miércoles, diciembre 16, 2009

En febrero de 1997 Revista de revistas publicó un número dedicado a Los que se hablan con las estrellas: Carl Sagan y Marcello Mastroianni.

Aparecieron diez artículos sobre Sagan; participaron, entre otros, Rafael Fernández, Mario Méndez Acosta y Ricardo Guzmán Wolffer.

El presidente de la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica amablemente nos comparte el texto con el que colaboró.


El camino de Sagan
Mario Méndez Acosta

La convicción de que el ser humano, y sobre todo el ciudadano común y corriente deben estar informados de todo lo referente a los hallazgos científicos sobre el universo que nos rodea, constituyó la idea esencial que impulsó todo el trabajo de divulgación de Carl Sagan. El astrónomo brooklyniano, recién fallecido, concebía al conocimiento como una especie de riqueza que debía repartirse equitativamente entre todos los humanos.

Pero Sagan también le tenía asignada a nuestra especie un papel mucho más importante que la de ser un agente pasivo o una simple espectadora en la evolución y desarrollo del cosmos: consideraba que también ella, así como todas las formas de vida que pueda haber en el universo, estaban destinadas a convertirse en un factor activo muy importante en su eventual destino. También consideraba urgente que la humanidad se fuera haciendo a esa idea lo más pronto posible, y que esta convicción guiase la visión del mundo de todas las generaciones venideras, pero sobre todo, la de la juventud actual.

Dicha visión incluye desde luego adoptar la idea básica de que toda la especie humana constituye un único grupo indivisible; un solo bando ante cualquier controversia o problema de nivel planetario. Sagan reconocía que las diferencias políticas, ideológicas y religiosas entre los distintos sectores de la humanidad tenían que ser totalmente accidentales, temporales e intrascendentes ante el papel futuro de la especie y que, por lo tanto, había que combatir toda tendencia que surja y que distraiga a la humanidad de esa misión cósmica, que la ponga en peligro de extinguirse por culpa de conflictos tribales, o que la haga retornar a alguna especie de nueva edad media, que implique el olvido de la ciencia y la tecnología.


Una de las cosas sobre la que le gustaba especular era acerca de lo que hubiera ocurrido si no se hubiese interrumpido el surgimiento de la ciencia en la época de la Grecia clásica, y sobre todo, si la misma se hubiese acompañado de un desarrollo tecnológico el cual nunca dejó de ser incipiente. Sagan estaba seguro de que, de no haberse apagado este destello de sabiduría gracias al surgimiento del idealismo platónico, hoy ya surcaríamos el espacio con rumbo a las estrellas.

El interés sobre el papel del ser humano en el cosmos se reflejaba también en su deseo de comprender cabalmente el surgimiento de nuestra especie, y de la vida en particular, así como conocer cómo ocurrió la evolución de nuestro cerebro y la aparición de la autoconciencia. Completaba este esquema el interés de Sagan por tratar de investigar sobre la existencia de vida extraterrestre, y sobre todo de civilizaciones tecnológicamente avanzadas. Tal vez en un futuro muy remoto sea por esta faceta de su trabajo por la que más se le recuerde.

Gracias a Sagan, y sobre todo a su prestigio y apoyo, se han llevado a cabo los programas de búsqueda intensiva de señales radiales de vida inteligente desde el espacio. Tales investigaciones son a veces tachadas de no científicas, o de ser un desperdicio de dinero por parte de legisladores estadunidenses que tienen que apoyar los presupuestos de la NASA; pero no se necesita mucha perspicacia para darse cuenta de que el hallazgo de evidencia incontrastable de la existencia de al menos otra civilización implicaría un impacto histórico notable para nuestra tribalizada sociedad global.

La tarea científica de Carl Sagan se centró en la investigación de los planetas de nuestro sistema solar, y fue él el cerebro detrás del ambicioso programa de exploración planetaria que aun hoy lleva adelante la NASA. No es ningún misterio que uno de los objetivos de cada una de las misiones no tripuladas que se han lanzado es investigar si existen, en cada planeta o luna, las condiciones para que surja ahí la vida.

