martes, noviembre 29, 2005

LOS PARADIGMAS EN LA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
O
¿ES LA CIENCIA UNA RELIGIÓN?
(Primera parte)



Cuando en las revistas de misterios se presenta a alguien que afirma haber construido una máquina de movimiento perpetuo, los responsables de estos reportajes señalan que los científicos no aceptan el invento en cuestión porque sus dogmas (la termodinámica) les impiden ver la verdad. Pero –continúan- la ciencia al seguir progresando superará esos dogmas, tal y como ya ha superado otros, y entonces los inventores de máquinas de movimiento perpetuo tendrán el reconocimiento que merecen.

Y es que cuando los insolitólogos se ponen a hablar de ciencia se puede esperar cualquier cosa: la descalifican cuando se les recuerda que no hay evidencia que respalde sus extravagantes afirmaciones, y cuando creen que hay algún elemento científico con el que pueden justificar sus propuestas, no dudan en tomarlo y afirmar que cuentan con el respaldo de la “ciencia oficial” (ejemplo reciente es el “documental” ¿Y tú qué diablos sabes?); tampoco es raro que utilicen conceptos científicos sin entenderlos.

Pero en esta entrada no deseo referirme a la forma en que descalifican a la ciencia los himbestigadores de lo paranormal, sino a las discusiones en el ámbito filosófico.

Mario Méndez Acosta ha escrito que: “Lo que inicialmente no era sino un ensayo sociológico sobre la manera en que evoluciona el conocimiento científico en una sociedad, se ha convertido en una especie de bandera ideológica de ciertos grupos que desean abiertamente detener su avance, y aun impedir que la propia sociedad dedique sus recursos a la investigación de la ciencia.”

El ensayo inicial al que Mario se refiere es el libro La estructura de las revoluciones científicas del físico Thomas Kuhn. Esta obra provocó dos respuestas: la de quienes defienden que la ciencia es una empresa racional, y la de quienes afirman que hay que decir Adiós a la razón.

Continúa Méndez Acosta: “En consecuencia, muchos filósofos, entre ellos Paul Feyerabend –aun en contra de la misma opinión de Kuhn-, declaran la completa irrelevancia de la ciencia como herramienta útil para conocer el mundo y hasta proclaman que es mejor que los gobiernos destinen recursos para investigaciones astrológicas o acerca de los platillos voladores, o bien que reconozcan a cualquier tipo de charlatanería médica al mismo nivel que la medicina científica. Con ese fin se han publicado cientos de ensayos en revistas filosóficas, que descalifican a la ciencia, al afirmar que la misma no es sino una simple convención o moda pasajera.”

Mario no duda en llamar engañoso al modelo que de la historia de la ciencia presenta Kuhn.

Martín Bonfil considera que tal apreciación es una descalificación injusta, y agrega que el libro de Kuhn es “una de las referencias esenciales en la comprensión contemporánea de la ciencia (...) No es válido limitarse a descalificar el trabajo de filósofos e historiadores como Kuhn llamándolos relativistas (como si ésta fuera una mala palabra), sin apreciar que lo que buscan es comprender mejor a la ciencia.”

Las siguientes líneas son el resultado tanto de la lectura de La estructura (por ello es que son en su mayor parte un resumen de la obra) como de algunas reflexiones hechas en un curso de filosofía de la física.


ANTECEDENTES

La estructura de las revoluciones científicas es un libro esencial para entender la filosofía de la ciencia. Veamos algunas de las razones por las que es importante el trabajo de Kuhn:

La historia encuentra un lugar en las reflexiones de quienes hacen filosofía de la ciencia. En Wittgenstein y en los positivistas lógicos no hay reflexión histórica. Los positivistas lógicos se ocuparon principalmente del análisis lógico del lenguaje, el origen de las proposiciones científicas (otras proposiciones o los hechos duros) y su relación lógica (congruencia), etc. Thomas Kuhn recurre a la historia para tratar de comprender la ciencia.

En La estructura también aparece el individuo, el hombre que hace ciencia, incluso llega a hacer consideraciones acerca de la forma en que los seres humanos percibimos, también analiza la personalidad de los investigadores: “la aplicación de valores a menudo se ve considerablemente afectada por los rasgos de la personalidad individual que diferencia a los miembros del grupo...”.

Independientemente de sus posteriores aclaraciones (en el sentido de no ser un defensor de la ciencia como una empresa irracional), la verdad es que Kuhn deja la impresión de que la ciencia es una religión.

El trabajo de Kuhn propició que cambiara el rumbo que llevaba la filosofía de la ciencia. Se creó una serie de problemas a tratar. Racionalidad, progreso, evolución, verificación, refutación... son algunos de los términos que serían discutidos y redefinidos.


DE CÓMO LLEGÓ KUHN A LA IDEA DE LOS PARADIGMAS

Thomas Kuhn cuenta en el prefacio de La estructura que sus ideas acerca de la naturaleza de la ciencia comenzaron a cambiar una vez que entró en contacto con la historia de la misma, estas ideas tenían su origen en su preparación científica (física) y sus intereses filosóficos.

La historia de la ciencia y las concepciones que Kuhn se había formado no encajaban del todo.

Kuhn comenzó a explorar materias que aparentemente nada tenían que ver con la historia de la ciencia, leyó trabajos sobre la percepción y el lenguaje. Su contacto con gente dedicada a las ciencias sociales le hizo llegar al concepto fundamental de su obra: “Lo más importante es que, al pasar un año en una comunidad compuesta, principalmente, de científicos sociales, hizo que me enfrentara a problemas imprevistos sobre las diferencias entre tales comunidades y las de los científicos naturales entre quienes había recibido mi primera preparación. Principalmente, me asombré ante el número y alcance de los desacuerdos patentes entre los científicos sociales, sobre la naturaleza de problemas y métodos científicos aceptados. Tanto la historia como mis conocimientos me hicieron dudar de que quienes practicaban las ciencias naturales poseyeran respuestas más firmes o permanentes para esas preguntas que sus colegas en las ciencias sociales. Sin embargo, hasta cierto punto, la práctica de la astronomía, de la física, de la química o de la biología, no evoca, normalmente, las controversias sobre fundamentos que, en la actualidad, parecen a menudo endémicas, por ejemplo entre los psicólogos o los sociólogos. Al tratar de descubrir el origen de esta diferencia, llegué a reconocer el papel desempeñado en la investigación científica por lo que, desde entonces, llamo ‘paradigmas’.”

Y aquí lanza Kuhn la primera definición de paradigmas: Realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica.

Una de las principales críticas a la obra de Kuhn es que el concepto de paradigma no está bien definido, hay quien asegura que en La estructura aparecen más de veinte definiciones distintas. Kuhn reconoció esta falla, en un agregado que le hizo a su obra comentó: “Creo ahora que la mayor parte de estas diferencias se deben a incongruencias de estilo (por ejemplo, las leyes de Newton a veces son un paradigma, a veces partes de un paradigma y a veces son paradigmáticas), y pueden ser eliminadas con relativa facilidad.” Entonces propuso el uso del término matriz disciplinaria.

El desarrollo de sus propuestas se ve limitado por diferentes razones. Asegura Kuhn que de sus ideas “existen muchas más pruebas históricas que las que he tenido espacio para desarrollar en este libro”, así mismo nos dice que hacen falta estudios más detallados de ciertos puntos, otros problemas no pudieron ser abordados en La estructura debido a “una condensación drástica”, de otras cuestiones solamente hace “breves comentarios colaterales”, “las limitaciones de espacio han afectado drásticamente el tratamiento” de los problemas filosóficos que se desprenden de sus tesis.


UNA NUEVA IMAGEN DE LA CIENCIA

Una cosa es la cronología y otra la historia. Y la historia de la ciencia no ha podido escribirse de forma correcta debido a que no se han hecho las preguntas adecuadas, hasta ahora las preguntas se han hecho siguiendo el estereotipo surgido de los libros de texto científicos. De estos libros se saca la conclusión de que la ciencia es progresiva y acumulativa, en palabras de Kuhn: “El desarrollo científico se convierte en el proceso gradual mediante el que esos conceptos han sido añadidos, solos y en combinación, al caudal creciente de la técnica y de los conocimientos científicos, y la historia de la ciencia se convierte en una disciplina que relata y registra esos incrementos sucesivos y los obstáculos que han inhibido su acumulación. Al interesarse por el desarrollo científico, el historiador parece entonces tener dos tareas principales. Por una parte, debe determinar qué hombre y en qué momento fue descubierto o inventado cada hecho, ley o teoría contemporánea. Por otra parte, debe describir y explicar el conjunto de errores, mitos y supersticiones que impidieron una acumulación más rápida de los componentes del caudal científico moderno.”

