma desmedida, hablaba y escribía de su bajeza y corrupción. A Rusell le explicaba que su vida estaba “llena de los pensamientos y actos más feos y mezquinos”, también le expresaba sus deseos de cambiar: “Mi vida ha sido hasta ahora una gran cochinada, pero ¿deberá continuar siéndolo por siempre?”. Le manifestaba que tenía que aclararse como hombre antes de intentar ser un lógico.

En las siguientes entradas sobre Wittgentein escribiremos sobre su misticismo y su intención de ser un santo. Terminamos esta entrada con las palabras de Wittgenstein sobre la ética:

“Lo que es bueno, es también divino. Por muy raro que suene, esto resume mi ética”.


REFERENCIAS

Ayer, J. A. “El positivismo lógico”. Siglo XXI.
López de Santa María Delgado, Pilar. “Introducción a Wittgenstein (Sujeto, mente y conducta). Editorial Herder. Barcelona. 1986.
Monk, Ray. “Ludwig Wittgenstein”. Editorial Anagrama. Barcelona. 2002.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

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c dijo...

Es una personalidad fascinante, Wittgenstein. Lo que me extraña es justamente eso que tratas, el misticismo de un pensador completamente riguroso. Sigo leyendo. Saludos.