Por lo anterior, Carl Sagan resulta muy distinto a todos los demás divulgadores de la ciencia –sean ellos científicos o no-. Sagan en realidad tenía un gran proyecto o designio profesional, y poseía los conocimientos y hasta el poder personal para llevarlo a cabo e impulsarlo en forma realista. Sagan intentaba que el hombre iniciase cuanto antes el camino hacia las estrellas y consideraba que la historia futura tendría lugar esencialmente en las profundidades del espacio exterior.

El especial humanismo de Sagan era de tal vigor que consideraba suficiente esta misión de nuestra especie como para hacer que valiese la pena nuestra aparición en el planeta, y para que cada miembro de la misma hallase una justificación de su misma existencia.

Sagan era un gran comunicador y escritor, y estaba en posibilidad de transmitir ese sentimiento a sus lectores o televidentes. Demostraba así que el conocimiento real, la emoción del hallazgo y el pasmo ante la comprensión real de los misterios más profundos del cosmos, podían satisfacer con creces esa necesidad de trascendencia que tienen los seres humanos. Es claro que para muchos de los que seguimos con detenimiento y expectación a lo largo de su carrera tal oferta sí se cumplía.

En ese sentido será difícil encontrar a alguien que se convierta en su sucesor auténtico. Existen multitud de jóvenes científicos, amantes de hacer la divulgación bien escrita de sus búsquedas, y quizá de entre ellos aparezca pronto alguien con tanta visión histórica y social.

Sagan comprendía muy bien cómo nuestros instintos básicos, que incluyen el de la territorialidad y la agresión, pueden echar a pique la labor que le asignaba a nuestra especie. Aun entre científicos de su talla dichas tendencias controlan su visión de la vida. Sagan debatió contra Edward Teller, físico insigne, quien aseguraba, a principios de los ochenta, que valía la pena lanzarse a una guerra atómica contra la URRSS, ya que, según él, dicho conflicto se podía ganar sin causarle daños serios al planeta.

El último libro de Sagan fue una advertencia en contra del retorno a la barbarie y a la superstición paralizante. En un mundo asolado por demonios, advierte de la fragilidad de la ciencia, a la que compara con un candil en la más negra oscuridad. Las fuerzas de la sinrazón, ciegas y estúpidas, como los monstruos primigenios de H.P. Lovecraft, siguen esperando un descuido para sumirnos de nuevo en la oscura caverna de la ignorancia y de una segura extinción. El camino de Sagan, por el contrario, va hacia las estrellas... La cuestión es: ¿Podremos seguirlo?

lunes, diciembre 14, 2009

Revisando el blog de Andrés Tonini, me encontré con la siguiente imágen:


El autor del blog proyecto sandía explica:

Una neumonía impidió que Sagan continuara su lucha personal contra las mentiras y la ignorancia el 20 de diciembre de 1996. Por eso me parece importante que continuemos esa lucha, y todos aquellos que seamos autores de algún blog, o cualquier otro medio de divulgación, dediquemos cada 20 de diciembre una artículo que hable sobre este tema. Puede llamarse "Día del Escepticismo" o "Día mundial contra el avance de las Pseudociencias". Sería muy interesante inundar la blogósfera por un día con artículos sobre: qué es el escepticismo, qué son las pseudociencias, cuáles son las consecuencias de una sociedad crédula, qué disciplinas se basan en engaños y malinterpretaciones del método científico, qué es y cómo funciona el método científico

La idea me parece muy buena, así que hoy comienzo a subir entradas sobre Sagan. Después de todo, si estoy en esto del "escepticismo militante", en parte se debe a él. Ann Druyan dice que muchas personas le escribieron cartas en las que lloraban la pérdida de Sagan: “Algunas afirman que el ejemplo de Carl las indujo a trabajar por la ciencia y la razón contra las fuerzas de la superstición y el integrismo. Esos pensamientos me consuelan y alivian mi angustia. Me permiten sentir, sin recurrir a lo sobrenatural, que Carl aún vive.”