Pero esta manera de hacer historia es cada vez más difícil. Ver a la ciencia como una empresa acumulativa pone en serias dificultades a los historiadores. Existen ideas que ahora no son tomadas en cuenta por los científicos (las han desechado ya que se consideran erróneas) pero que en su momento formaron parte del conocimiento científico, “si esas creencias anticuadas deben denominarse mitos, entonces éstos se pueden producir por medio de los mismos tipos de razones que conducen, en la actualidad, al conocimiento científico. Por otra parte, si debemos considerarlos como ciencia, entonces ésta habrá incluido conjuntos de creencias absolutamente incompatibles con las que tenemos en la actualidad.”

Para Kuhn, la revolución historiográfica estaba apenas comenzando. Los historiadores han comenzado “a trazar líneas diferentes de desarrollo para las ciencias que, frecuentemente, nada tienen de acumulativas”.

Lo que a fin de cuentas pretende Kuhn en su libro es mostrarnos una nueva imagen de la ciencia.

Considera Kuhn que durante la “investigación normal” puede surgir un problema que se resiste a ser resuelto, entonces se realizan “investigaciones extraordinarias”, esto conduce a una “revolución científica”. Durante las revoluciones científicas, se rechaza una teoría y se adopta otra, obviamente ambas son incompatibles. Pero este no es el único cambio, “la nueva teoría implica un cambio en las reglas que regían la práctica anterior de la ciencia normal”.

El paradigma que resulta ganador, impone su ontología: “Los principios que rigen la ciencia normal no sólo especifican qué tipos de entidades contiene el Universo, sino también, por implicación, los que no contiene.”

Algunos críticos señalan que Kuhn no profundiza realmente en la historia, y que el análisis histórico puede usarse para refutarlo.


CIENCIA NORMAL

¿Qué entiende Kuhn por ciencia normal? Investigación basada firmemente en una o más realizaciones científicas pasadas, realizaciones que alguna comunidad científica particular reconoce, durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior.

Los libros de texto científicos exponen las realizaciones de las que habla. Menciona las obras de Aristóteles, Tolomeo, Newton, Franklin, Lavoisier y Lyell como ejemplo de obras que “sirvieron implícitamente, durante cierto tiempo, para definir los problemas y métodos legítimos de un campo de la investigación para generaciones sucesivas de científicos.” Estos textos compartían dos características: 1. Sus logros no tenían precedentes, de ahí que pudieran haber creado escuela, o lo que es lo mismo, que consiguieran contar con un duradero grupo de seguidores. 2. Dejaban muchos problemas por resolver.

En esta parte Kuhn llama paradigma a las realizaciones que comparten las dos características enunciadas.

Un aspirante a científico debe estudiar el paradigma de la tradición a la que desea pertenecer. Al compartir modelos, reglas y normas, el desacuerdo se dará raramente.

Kuhn apunta dos cosas importantes: puede haber cierto tipo de investigación científica sin paradigmas y que la adquisición de un paradigma es un signo de madurez en el desarrollo de cualquier ciencia. De igual forma hace notar que el camino que conduce al consenso firme de investigación es arduo. No es “extraño que, en las primeras etapas del desarrollo de cualquier ciencia, diferentes hombres, ante la misma gama de fenómenos –pero, habitualmente, no los mismos fenómenos particulares- los describan y los interpreten de modos diferentes. Lo que es sorprendente, y quizá también único en este grado en los campos que llamamos ciencia, es que esas divergencias iniciales puedan llegar a desaparecer en gran parte alguna vez.” Las divergencias desaparecen una vez que se ha adoptado un paradigma, pero ¿por qué una escuela de pensamiento llega a imponerse?

Una teoría –dice Kuhn- para convertirse en paradigma no necesita explicar todos los hechos que se puedan confrontar con ella, sino parecer mejor que las teorías a las que se enfrenta.

Cuando surge un paradigma o cuando una escuela de pensamiento se convierte en paradigma, las otras escuelas desaparecen gradualmente, y esta “desaparición se debe, en parte, a la conversión de sus miembros al nuevo paradigma.” He aquí una palabra clave en el pensamiento de Kuhn: conversión. ¿Qué tanta racionalidad existe en una conversión? Terminan por ser excluidos quienes se aferran a las otras escuelas o maneras de entender los fenómenos.

Durante el periodo de ciencia normal los científicos intentan “obligar a la naturaleza a que encaje dentro de los límites preestablecidos y relativamente inflexibles que proporciona el paradigma.” Los científicos no buscan fenómenos ni teorías novedosas.

El paradigma indica qué proyectos científicos llevar a cabo, lo que es importante investigar y reportar, y los instrumentos en los que se invertirá; en otras palabras, el paradigma determina los hechos significativos. Kuhn asegura que no es la novedad de los descubrimientos lo que proporciona reputación a un investigador sino la precisión, la seguridad y el alcance de los métodos que desarrolla para profundizar en un hecho ya conocido. Es raro que la teoría se compare con la naturaleza, sin embargo los científicos se esfuerzan por hacerlo, buscar maneras de verificar experimentalmente (preguntando a la naturaleza) es “un desafío constante para la habilidad y la imaginación de los experimentadores y los observadores”; lograr endemostrar el acuerdo entre la teoría y la naturaleza es otro trabajo que los científicos realizan en el periodo de ciencia normal. Resolver ambigüedades de la teoría es otra labor que se realiza en este periodo. El trabajo teórico consiste en: realizar predicciones consideradas poco valiosas por sí mismas, aquí los investigadores tratan de mejorar el acuerdo entre el paradigma y las observaciones, y reformular el paradigma, es decir, presentarlo de forma más clara y profunda.

Estas labores son posibles en cuanto que un paradigma indica cuáles son los problemas a resolver y cuáles serán las soluciones que se acepten. La mayor parte de la literatura científica se ocupa de las funciones mencionadas.


RESOLVIENDO ENIGMAS

Durante el periodo de ciencia normal, los científicos no buscan novedades inesperadas. “El llegar a la conclusión de un problema de investigación normal es lograr lo esperado de una manera nueva y eso requiere la resolución de toda clase de complejos enigmas instrumentales, conceptuales y matemáticos. El hombre que lo logra prueba que es un experto en la resolución de enigmas y el desafío que representan estos últimos es una parte importante del acicate que hace trabajar al científico.” Kuhn explica que los enigmas son problemas que los científicos resuelven mediante su ingenio, no se toma en cuenta en esta definición lo importante que pudiera ser resolver el enigma. Kuhn deja claro que los enigmas tienen solución, aquellos enigmas que el paradigma considere insolubles carecerán de importancia o no se considerarán problemas científicos. Se ha comentado que la filosofía no se enfrenta a verdaderos problemas, los positivistas lógicos consideraban que la metafísica se enfrentaba a seudoproblemas y que trabajaba con seudoconceptos, en su libro Kuhn escribe: “Una de las razones por las cuales la ciencia normal parece progresar tan rápidamente es que quienes la practican se concentran en problemas que sólo su falta de ingenio podría impedirles resolver.”

Un investigador –independientemente de los motivos por los que se ha convertido en científico- dedica su carrera a la resolución de enigmas, casi nunca pone a prueba creencias aceptadas por mucho tiempo.

Kuhn analiza las características de los “enigmas”. Nos dice que deben tener más de una posible solución, existen reglas que limitan la naturaleza de las soluciones que podrían aceptarse y los métodos empleados para resolver el enigma en cuestión. Considera Kuhn diferentes tipos de reglas o compromisos que siguen los científicos, sin embargo la ciencia normal no está determinada completamente por reglas, las reglas “se derivan de los paradigmas; pero éstos pueden dirigir la investigación, incluso sin reglas.”



ANOMALÍAS

Durante el periodo de ciencia normal hay acumulación, en este periodo se logra “la extensión continua del alcance y la precisión de los conocimientos científicos”.