Un ejercicio de autocrítica


La llama de la vela parpadea.
Tiembla su pequeña fuente de luz.
Aumenta la oscuridad.
Los demonios empiezan a agitarse.


El autor del blog En la fraternidad de babel escribió lo siguiente acerca del escritor de ciencia ficción Thomas M. Disch:

Los ateos (él lo era) no podemos recurrir al consuelo de la oración, pero existen muchas formas de rezar. A fin de cuentas, leer no es más que pensar los pensamientos de otra persona, de forma que cuando leemos el texto de un autor fallecido estamos resucitando una parte de su mente. Yo rezaré por Thomas Disch releyendo alguno de sus libros; Campo de concentración o, quizá, 334 (...) Os sugiero, amigos míos, que también recéis por él leyéndole (...) Sea como sea, leedle; no por él, sino por vosotros.

Las líneas dedicadas a Disch, las aplico al autor de Los dragones del Edén.

Existen muchas formas de rezar. Sagan vive en sus obras. Leámoslo no por él, sino por nosotros.

Mi hermana me regaló El mundo y sus demonios. Sagan, en el prefacio, cuenta una anécdota de su niñez. El niño aseguraba ser capaz de ver algo (unas pequeñas figuras humanas peleando en el horizonte lejano). Su madre negaba contundentemente que tal cosa fuera posible.

Escribió Sagan: “¿Cómo podía saber ella si yo los veía o no?, me pregunté (...) Pero quizá tuviera razón. Quizá se trataba sólo de mi imaginación; como los monstruos de medianoche que, en ocasiones, todavía me despiertan de un sueño profundo, con el pijama empapándome en sudor y el corazón palpitante.”

Ciencia y pseudociencia. ¿Cómo podemos distinguir entre lo que es real y lo que simplemente imaginamos o deseamos? Autocrítica. No hay tal ejercicio en la pseudociencia. Al respecto el autor de El cerebro de Broca escribió: “La pseudociencia es más fácil de inventar que la ciencia, porque hay una mayor disposición a evitar confrontaciones perturbadoras con la realidad que no permiten controlar el resultado de la comparación. Los niveles de argumentación, lo que pasa por pruebas, son mucho más relajados.”

Practiquemos la autocrítica. Examinemos cuidadosamente nuestras creencias. ¿Qué tan buenos son los argumentos a favor de la vida después de la muerte, la reencarnación o la homeopatía?, ¿qué pruebas hay a favor de estos temas?, ¿hay evidencia suficiente?

Otras entradas sobre el astrónomo:

Sagan: Dios y la vida después de la muerte
En Lo sagrado en la ciencia ficción escribí sobre su novela Contacto.

miércoles, noviembre 11, 2009

Ciencia ficción y diversidad sexual

El pasado viernes seis de noviembre estuve en Divergencias, un programa de diversidad sexual que conduce Gabriel Gutiérrez García. Lo pueden escuchar los viernes a las seis de la tarde en la siguiente dirección: http://www.eradio.com.mx/

El video del programa en el que participé se puede ver aquí. La entrevista que me hizo Gabriel comienza más o menos por el minuto 70.

Al día siguiente participé en el evento 24 horas de ciencia ficción, lo organizó Eric Ángeles en el Faro de Indios Verdes. Eric dirige la revista Migala (misma de la que escribiré en una próxima entrada, ya que en ella recientemente se abordó el tema de la ciencia ficción mexicana). Compartí mesa con Irving Roffe y mi amigo Héctor Chavarría.


De derecha a izquierda Irving Roffe, Héctor Chavarría y Martín Fragoso


Roffe habló de las dificultades que encuentran los escritores mexicanos de ciencia ficción para publicar su obra. Chavarría nos platicó de los extraterrestres en la ciencia ficción. Yo abordé el tema de la diversidad sexual en la cf y la literatura de terror.


Yo echando un choro sobre El tapiz del unicornio de Suzy McKee Charnas


Héctor comentando algunas anécdotas de cuando conoció al "padre de la ufología científica", al "Galileo de la investigación de los OVNIs": J. Allen Hynek


Héctor hablando del autor de El horror de Dunwich

sábado, octubre 31, 2009

Escepticismo desde México


Jorge Armando Romo es estudiante de la carrera de biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM, le interesa la ciencia ficción y la divulgación de la ciencia y el pensamiento crítico. Ahora se encuentra dirigiendo el boletín "Razonando". En el consejo editorial se encuentran Lalo Márquez, Roberto Aguirre, Mauricio Anjáraz y José Luis Aguilar.

Los responsables del boletín consideran que en México las voces escépticas necesitan un espacio para expresarse. En el primer número encontramos noticias, frases escépticas y artículos de Mario Méndez Acosta, Miguel Alcubierre, Lalo Márquez y Sergio de Régules (también hay un texto de mi autoría). En este número pueden leerse reflexiones interesantes acerca de la vida extraterrestre.

El boletín puede descargarse en la siguiente dirección:

http://www.razonando.com/

miércoles, octubre 28, 2009

24 horas de ciencia ficción en el Faro de Indios Verdes


Habrá música, conferencias, presentaciones de proyectos y películas. Yo participaré con la conferencia Diversidad sexual en la ciencia ficción.

El programa es el siguiente:

7 de noviembre

12:00pm Apertura del evento con los colectivos: Editorial Raíz y tumba, Goliardos, Isa Tita, Los hipersensibles, Editorial Magón, Revista Síncope, Balam Studio, Cofradía de coyotes y otros dos por confirmar. DJ Mastha Yu de música ambiental.

2:00pm Ninfa
3:00pm Les Westlich
4:00 pm Banda sorpresa

5:00 pm Conferencias

Martín Fragoso “Diversidad sexual en la ciencia ficción”
Ricardo Guzmán Wolffer “Presentación del libro : La saga de la V voladora y Lecturas”
Héctor Chavarría “Los ET y la ciencia ficción”
Irving Roffé “El conflicto de la ciencia ficción en el ambiente editorial”
H. Pascal “Proyecto de Narrativa Fantástica y Poesía del Centro Cultural José Martí”
Si sobra tiempo, algunos colectivos hablarán de sus proyectos.

8:00 pm Le voyage dans la lune
8:30 pm Metrópolis
10: 30 pm Cuando el destino nos alcance (Se cierran las puertas del FARO y se permitirá únicamente la salida)

Domingo 8 de noviembre

12:30 am Blade runner
2:30 am 12 Monos
4:30 am Eternos resplandor de una mente sin recuerdos
6:30 am Los niños del hombre
8:30 am Inteligencia Artificial (si todavía hay gente o para el público más joven)

Entre las películas proyectaremos cortometrajes de Animatrix con una duración de 5 mins cada uno aprox.)

domingo, octubre 25, 2009

He tenido poco tiempo para actualizar mi blog, pero por ahora subo algunos grafittis con temática religiosa. Éstos también se encuentran a las afueras de la estación del metro Escuadrón 201 (línea 8, Garibaldi-Constitución de 1917).







sábado, septiembre 26, 2009

Génesis

En el libro Del espejo a las herramientas. Ensayos sobre el pensamiento de Wittgenstein (Universidad Nacional de Colombia, Pontificia Universidad Javeriana y Siglo del Hombre Editores, 2003) encontramos 14 ensayos sobre la filosofía del autor del Tractatus Logico Philosophicus.

El primero de ellos se titula “El Tractatus de Wittgenstein como obra de iniciación al silencio” y fue escrito por Paulo Roberto Margutti Pinto, profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil.