Las cosas comienzan a cambiar cuando los científicos notan que “en cierto modo la naturaleza ha violado las expectativas, inducidas por el paradigma, que rigen a la ciencia normal”. Se hacen esfuerzos por convertir lo anormal en lo esperado. Revisa algunos ejemplos y nos dice: “...y éste es ahora el punto más importante, cambiaron campos que ya existían.” Muestra que las maneras de proceder y experimentar son tan paradigmáticas como las leyes y teorías, pero reconoce que es así como debe trabajar la ciencia, ya que en caso contrario se tendría “un método inconcebible de investigación”.

Los pasos que conducen a la crisis son: percepción de la anomalía, reconocimiento de dicha circunstancia y cambio de los procedimientos del paradigma. Hay resistencia a estos cambios, y la resistencia incluye a la percepción misma. Kuhn menciona un ejemplo psicológico que muestra la resistencia a “ver” lo anómalo, y asegura que este mismo fenómeno se da en la ciencia, escribe: “la novedad surge sólo dificultosamente, manifestada por la resistencia, contra el fondo que proporciona lo esperado. Inicialmente, sólo lo previsto y lo habitual se experimenta, incluso en circunstancias en la que más adelante podrá verse la anomalía.”

Aunque hay resistencia al cambio, la ciencia misma proporciona las circunstancias para que lo anómalo pueda surgir. Según Kuhn la ciencia se hace rígida, “la ciencia normal conduce a una información tan detallada y a una precisión tal en la coincidencia de la teoría y de la observación como no podría lograrse de ninguna otra forma... la novedad ordinariamente sólo es aparente para el hombre que, conociendo con precisión lo que puede esperar, está en condiciones de reconocer que algo anómalo ha tenido lugar. La anomalía sólo resalta contra el fondo proporcionado por el paradigma.” Incluso Kuhn percibe bondades en la resistencia, ya que gracias a ésta las anomalías “penetrarán hasta el fondo de los conocimientos existentes.” Esto quiere decir que la ciencia “prepara el camino para su propio cambio”.

viernes, noviembre 25, 2005

MENSAJEROS DEL ENGAÑO
(Segunda parte)



Desde el inicio se había negado bajo la excusa de no tener el dinero necesario para emprender la misión. La voz femenina que escuchaba le había explicado durante todo el camino que no tenía que preocuparse por ello, que Dios pondría en sus manos todo lo necesario. Le incomodaba el hecho de escuchar claramente aquella voz y que ninguno de los otros pasajeros se percatara. Además de aquella incomodidad, sufría en silencio una jaqueca que le había comenzado momentos después de que sus temores se hicieran realidad y momentos antes de abordar el autobús.

“Te hemos alimentado porque te amamos y esperamos que nos correspondas” fue la primera frase que escuchó cuando se encontraba en los baños de la central camionera. “¡¡¡¡¿La escuchan?!!!!”, se puso a gritar como loco a los hombres que se encontraban con él, sacó de su bolsillo la figura de la Virgen que siempre llevaba consigo.

“Ella me está hablando... ¿pueden escucharla?... me ha alimentado con su sangre... ¿alguna vez han probado la sangre de la Virgen?, pues yo sí... es deliciosa... y ahora me está hablando... ¿la escuchan?... ¡¡¡maldita sea!!!... ¡¡¿la escuchan?!!!...” Se puso como loco y pronto se quedó solo en aquellos baños, la Virgen le comenzó a explicar cuál sería su tarea. “Soy tardo en el habla... y torpe de...” la Virgen no le permitió terminar la frase. “¿Deseas tener en tu lengua una gota más de mi sangre?, ¿deseas seguir saboreándola?... pues tendrás que hacer lo que te pido...”

¡Maldición!, era un cruel y asqueroso truco, ¿cómo no lo había sospechado?, la Virgen lo había hecho adicto a su sangre para poder manipularlo; meses antes podría haberse negado, pero no ahora, ahora era adicto; no sólo era un capricho, en verdad necesitaba la sangre divina, no podía prescindir de ella, aunque no lo creas su cuerpo se la pedía a gritos, sus labios se la exigían, su lengua se la demandaba. Por un instante pensó en reclamarle, gritarle que eso era jugar sucio. No pudo, escuchó en silencio cada frase de la Virgen. Cuando llegó el momento de salir del baño para dirigirse al autobús, la Virgen comenzó a sangrar, y Salxeido ni tardo ni perezoso la llevó hasta su boca, todo el enojo por haberse dejado tratar como un títere desapareció en el momento en que su lengua empezó a recorrer cada centímetro cuadrado de la figurilla. La Virgen sabía lo que hacía, lo tenía en sus manos. Podía convencer al sacerdote de hacer lo que ella quisiera.

En eso son expertos los dioses, saben perfectamente de qué pie cojeamos los seres humanos. Siempre ha sido así, a lo largo de la historia su mayor entretenimiento ha sido jugar con nosotros, nos han hecho guerrear, cumplir ritos ridículos, sacrificarnos por ellos, alimentarlos, obedecerlos. Lamentablemente para nuestro ego, los humanos no somos más que una enorme granja que pertenece a los señores invisibles de este mundo, y lo que es peor: la humanidad tardará mucho tiempo en aprender a defenderse de los dioses. Los hombres estamos muy lejos de ser los reyes del planeta, sus verdaderos reyes son estas inteligencias que desde las sombras lo dirigen, y para que hagamos lo que a ellas les conviene han inventado formidables estrategias, y de todas ellas la de mayor éxito es sin duda la religión.

Como puedes darte cuenta, Salxeido estaba en sus manos, se encontraba arrinconado, atrapado; los dioses se divertirían un rato con él. Si había querido despojarse de cualquier responsabilidad por no contar con el dinero necesario para fundar la religión que se le revelaría, ahora no podía.

El dinero estaba ahí, frente a él. ¿Cómo había llegado tanto billete al autobús?, ¿quién era su propietario?, ¿era dinero sucio?, ¿era el resultado de negocios ilegales?, ¿trafico de órganos?, ¿narcotráfico?, ¿secuestros?...

Por supuesto que esas eran interrogantes menores, su alma estaba siendo atormentada con dudas más profundas. No sabía si amaba u odiaba los milagros de los que había sido testigo, lo que sí sabía era que odiaba el hecho de haberse convertido en el corre-ve-y-dile de los dioses, “¿por qué yo?, ¿por qué me eligieron cuando existen cientos de miles de sacerdotes y religiosos en el mundo?, ¿por qué chingados ponen sobre mis hombros esta pesada carga?, ¿por qué tenía que abordar este maldito autobús?, ¿a quién se le podría extraviar una fortuna como ésta?, seguramente el dueño de toda esta lana está que ni lo calienta el sol por haberla extraviado de una manera tan estúpida... ¿y si no la extravió?, ¿y si el verdadero dueño sabe perfectamente la ubicación de la lana y piensa recogerla en la estación de autobuses a la que nos dirigimos?, ¿o estará planeando interceptar el autobús en algún lugar alejado de la mano de Dios y tomar el dinero?...”

Especulaciones al infinito hacían tanto él como los otros pasajeros acerca del origen de aquel portafolios que les ofrecía la oportunidad de hacer realidad todos sus sueños. Pero el verdadero origen de aquella fortuna no era tan mundano, las inteligencias del más allá lo habían colocado en el lugar preciso, en el momento exacto y ante los pasajeros adecuados mediante un juego de “casualidades” en el que aquellos hombres estaban involucrados sin saberlo. La historia humana no es más que una ridícula obra de teatro escrita y dirigida por las divinidades, casi nada -y hay que resaltar el casi- sucede sin que ellas lo dispongan.

Sabemos que el dinero estaba ahí porque así lo habían querido los señores que desde las alturas nos vigilan, y también sabemos que cada uno de los pasajeros -el periodista, el biólogo, el sacerdote y el chofer- se encontraba abordo, soñando con lo que podría hacer con la parte que le correspondía, porque también así lo habían dispuesto esas inteligencias extrahumanas; de lo que no sabemos nada es acerca de sus intenciones, de sus objetivos. ¿Había en el corazón de los dioses algo más que ganas de divertirse? ¿Qué planes tenían para aquellos hombres? ¿Deseaban en serio crear otra religión como le informaron a Salxeido? ¿No es acaso suficiente con las religiones ya existentes para mantener encadenada la mente de los hombres?

Extraño sería que pasara algo que sorprendiera a los dueños del planeta. Todo estaba perfectamente planeado, incluyendo el desperfecto en el autobús que los obligaría a pasar la noche en la carretera.