El autor del ensayo considera que quienes leen y comprenden el Tractatus además de poder juzgar cuáles son los límites del lenguaje, también ven transformada radicalmente su actitud en la vida.

Comienza su ensayo explicando dos sentidos de la palabra iniciación: 1. Una introducción al conocimiento de cosas misteriosas o desconocidas. 2. Ritual preparatorio para introducir a alguien a los misterios de una religión o doctrina.

En la iniciación como ritual hay dos procesos que se complementan: la muerte de la persona iniciada, “que deja de ser lo que era, a través de una experiencia traumática”, y el renacimiento, mediante el cual, la persona iniciada “se convierte en alguien diferente y mejor.”

Margutti Pinto interpreta el Tractatus como una obra de iniciación; de tal forma que la muerte y el renacimiento se dan en la lógica y la ética. Gracias a esta iniciación se encuentra el sentido de la vida, específicamente el enigma de la vida en el mundo se resuelve gracias al misticismo. ¿Qué es este misticismo? Se puede dar respuesta de distintas formas, una de ellas es: La contemplación silenciosa de aquello que no puede decirse pero sí mostrarse.

Margutti explica lo que Wittgenstein escribió acerca de la lógica y el lenguaje, las consideraciones del filósofo austriaco sobre la ética y el misticismo, y la forma en que convergen la ética y la lógica para proporcionar una experiencia de iniciación.

Pero antes de desarrollar los temas mencionados, Margutti explica qué ideas influyeron en Wittgenstein, qué conceptos tenía en mente el filósofo-místico cuando comenzó su trabajo filosófico; en otras palabras, Margutti reconstruye la atmósfera intelectual y la problemática que motivaron el Tractatus. Es sólo de esta parte de la que escribo en esta entrada (dejo por ahora de lado las consideraciones sobre el Tractatus como obra de iniciación al silencio o –lo que es lo mismo- como obra que muestra cuál es el sentido de la vida).

Las ideas que estaban en la mente de Wittgenstein provenían de tres fuentes:

Las inquietudes místicas de Wittgenstein tienen su origen en James, Tolstoi, Shopenhauer y Weininger; su preocupación por cuestiones de lógica y ciencias naturales vienen de Hertz, Boltzmann, Frege y Russell; y su interés por los límites del lenguaje de Mauthner.
Ahora veamos más detalladamente las ideas de estas tres fuentes:


Ética, religión y misticismo

James, Tolstoi, Shopenhauer y Weininger ponían “énfasis en el misticismo como la experiencia humana más significativa. Las ideas de estos autores convergen en el sentido de asumir la existencia de la experiencia mística, que consiste en la contemplación beatífica de una realidad más elevada, que sólo puede ser obtenida a partir de una revolución personal. En Weininger, esta revolución surge como una exigencia interior, como un imperativo categórico que debe ser satisfecho por todo aquel que quiera merecer seguir viviendo.”

Wittgenstein llegó a plantearse el asunto de la siguiente forma: genio o muerte. En palabras de Ray Monk: “La opción que ofrece la teoría de Weininger es ciertamente desoladora y terrible: genio o muerte (...) Los recurrentes pensamientos de Wittgenstein en torno al suicidio, entre 1903 y 1912, y el hecho de que estos pensamientos sólo amainaran tras el reconocimiento de su genio por parte de Russell, sugieren que él aceptó este imperativo con toda su terrorífica severidad.”

El cristianismo tolstoiano también influyó en Wittgenstein. Durante su participación como soldado durante la Primera Guerra Mundial, el filósofo-místico leyó los comentarios de Tolstoi a los Evangelios.