* * * * * * * * *

Salxeido nunca en su vida había visto tanto dinero, claro que tendría que compartirlo con los otros, pero de cualquier forma le alcanzaría para publicar el libro sagrado que la Virgen en cualquier momento comenzaría a dictarle y, cuando estuviera listo, comenzar a distribuirlo. Claro que si en lugar de compartirla, toda esa fortuna fuera destinada a sus propósitos... ¡vaya!, sería grandioso, podría librarse del enorme peso que significaba encontrar los medios para dar a conocer la nueva doctrina por el mundo entero.

Pero cómo hacer para que todo el dinero fuera usado para sus propósitos, tal vez podría convencer a aquellos hombres, podría explicarles que ese dinero no debía ser derrochado en frivolidades sino invertido en una empresa divina. Si eran inteligentes no se expondrían a la furia de Dios, ¿quién con claridad de pensamiento sería capaz de realizar alguna acción contraria a los deseos del Señor y de su hijo?, el cordero de Dios necesitaba urgentemente ese dinero y nadie en su sano juicio podría pensar en arrebatárselo.

¿Cómo comentarlo?, no habían comprendido nada cuando al subir al autobús le dijeron que se dejara de mamadas al cuestionarle la razón por la que saboreaba la figura de la Virgen. Por alguna extraña razón no habían podido ver la sangre de Lupita a pesar de que nunca había sido tan abundante como en ese momento. La sangre le escurría por los dedos, le había manchado la ropa y el preciado líquido no paraba de fluir. Ellos se rieron, le llamaron loco, desquiciado, fanático. El demonio los tenía cegados. ¿Qué otra cosa podía ser? Si no eran capaces de ver un milagro como ése era debido a que sus corazones estaban endurecidos y obviamente no comprenderían; no podía exponerse a sus comentarios despectivos, es más, si el milagro era inexistente ante sus nubladas mentes, lo creerían chiflado y tratarían de hacerlo a un lado durante la repartición, tal vez el príncipe de este mundo sería capaz de hacer que pensaran no sólo en despojarlo de la parte que le correspondía sino de quitarle la vida; a Satanás no le conviene que Dios de su mensaje de amor y bienaventuranza al mundo, podría por tanto mandar a que se deshicieran de él. ¿Cómo podría hacer para que todo el dinero fuera para él, es decir, para Dios?, esa billetiza tenía que ser para el-que-todo-lo-puede-y-todo-lo-sabe, así que tendría que pensar en algo rápido para quedárselo y dar a conocer por todo el mundo la buena nueva. Ningún rincón del planeta podía quedar en la ignorancia, la ignorancia no es buena, quien no hace lo necesario para despojar de la ignorancia a su prójimo no es digno ante Dios y merece el peor de los castigos, merece habitar por toda la eternidad el lugar donde rechinan los dientes. Como podrás darte cuenta, los dioses habían puesto al padrecito en una situación nada envidiable.

“En buen lío te hallas metido Salxeido, necesitas toda la lana pero tienes que compartirla, y no puedes negociar con unos tipos a quienes el gran mentiroso tiene bajo su poder, recuerda como se rieron no sólo de ti sino de Dios... blasfemos... estúpidos blasfemos...”

Uno de ellos, el que había mencionado que era periodista, volteó hacia Salxeido y le susurro: “Levítico, capítulo 24, versículos del 13 al 23, pendejo” El padre se levantó y tomándolo por las solapas le exigió que le repitiera lo que había dicho. “¿Qué le pasa?, ¿se volvió loco?”, con un manotazo se zafó del sacerdote. “¿Qué fue lo que me dijiste?”, “Yo no le dije nada”. Salxeido caminó hacia su equipaje, tomó la Biblia y leyó donde el periodista le había indicado:

Y Yahvé habló a Moisés diciendo: Saca al blasfemo fuera del real, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. Y a los hijos de Israel hablarás diciendo: cualquiera que maldijere a su Dios, llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el nombre de Yahvé, ha de ser muerto: toda la congregación lo apedreará: así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera (...) Y habló Moisés a los hijos de Israel y ellos sacaron al blasfemo fuera del real, y apedreáronlo con piedras. Y los hijos de Israel hicieron según que Yahvé había mandado a Moisés.

Al terminar la lectura escuchó que los hombres comentaban en voz alta, como si no les importara que el ex jesuita estuviera ahí:

-El pobre padrecito es un estúpido.
-No, lo que pasa es que se le perdió un tornillo.
-Hace falta estar loco para hacerse sacerdote, yo no conozco a un solo religioso que esté en sus cabales.
-Yo creo que lo que vuelve loco es tomarse en serio la Biblia.
-La Biblia y el tal Jehová o Yahvé son cuentos para retrasados mentales.

En ese momento, el hombre de ciencia se levantó, miró directamente a los ojos de Salxeido y citó a Thomas Paine casi gritando:

-Al leer las historias obscenas, el voluptuoso desenfreno, las crueles ejecuciones y torturas, la insaciable venganza con la que está plagada más de la mitad de la Biblia, resultaría más consistente que la llamáramos la palabra del demonio que el mundo de Dios. Es una historia de maldad que ha servido para corromper y embrutecer a la humanidad. Por mi parte la detesto profundamente como detesto cualquier crueldad, rara vez encontramos algo que no merezca nuestro aborrecimiento y desprecio... Para leer la Biblia sin horrorizarnos debemos destruir todo lo que hay de tierno, comprensivo y benévolo en el corazón del hombre... ¿qué hemos aprendido de esta supuesta religión revelada? nada útil al hombre y todo lo deshonroso al creador, ¿qué nos enseña la Biblia? rapiña, crueldad y crimen... Grandes objetivos inspiran grandes pensamientos, gran magnificencia promueve mayor gratitud, sin embargo, las viles doctrinas y cuentos de la Biblia y el Testamento sólo mueven a desprecio...
-¡¡¿Cómo dices, tarado?!!... -Poco faltó para que Salxeido se le fuera encima.
-Digo que ojalá pronto pase alguien que pueda ayudarnos con el vehículo... ¿se siente mal padre?
-Levítico, capítulo 24, versículos del 13 al 23, hijo... espero que te sea de provecho...

Por lo menos a Salxeido sí le resultaría provechoso, esa era la respuesta que se le ponía enfrente. Dios permitía el asesinato bajo ciertas circunstancias, no sólo lo permitía, lo exigía. La Biblia era clara, todos aquellos que se atrevieran a usar su sucia boca para manchar el nombre de Dios, debían ser asesinados. Aquellos hombres se habían atrevido a blasfemar, Salxeido debía hacer que se cumpliera La Palabra, que se cumplieran los deseos del Creador.

¿Cómo? Ahora sabía cómo es que todo el dinero sería usado en la misión, merecían la muerte; pero cómo podría asesinarlos. No podía ser durante el día, pues sería un suicidio enfrentarlos a todos al mismo tiempo, aunque en realidad dependía de la técnica. Primero pensó en seguir el consejo del Levítico pero afortunadamente razonó que sería imposible. No, definitivamente tendría que hacerlo de otra manera... De lo único que estaba seguro es que debía asesinarlos. Más por temor que por convicción.

¿Cómo negarse? ¿Cómo oponerse a los deseos del Señor? “El que no está conmigo está contra mí y el que no recoge conmigo desparrama”, no le convenía estar contra el Unigénito. Conocía La Palabra, sabía que Yahvé estaba siempre malhumorado como para darle otro disgusto, sabía que a la hora de castigar era implacable:

“Y a la media noche Yahvé hirió a todo primogénito en la Tierra de Egipto, desde el primogénito de faraón hasta el primogénito del esclavo y hubo gran clamor en Egipto porque no había casa donde no hubiere un muerto”
“Yahvé habló a Moisés: Haz la venganza de los hijos de Israel....matad, pues, a todos los varones entre los niños y matad a toda mujer que haya conocido varón carnalmente”
“Si te incitare a servir a dioses ajenos tu hermano o tu hijo, tu hija, tu mujer o amigo íntimo, no le prestaras oído sino que lo matarás”
“Luego que Yahvé tu Dios te haya entregado a una ciudad, herirás a todo varón a filo de espada; ninguna persona dejaras con vida y los destruirás completamente”
“Pero si no obedeces la voz de Yahvé, tu Dios, vendrán sobre ti todas estas maldiciones: Maldito el fruto de tus entrañas y el fruto de tus tierras, los partos de tus vacas y las crías de tus ovejas. Yahvé mandará la desgracia, la derrota y el susto sobre todo lo que tus manos toquen, hasta que seas exterminado, y perecerás en poco tiempo por las malas acciones que cometiste. Tus hijos y tus hijas serán entregados a pueblos extranjeros y enfermarás con tanto mirar hacia ellos, pero no podrás hacer nada. Te comerás el fruto de tus entrañas, la carne de tus hijas e hijos que te haya dado Yahvé, en el asedio y angustia a que te reducirá tu enemigo”

Los ejemplos no escasean, le gustara o no, tendría que obedecer, a menos que como Jacob, quisiera pelear con el Todopoderoso desde que anocheciera hasta que rayara el alba.

jueves, noviembre 24, 2005

Los dioses llegan hasta donde los seres humanos lo permitimos


Cuando Toto descorre la cortina pone al descubierto lo que se esconde detrás del Gran Oz: un simple mortal. Intentemos descorrer un poco la cortina. Resulta que –según ciertas personas- los seres humanos para poder vivir nuestra sexualidad debemos andar consultando lo que dicen al respecto los dioses. Que si en la Biblia se dice tal o cual cosa, que si a don YHWH le molesta o no cierta conducta, etc. ¿Pero realmente qué hay detrás de los dioses? Pues antes que nada unos tipos que dicen ser sus representantes, o sea, unos señores que pretenden saber lo que en las alturas se espera de nosotros. ¿Esos importantes señores representan realmente a alguien? La verdad es que no. No hay la menor evidencia de que algún dios le haya revelado su voluntad a hombre alguno. Los dioses no son más que personajes surgidos de la imaginación humana. Los dioses no son más que fantasmas de nuestra mente. Los mandamientos y normas que supuestamente los dioses nos han revelado no son más que órdenes y mandamientos inventados por seres humanos (el truco estuvo en que en lugar de firmarlos con su nombre pusieron la firma de dios); y las personas que escribieron esas normas ¿qué sabían de biología, química, genética, psicología, psiquiatría, neurología o sexualidad?

Por eso es que viene valiendo un pepino lo que los dioses (y sus supuestos representantes) opinen acerca de la forma en que vivimos nuestra sexualidad. Escribo esto por los recientes comentarios del Papa Benedicto XVI acerca de la homosexualidad, pero sobre todo por la genial caricatura –titulada Natzinger y realizada por el Fisgón- que aparece hoy en el periódico La Jornada.

lunes, noviembre 21, 2005

El mito de los visitantes extraterrestres dentro de la literatura de divulgación científica




En la segunda parte de Cuando la ciencia nos alcance (publicada también dentro de la colección La ciencia para todos), el físico Shahen Hacyan pública un apartado titulado “Jung y los OVNIs”, aquí analiza a los ovnis “no como posibles objetos provenientes del espacio extraterrestre sino como manifestaciones de un fenómeno psicológico colectivo.”

En 1958, Jung publicó el libro Platillos voladores: un moderno mito de cosas vistas en el cielo; con el tiempo los trabajos de Jung influirían en algunos investigadores OVNI y nacería la llamada Hipótesis Psicosocial.

“Jung deduce un contenido simbólico sexual y concluye que existe una conexión entre pulsiones sexuales y ovnis (aunque aclara que él, a diferencia de Freud, no asigna un papel preponderante a los instintos sexuales). Jung murió en 1961 y su teoría, si bien raya en lo esotérico, no deja de tener aspectos proféticos. Es una lástima que no haya vivido para presenciar la evolución ulterior del fenómeno de los ovnis, justamente en una dirección que él llegó a vislumbrar. La siguiente etapa del mito fue la llamada ‘abducción’ por extraterrestres para practicarles extrañas operaciones, por lo general en sus órganos sexuales. Y finalmente, como mencionamos en otras ocasiones, con los ovnis estamos en presencia del nacimiento de un nuevo mito, con todo y seres fantásticos que llegan de los cielos y tienen contactos (incluso sexuales) con los mortales terrícolas.”

En el siguiente apartado analiza un mito moderno: el platillo volador que supuestamente se estrelló en Roswell. Los escépticos han podido encontrar la verdad en este asunto:

“En un libro reciente, UFO Crash at Roswell, C. B. Moore, ingeniero que participó en su juventud en el programa de lanzamientos de globos sonda en Nuevo México, describe con todo detalle el proyecto militar e identifica, gracias a los informes de la época y los archivos meteorológicos, uno de los lanzamientos, el efectuado el 4 de junio, como aquél que terminó en pedazos en la granja de Brazel. Los otros dos autores del libro son los antropólogos B. Saler y C. A. Ziegler, quienes analizan la génesis de este mito moderno y proponen la tesis de que el fenómeno de los ovnis tiene mucho en común con las experiencias religiosas y todo lo relacionado con ellas, como los mitos, las verdades reveladas, las sectas, etcétera.”

En el tercer y último apartado dedicado a los no identificados, el autor escribe sobre “Ovnis, mitos y religión”.
Los hechos reales que condujeron a la formación del mito son suficientemente claros -señala-, pero la historia real por sí sola no explica por qué el mito se volvió tan popular. Eso ya pertenece al dominio de la psicología de masas. Cita a los autores de Ufo Crash at Roswell:

“Lo único disponible en este caso, no es un platillo chocado o los cuerpos de extraterrestres, sino más bien libros que contienen historias sobre platillos chocados y cuerpos de extraterrestres. Porque éstas son las historias que han afectado a nuestra sociedad, son estas historias las que necesitan explicarse.”

Pero si detrás de los OVNIs no hay más que una nueva leyenda o religión ¿cómo explicamos su origen? “...todo mito empieza con algún suceso real que, al ser comunicado por los narradores, adquiere dimensiones fantásticas. A medida que se propaga, aparecen testigos que corroboran el mito y le aportan nuevos elementos, mientras que otros testigos, aquellos que niegan los hechos sobrenaturales, simplemente son excluidos de la historia... Muchas veces los testigos actúan de buena fe y están convencidos de que vieron algo inexplicable, pero nunca se investiga si se trató de un error de apreciación o de una alucinación. Y por supuesto, alrededor del mito, también surgen los charlatanes que aprovechan para hacer jugosos negocios.”

Lo interesante es que -acertado o no- Shahen Hacyan reflexiona sobre el fenómeno ovni, su origen, su evolución y sus posibles causas: “...algunas ideas del fundador del psicoanálisis podrían extenderse al fenómeno moderno de los ovnis. Según Freud, el niño pasa por un período de indefensión ante sus padres y, en general, ante el mundo que lo rodea y que le resulta incomprensible. Después, adulto, el hombre transforma en su imaginación las fuerzas de la naturaleza en seres humanos, pero además ‘...las reviste de un carácter paternal y las convierte en dioses, conforme al prototipo infantil...’. Así, no es casual que en todas las religiones los dioses tengan características paternales; son a la vez protectores y represores. Siguiendo estas ideas, podemos advertir que el hombre moderno también vive desde su infancia en un mundo que le resulta incomprensible, con todos los adelantos tecnológicos de los adultos. El niño ve cómo sus padres manejan automóviles, aparatos electrónicos y todo tipo de máquinas que, si bien fueron construidos por otros seres humanos, le resultan tan misteriosos como cualquier otro fenómeno natural. De adulto, entonces, el individuo tratará de recrear esa experiencia infantil imaginando seres espaciales poseedores de una tecnología sobrehumana, tal como nuestros antepasados crearon la ilusión de los dioses para mitigar su desasosiego ante las fuerzas de la naturaleza.”

Son este tipo de reflexiones las que hacen que el libro de Hacyan resulte atractivo para los interesados en el fenómeno ovni.

En los dos volúmenes de Cuando la Ciencia nos Alcance, Shahen Hacyan no sólo se ocupa de los milagros, los ovnis y la astrología. La historia secreta de la bomba atómica, los misterios de la mecánica cuántica, las supercuerdas, el viaje a las estrellas, y la enseñanza de la ciencia, son temas que también expone.

viernes, noviembre 18, 2005

El poder del pensamiento correcto


Hay quienes erróneamente consideran que los libros de superación personal no son más que productos chatarra. Estas personas se encuentran muy lejos de poder apreciar el tesoro que se encuentra en esas obras.