Wittgenstein hace una interpretación shopenhaueriana del cristianismo tolstoiano, al mismo tiempo que posee una moral basada en Weininger. Margutti explica lo anterior:

“(En el cristianismo de Tolstoi) encontramos el verdadero sentido de la vida en la contemplación beatífica del eterno presente, a través de una victoria del espíritu sobre la carne. Vemos también que este cristianismo era entendido en una perspectiva shopenhaueriana, donde el espíritu corresponde al sujeto trascendental, que se encuentra en un ámbito fuera del espacio y del tiempo, y la carne corresponde al sujeto individual o empírico, que constituye un fenómeno perteneciente al ámbito temporal. El sujeto trascendental y el mundo fenoménico son ambos manifestaciones trascendentalmente complementarias del mismo principio último de toda realidad, a saber, la voluntad. A esta perspectiva se añadía una rígida moral de tipo weiningeriano, que implica el deber interior de ser auténtico consigo mismo para encontrar el sentido de la vida. Aunque Wittgenstein creyese en estas ideas, le faltaba experimentar todavía la vivencia tolstoiana del eterno presente para convertirse en un hombre en sentido completo. Esta carencia lo dejaba existencialmente angustiado, ya que sus rígidas convicciones morales exigían implacablemente que descubriese el sentido de la vida o se suicidase. Esta carencia debía también motivarlo fuertemente, en el sentido de crear en su propia vida las condiciones favorables para experimentar la revolución interior.”


Lógica, ciencia y crítica del lenguaje

¿Cómo influyeron en Wittgenstein Hertz, Boltzman, Frege y Russell? Ellos creían que gran parte de los problemas científicos y filosóficos sólo podrían resolverse mediante el análisis lógico del lenguaje, ya que éste permitiría distinguir entre auténticos problemas y falsos problemas originados por los usos ilegítimos de los signos lingüísticos. Creían que el mundo podía ser descrito de manera lógica mediante el lenguaje científico.

Por su parte, Mauthner influye en Wittgenstein por su crítica del lenguaje: “Su descubrimiento más importante (de Mauthner) es que la realidad se halla siempre un paso más adelante del lenguaje, el cual, aun cuando luche desesperadamente por expresarla, jamás tendrá éxito en esta tarea. Desde este punto de vista, la experiencia mística es indescriptible y la ciencia de la naturaleza imposible. Mauthner defiende un escepticismo extremo, según el cual debemos dejar de hacer preguntas y buscar respuestas. Para él, una crítica del lenguaje es un acto al mismo tiempo suicida y redentor, que nos lleva a una única solución posible: el silencio total.”


Una nueva delimitación

¿Cómo comienza Wittgenstein a trabajar con las ideas ya expuestas? Wittgenstein creía que podía lograrse una descripción científica del mundo mediante una teoría de los modelos como la de Hertz y Boltzman, esa teoría podía complementarse con las técnicas de análisis lógico de Frege y Russell. Pero lo anterior entraba en conflicto con las ideas desarrolladas con Mauthner, quien -como vimos- consideraba imposible describir toda realidad y no dejaba otro camino que el del silencio.

Wittgenstein consideraba que Mauthner acertaba sólo en parte. Acertaba cuando consideraba que el lenguaje resultaba inútil para describir las vivencias místicas (como creían los autores vistos en el apartado de ética, religión y misticismo), pero erraba al considerar imposible describir toda la realidad, ya que parecía posible una descripción científica del mundo. Si Mauthner estuviera completamente en lo cierto no podrían existir ni la física ni la metafísica (o carecerían de sentido). Pero si los científicos y lógicos tuvieran razón, significaría que el lenguaje podría expresar algo. Así, “era preciso establecer, de manera crítica y desde el interior del propio lenguaje, lo que puede y lo que no puede ser dicho. Parece que Wittgenstein sentía la necesidad de una nueva delimitación, la cual debería ser hecha a través de una crítica del lenguaje todavía más radical que la mauthneriana.”