¿Quién no ha tenido un mal pensamiento en algún momento de su vida? ¿Quién no se ha atrevido a cuestionar por algunos segundos la existencia del Todopoderoso? ¿Quién no se ha detenido a observar por más de tres segundos alguna revista indecorosa? ¿Quién no ha jugado a imaginar que participa en uno de esos bailes eróticos tan de moda entre ciertos sectores de la juventud?

Los pensamientos incorrectos o indecentes pueden producir mucho sufrimiento, quienes los hemos experimentado lo sabemos. Sí, yo también los he tenido; no se espante el lector, no es motivo de vergüenza el reconocer nuestras flaquezas. La diferencia entre quienes viven sumidos en la inmoralidad y quienes procedemos rectamente no consiste en que los primeros tengan pensamientos sucios y los segundos no, sino en la forma en que tratamos esos pensamientos. Los árbitros de la moral no nos permitimos jugar con las ideas lascivas, obscenas o pecaminosas; apartamos esas ideas lo más pronto posible, no nos permitimos fantasear con ellas.

“¿Y cómo podemos quitar de nuestra mente esas molestas visitas inesperadas?” se preguntara el lector. He aquí mi respuesta: lea la mayor cantidad posible de “reflexiones de vida” y piense en ellas cada vez que en su mente entré una de esas fastidiosas e inoportunas imágenes.

Soy generoso, y es por ello que compartiré con mis hermanos (aquellos que están leyendo estas líneas) algunas de esas reflexiones de vida; la de hoy fue escrita por Philip K. Dick, maestro del sano pensamiento y del sano entendimiento (no podía ser de otro modo pues escribía ciencia ficción), aparece en Valis.

Cada vez que su mente se encuentre fabricando un mal pensamiento, tenga presente las siguientes palabras (memorícelas si desea mejores resultados, o llévelas escritas en una pequeña tarjeta para que pueda releerlas cuando lo considere oportuno), imagine lo que el autor describe, guarde el mensaje en su corazón y pronto descubrirá el poder del pensamiento correcto.

Me recuerda a una muchacha que estaba muriéndose de cáncer. Fui a verla al hospital y no la reconocí; sentada en la cama, parecía un hombrecito lampiño. La quimioterapia había hecho que se hinchara como una uva inmensa. El cáncer y el tratamiento a que había sido sometida la habían dejado virtualmente ciega, casi sorda. Sufría continuos ataques y cuando me incliné sobre ella para preguntarle cómo se sentía, me contestó cuando pudo comprender mi pregunta:

-Siento que Dios me está curando.

Tenía vocación religiosa y proyectaba entrar en alguna orden. Sobre la mesita de metal que había junto a su cama alguien le había dejado un rosario. En mi opinión un letrero que dijera QUE DIOS SE VAYA A LA MIERDA habría sido más adecuado. El rosario no lo era en absoluto.

lunes, noviembre 14, 2005

MENSAJEROS DEL ENGAÑO
(Primera parte)




Los hombres, esos insectos, habían tenido la osadía de evolucionar,
de aprender a pensar y aquello era algo que molestaba
profundamente a los dioses.
Habría que reducirlos mediante el látigo, el miedo y la oración...
se empezaría por el camino de la religión:
“En el nombre de Dios, el compasivo, el misericordioso...”
El enviado, Héctor Chavarría.



No sabía bien a bien si lo que le perseguía era buena o mala suerte.

Muchos sacerdotes tienen durante toda su vida una fe inamovible, a otros la duda les ronda la cabeza pero siempre encuentran la forma de apretarse los güevos e ignorarla, otros más a pesar de estar convencidos de que todas las religiones, incluyendo la propia, no son más que mitos, leyendas y falsedades, continúan en ella por los beneficios que les da. Sí, cómo no, ¿no te acuerdas del tipo que fue abad de la Basílica de Guadalupe?, ése que salió con que siempre no, que las apariciones no eran más que puro cuento, y no me digas que es el único porque te aseguro que pecarías de ingenuo... Pero él no era de éstos, para nada. Él tenía las pruebas de que su religión era la verdadera, “la neta del planeta”. Por lo menos eso pensaba...

Pero el asunto a veces le causaba aversión, asco. Fuera donde fuera -y vaya que había estado huyendo- le sucedían cosas que sólo podían explicarse en términos divinos. Esa era la prueba de que no estaba equivocado, si no cómo explicar todos aquellos milagros de los que había sido testigo. Al principio sintió una alegría casi infantil, tiempo después cayó en la cuenta de que aquellos milagros se manifestaban especialmente para él, a continuación se angustió al pensar que Dios le tenía preparada una misión, eso fue lo que ya no le gustó: tal vez tendría que difundir un mensaje, o peor, fundar una nueva religión, una religión que fuera verdaderamente designio divino, que no estuviera corrompida con las estúpidas interpretaciones humanas; después de todo, los milagros comenzaron justo cuando ya se rumoreaba que sería expulsado.

Pero no tenía el carácter necesario para algo así. Se vio a sí mismo como a un pequeño Moisés. Esperaba el momento en que Dios personalmente se le presentara para encargarle la gran misión y ya casi podía escucharse responder: “¡Ay Señor!, yo no soy hombre de palabras de ayer ni de anteayer, ni aun desde que tú hablas a tu siervo, porque soy tardo en el habla y torpe de lengua”. Claro que Moisés llevó a cabo su misión. Pero él no podría, él deseaba huir de toda responsabilidad. No era un pequeño Moisés, era un pequeño Jonás.

Durante 30 años, el padre Salxeido había pertenecido a la Compañía de Jesús hasta que “los jesuitas, los degenerados hijos de Iñigo de Loyola, como diría Don Miguel de Unamuno, tuvieron a bien expulsarme, ¿quién con dos dedos de frente puede soportarlos?, ya lo decía Unamuno: tratando a todos como niños, ellos se han infantilizado en el más triste sentido. Y hoy apenas hay nada más tonto que un jesuita...” comenzaba cuando alguien se atrevía a preguntarle sobre el asunto. Apenas salió a la venta La iglesia durmiente y la expulsión no se hizo esperar. Tiempo después publicó El cristianismo que agoniza, Los mitos cristianos e Interpelando a Jesús, entre otros. Algunos sacerdotes llegaron a la conclusión de que Salxeido había enloquecido debido a su insistencia en pretendidos milagros que jamás pudo comprobar. Por ello es que había desarrollado una especie de amor-odio hacia aquellas manifestaciones divinas.

En cierta ocasión el milagro había tardado en aparecer un mes, lo cual le causó un poco de temor, pero es que así somos todos; nos quejamos de personas, cosas, situaciones y circunstancias hasta convencernos de que estaríamos mejor sin ellas y cuando nos faltan ni quien nos aguante.

Así que cuando comenzó nuevamente aquello, lanzó un suspiro de alivio y se volvió a quejar de su cruz. El milagro hizo su aparición cuando estaba en la habitación que alquilaba y se masturbaba frente a la enorme cruz que le había obsequiado una anciana a la que las palabras del padrecito siempre reconfortaban. Esa misma tarde la colocó en la pared frente a su sillón favorito. Y helo ahí, masturbándose al mismo tiempo que pensaba en la primera y única vez que había tenido relaciones sexuales; su hermano y sus amigos, como regalo cuando recibió las ordenes sacerdotales, le llevaron una hermosa prostituta a la que no pudo resistirse: disfrutaba enormemente el sentimiento de culpa que el recuerdo le causaba, era su mayor regocijo (¿Será el sexo tan delicioso sin sentimientos de culpa?...).

Fue precisamente cuando estaba a punto de llegar al clímax, miró fijamente el rostro de aquella figura, sintió que el Cristo lo miraba con odio, como reprochándole el descaro de masturbarse frente a Él, frente a su dios. Pensó que estaba a punto de hablarle, de maldecirlo, de gritarle que se pudriría en el maldito infierno por no tener la fuerza suficiente para combatir el pecado de la carne... ¡Pinche rollo que traía en la cabeza!

Llegó al clímax y del Rey de los judíos manó la sangre: primero de las manos, después de los pies, del costado y al final de la corona de espinas. Se levantó de inmediato para constatar el milagro. Sí, era un auténtico milagro, una figura de Cristo que sangraba.

“A lo largo del tiempo los dioses han pedido la sangre humana como alimento, como tranquilizante -pensó- la han pedido con desesperación, con un apetito enfermizo y supongo desgastante. Se las hemos ofrecido para aplacarlos, para ganarnos su favor. Pero ¿qué hombre ha probado siquiera una gota de la sangre de los dioses? ¿Qué hombre ha tenido en sus labios tan preciado líquido? ¿Quién de entre nosotros puede decir que ha saboreado la sangre divina?”

Se arrodilló y después de tocar con el pegajoso dedo índice de su mano derecha aquella milagrosa sangre, como en el más importante y solemne de los ritos, se lo llevó a la boca y se encontró con la mayor de las vulgaridades, un líquido de consistencia y sabor asqueroso. Decepcionado y casi con ganas de reclamar por el desengaño se levantó y miró con menos respeto a la figura divina por haberle rebajado de esa manera sus expectativas. Aquel líquido se acercaba más en sabor a la vil tinta que a la sangre. ¡Bazofia!

Además, debía haber adivinado que esa sangre no sería de su agrado: ya tenía una muy buena clasificación sobre el sabor de la sangre que mana milagrosamente de las figurillas de la cohorte celestial católica. Las estatuillas de Santos y Santas manan sangre bastante insípida; la de cualquier Cristo representado en la cruz es la peor de todas, asquerosa; en cambio la sangre del Sagrado Corazón de Jesús es exquisita, deliciosa. Pero sin duda alguna su preferida era la que manaba de cualquier advocación de la Virgen María, aunque para ser sincero déjame decirte que la de la Virgen de Guadalupe mexicana -su morenita sabrosa- lo volvía loco, le encantaba, podría decirse que se había vuelto adicto a ella; por ello siempre cargaba una estatuilla de la guadalupana en su saco, a cada instante llevaba su mano al bolsillo, cuando la figurilla comenzaba a sangrar inmediatamente la llevaba a su boca y con el mayor de los placeres la recorría con su lengua.

Como ves no podía quejarse, tenía lo que tal vez ni el Papa, las pruebas irrefutables de la realidad del cristianismo; esos milagros eran evidencias claras, ya no usaba el argumento infantil de: “Mi religión es la verdadera porque mi Dios es mas chingón que el tuyo.”

Lo único que en verdad le molestaba era pensar que en cualquier momento le pedirían algo por aquellos momentos tan placenteros. “Nada es gratis, Salxeido... nada es gratis... mientras no me manden estigmas todo está bien...”

A veces tenía la idea de que era él y no Dios quien producía los milagros, entonces el temor disminuía mientras su ego se inflaba... Tenía la esperanza de que con el tiempo los milagros se hicieran cada vez más sorprendentes: en alguna ocasión había intentado curar a un leproso, también había intentado devolverle la vista a un ciego, hasta se había esforzado en resucitar muertos, pero nada, ni una pinche gripita podía curar; sus milagros no pasaban de hacer sangrar Cristos, hacer llorar Vírgenes o Santos, o de aparecer la figura de la Virgen en los lugares más inverosímiles: baños públicos, tamaleras... con contarte que un día, mientras esperaba a su hermano en la estación Hidalgo del metro... bueno, ya te habrás enterado, y si no, ya te imaginarás... Milagros de segunda, pensaba con cierto desdén. La única vez en que pensó que los milagros chingones habían llegado fue cuando uno de los monaguillos que había estado escuchando por semanas lo de los supuestos milagros, le cambió un cáliz con agua por uno con vino; “¡Ay, güey!, ¡ora sí!, ¡Un milagro fregón!”, las carcajadas del niño lo delataron, fue la única vez que le levantó la mano a un menor. La cara se le caía de vergüenza cada vez que miraba el rostro burlón del bromista, al que había hecho prometer no contar nada a nadie, pero que seguramente todos los niños del barrio -y posiblemente los padres de los niños- lo supieron de inmediato...

Lo peor fue cuando lo confirmó:

-Padre... me acuso de haber pensado que usted es un pendejo...

jueves, noviembre 10, 2005

Wittgenstein y el psicoanálisis




La imagen de que la gente tiene pensamientos
inconscientes posee encanto. La idea de un submundo,
de un sótano secreto. Algo escondido, misterioso...
Estamos dispuestos a creer
un montón de cosas porque son misteriosas.

Piensa en lo enigmático de un sueño.
Un enigma así no tiene por qué tener una solución.
Nos intriga. Sucede como si aquí hubiese un enigma.
Esto podría ser una reacción primitiva

Ludwig Wittgenstein


Esta entrada no tiene como objetivo hacer una valoración del psicoanálisis sino profundizar un poco más en el pensamiento de Ludwig Wittgenstein.

Wittgenstein no se mostró de acuerdo cuando le comentaron que su filosofía era una especie de psicoanálisis. De hecho, consideraba que era importante combatirlo; pero esta opinión no significa que no reconociera el talento de Freud:

“Yo también quedé muy impresionado la primera vez que leí a Freud. Es extraordinario. Desde luego que está lleno de pensamientos cuestionables y que su encanto y el encanto del tema es tan grande que te puede engañar con facilidad (...) Freud tiene razones muy inteligentes para decir lo que dice, gran imaginación y prejuicios colosales, prejuicios con los que es posible engañar a la gente. Freud escribe extraordinariamente y es un placer leerlo, pero nunca es grande en su escritura”.

Y al ser talentoso, Freud logra fantásticas seudoexplicaciones. Freud ha prestado un mal servicio porque sus pretendidas explicaciones son ingeniosas.

El filósofo-místico, por un lado, encuentra criticables las pretensiones de cientificidad del psicoanálisis, por otro, piensa que es tan falso como atractivo:

“Tomemos la idea de Freud de que la ansiedad es siempre de algún modo una repetición de la ansiedad que sentimos en el nacimiento. Él no afirma esto aportando pruebas: no podría. Pero es una idea que posee una atracción considerable. Posee la atracción de las explicaciones mitológicas, que dicen que todo esto es una repetición de algo que ha sucedido antes. Y cuando la gente acepta o adopta esto, ciertas cosas le parecen mucho más claras y fáciles. Así sucede también con la noción de inconsciente... Freud reivindica constantemente su condición de científico. Pero lo que ofrece es especulación, algo previo incluso a la formación de hipótesis.”

Después de repasar La interpretación de los sueños de Freud, Ludwig siente que debe combatirse todo ese modo de pensar:

“Freud se refiere a varios mitos antiguos y pretende que sus investigaciones han explicado ahora cómo sucedió que alguien pensara o propusiera un mito de esa clase. Pero en realidad Freud ha hecho algo diferente. No ha dado una explicación científica del mito antiguo. Lo que ha hecho es proponer un nuevo mito.”

¿Qué puede lograrse con el psicoanálisis? “Psicoanalizarse es algo parecido a comer del árbol de la ciencia. El conocimiento que se consigue con ello nos plantea (nuevos) problemas éticos, pero no contribuye con nada a su solución.”

Recomendaba no abandonar el pensamiento crítico:

“Es probable que el análisis cause daño. Porque, aunque se puedan descubrir en su transcurso diversas cosas sobre uno mismo, hay que mantener una actitud crítica muy fuerte, aguda y persistente para reconocer y ver más allá de la mitología que se nos ofrece e impone. Hay algo que nos induce a decir: ‘Sí, por supuesto, eso tiene que ser así’. Una mitología poderosa... Si el psicoanálisis les lleva a decir que realmente piensan esto y esto o que realmente su motivo fue así y así, ello no es asunto de descubrimiento sino de persuasión. De otro modo diferente podrían haber sido persuadidos de algo diferente. Por supuesto, si el psicoanálisis cura su tartamudeo, lo cura y es un logro. Uno piensa que determinados resultados del psicoanálisis son un descubrimiento hecho por Freud e independientes de lo que el psicoanalista pueda persuadir a uno, y lo que yo quiero decir es que ése no es el caso.”

Para Wittgenstein las ideas del psicoanálisis sólo pueden aprovecharse cuando se les ve críticamente, es el único camino para aprender algo. Lo malo –agregaba el filósofo- es que los mismos practicantes del psicoanálisis impiden la crítica.


Bibliografía

Wittgenstein, Ludwig. “Lecciones y conversaciones sobre estética, psicología y creencia religiosa”. Ediciones Paidós. Barcelona.

martes, noviembre 08, 2005

¿Pseudociencia inocua?


Escucha México es un programa radiofónico que se transmite todos los días en punto de las ocho de la noche por Radio 13; esta emisión es conducida por Andrés Roemer y Jorge Riquelme. Hace unos días recibí una invitación para participar en éste, los responsables del programa deseaban platicar acerca de las pseudociencias y del documental What The Bleep Do We Know?

El día de ayer se llevó a cabo dicho programa y tuve el placer de compartir micrófonos con Mario Méndez Acosta, por quien siento una gran admiración; Martín Bonfil, divulgador de la ciencia que dedica parte de su tiempo a examinar la pseudociencia; y con mi amigo Luis Ruiz Noguez, quien en México es el escéptico con mayor conocimiento sobre el llamado fenómeno ovni.

En "What The Bleep Do We Know?" se recurre a la mecánica cuántica para justificar los fenómenos paranormales, Mario explicó lo erróneo de esta pretensión. Uno de los milagros que aparecen en la cinta, y que supuestamente ha sido confirmado científicamente, es el “efecto Maharishi”. Éste consiste en que si la “meditación trascendental” es practicada por el 1% de la población de cualquier ciudad, se reducirá la inseguridad, es decir, habrá menos asaltos, violaciones y asesinatos. Los seguidores de la MT aseguran que todos los experimentos realizados han confirmado el efecto Maharishi. La verdad es que esto no es así. Quienes estén interesados en profundizar en este tema pueden consultar Fraudes paranormales de James Randi, obra publicada en Editorial Tikal, y Ciencia o Vudú, de Robert L. Park, de Editorial Grijalbo. En la cinta no se mencionan otros milagros que aseguran poder realizar los seguidores del Maharishi: la levitación, la invisibilidad, la invulnerabilidad y la teletransportación. Sobre la invulnerabilidad James Randi afirma que es fácil conseguir el equipo para ponerla a prueba: un bate de baseball.

Durante el programa se reflexionó acerca del peligro que representan las pseudociencias. Comenté que a mi parecer las pseudociencias nunca son inocuas; los pseudocientíficos, entre otras cosas, quieren nuestro dinero y tener poder sobre nosotros. Ante la insistencia del conductor, aclaré que cada persona tiene derecho a creer en lo que quiera, pero también tiene derecho a contar con información científica u objetiva sobre los temas que le interesan. El hecho de que algunas afirmaciones pseudocientíficas parezcan divertidas no debe hacernos perder de vista que también son peligrosas.

Los peligros de la pseudociencia son de varios tipos, veamos un ejemplo: supongamos que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México se involucra en cuestiones como la meditación trascendental, y que entonces llegara a la conclusión de que la mejor forma de enfrentar los problemas que aquejan a nuestra ciudad es enseñando a meditar a la población. ¿Haciendo tal cosa se podría resolver el problema de la inseguridad o el desempleo? No. Al final sólo habremos desperdiciado recursos humanos y económicos, además de tiempo. Así, la pseudociencia nos impedirá resolver nuestros problemas.

Por otro lado, los charlatanes generalmente buscan a las personas más débiles o vulnerables. Está de moda que astrólogos y lectores del Tarot anuncien por televisión sus “líneas psíquicas”, ¿a quiénes van dirigidos estos comerciales? A personas con problemas económicos o de salud, personas que pasan por crisis familiares, etc. Estos personajes serán incapaces de ofrecer una ayuda real, pero sí obtendrán beneficios económicos.

En resumen: creo que las pseudociencias son siempre dañinas en menor o mayor grado. Podrán ocasionalmente parecer divertidas pero si creemos en ellas siempre saldremos perdiendo algo.

lunes, noviembre 07, 2005

Falsas medicinas


En Automedicación y medicinas alternativas el periodista Mario Méndez Acosta ofrece el antídoto contra la pseudomedicina que nos rodea.

Resulta casi imposible encontrar en las librerías información seria acerca de las llamadas terapias y medicinas alternativas. Hasta en los medios de comunicación más serios y que presumen de ofrecer a su público la información de mayor calidad, se difunden algunas
pseudomedicinas.

Es en verdad difícil que en algún programa de debate se presente el punto de vista de la verdadera medicina; los homeópatas, acupunturistas, iridólogos, quiroprácticos y los vendedores de la más variada cháchara curalotodo tienen campo libre para promover sus mentiras sin que nadie se les enfrente. El público mexicano se encuentra totalmente desprotegido ante las afirmaciones de los charlatanes de la salud. Pareciera que los médicos y los divulgadores de la ciencia no estuvieran preocupados por desmentir a los falsos médicos.

Afortunadamente existen algunos escépticos profesionales dispuestos a dar al público las herramientas necesarias para enfrentar los embates de los bebedores de pipi, o de quienes aseguran que los gérmenes no causan enfermedades, entre otros disparates.

Mario Méndez Acosta estudió ingeniería civil en la UNAM, por muchos años se ha dedicado a la divulgación de la ciencia y es presidente de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica (SOMIE).

A través de las páginas de su obra analiza falsas medicinas como la homeopatía, el naturismo, la orinoterapia, las flores de Bach, la quiropráctica, la acupuntura, la iridología... ¿Qué tan efectivas resultan las anteriores terapias? Méndez Acosta nos proporciona una respuesta seria, una respuesta que se basa en la evidencia científica y no en evidencias anecdóticas, prejuicios o creencias preconcebidas.

El presidente de la SOMIE lanza al lector la pregunta: ¿Daña la medicina? Nos comenta entre otras cosas: "En gran parte se ha perdido la noción del verdadero impacto que ha tenido la medicina científica en nuestra vida cotidiana. Lo más importante sin duda es la desaparición del espectro de la muerte temprana de algún familiar en la mayoría de los hogares. Muchos de los que vivieron su niñez antes de 1940 recuerdan que el fallecimiento prematuro de hermanos y hermanas era algo común (...) La muerte era la constante en todas las familias, y ahora ya casi no ocurre eso. La medicina científica ha alterado radicalmente nuestras vidas. La mayoría llevamos la cicatriz de la vacuna contra la viruela -los hombres en el brazo, las mujeres en la pierna-, una enfermedad que ha sido erradicada por completo, como también ha ocurrido con la poliomielitis (...) No obstante, este impacto no es apreciado. Algunos charlatanes, como uno que se hace llamar Shaya Michán, aseguran que la medicina moderna causa daños. Horas y horas repiten este embuste por la radio y la gente se lo cree. Se pondera la supuesta sabiduría médica tradicional de Oriente y de otros lugares, sin tomar en cuenta que los indicadores demográficos de salud de esos países, antes de la llegada de la medicina occidental, eran desastrosos. La esperanza de vida en China y en la India era, en la primera mitad de este siglo, de menos de 50 años. A pesar de ello, miles de personas juran que la medicina ayurvédica, por dar un ejemplo, es la clave para una salud a toda prueba y les pagan verdaderas fortunas a charlatanes internacionales, como el indostano Deepak Chopra. Lo importante de la medicina científica es que permitió conocer las causas de la enfermedad. No se trata de una simple opinión más; no es una escuela de pensamiento entre muchas otras, o una visión mística inspirada de un individuo que vivió hace cientos de años. Se trata de una descripción verificable de los hechos que rodean a la pérdida y la recuperación de la salud. Costó trabajo entender qué es lo que quebranta la salud humana, y para ello tuvo que intervenir el descubrimiento del método científico."

No se puede tolerar a los charlatanes de la salud. Todo el mundo tiene derecho a creer en lo que quiera, pero también tiene derecho a tener acceso a información seria, veraz y científica.

La charlatanería abunda, por cada ciencia existe -al menos- una pseudociencia. Pero en el campo médico es donde mayor daño hacen las creencias supersticiosas y la irracionalidad, ya que ponen en peligro nuestra salud y, en muchos casos, nuestras vidas.

Muchas pseudomedicinas quedaron fuera, muchos remedios populares deben también ser analizados; y es por ello que esperamos que en el futuro podamos encontrar información seria al respecto.

Por lo pronto dejemos que Mario Méndez Acosta denuncie el fraude y nos informe de lo que hay detrás de las pseudomedicinas en su libro "Automedicación y medicinas alternativas" de la colección Viaje al Centro de la Ciencia de ADN Editores y CONACULTA.