¿Cuáles son los alcances del Tractatus? Por un lado delimita entre lo que se puede decir (proposiciones de las ciencias naturales) y lo que sólo se puede mostrar (ética, estética, metafísica); por otro, también es un libro que revela el sentido de la vida, por ello -escribe Margutti- la comprensión de la filosofía tractariana implica, no sólo la aclaración relativa a los límites del lenguaje, sino también una transformación radical de actitud en la vida del lector.

miércoles, septiembre 16, 2009

Neotenia y homosexualidad en el mono desnudo



Evolución y sexo

El zoólogo Desmond Morris es el autor de El mono desnudo, El zoo humano y El hombre desnudo.

En la introducción de El mono desnudo explica: “Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens.”

¿Por qué Morris, siendo zoólogo, escribe sobre el ser humano? Responde: “Yo soy zoólogo, y el mono desnudo es un animal. Por consiguiente, éste es tema adecuado para mi pluma.”

Sin duda, esta visión incomoda a muchas personas, por ello aclara: “Me doy cuenta de que al tratar estos problemas corro el riesgo de ofender a mucha gente. Hay personas que prefieren no ver su propio ser animal. Considerarán, quizá, que degrado a nuestra especie al hablar de ella en crudos términos animales. Sólo puedo asegurarles que no es esa mi intención.”

Morris comete el mismo “pecado” en El zoo humano. Pero como el mismo científico afirma: aunque la mona se vista de seda, mona se queda; incluso el mono espacial tiene que orinar.

¿Qué temas aborda Morris en El mono desnudo? La alimentación, la crianza, el sueño, la lucha, el apareamiento y el cuidado de los pequeñuelos. “¿Cómo reacciona el mono desnudo al enfrentarse con estos problemas? ¿En qué se asemejan estas reacciones a las de otros monos y simios? ¿En qué aspecto particular es único, y qué relación existe entre sus peculiaridades y su especial historia evolutiva?”

Al inicio del primer capítulo hace un recuento de nuestra historia evolutiva (de lo cual no escribiré, pues el interesado puede fácilmente conseguir el libro; el punto al que realmente me interesa llegar en esta entrada es el de la homosexualidad). Un primer “pero” que podría ponérsele a Morris es que además de monos desnudos somos monos culturales, y como monos culturales ¿hasta qué punto podemos inventarnos a nosotros mismos?, ¿hasta qué punto podemos hablar de una “naturaleza humana”?, ¿es que la pregunta acerca de lo que somos sólo puede responderse recurriendo a los aspectos biológicos?, ¿será que biología es destino? Morris afirma lo siguiente: “Sólo observando detenidamente nuestro origen y estudiando a continuación los aspectos biológicos de la manera en que actualmente nos comportamos como especie, podremos realmente llegar a una comprensión equilibrada y objetiva de nuestra extraordinaria existencia.”

Bueno, podemos resumir el camino esbozado por el zoólogo de la siguiente manera: el mono de los bosques se convirtió en mono a ras de tierra, en mono cazador y sedentario, y a continuación en mono cultural. Al pasar de mono de los bosques a mono cazador, se modificó la dieta de nuestros antepasados. “Ahora debemos examinar con atención la manera en que esto afecto, no sólo a su cuerpo, sino, en especial, a su comportamiento, y en qué forma experimentamos la influencia de esta herencia en los días actuales.”

Morris expone las siguientes ideas: el mono cazador comenzó a vivir en un lugar fijo, desarrolló su impulso de comunicación y cooperación con sus compañeros, los machos tuvieron que llevar provisiones a casa, en la que permanecían las hembras y los hijos. El papel de los sexos tuvo que diferenciarse más. Y como los machos salían a cazar y las hembras permanecían en el hogar, Morris afirma que se tuvo que crear un lazo que apareaba a los individuos: el enamoramiento y la fidelidad. Esto reducía las graves rivalidades sexuales entre los machos; al haber desarrollado y perfeccionado armas que resultaban mortíferas, debían eliminarse las discordias. Por otro lado, ese lazo de enamoramiento y fidelidad resultaba beneficioso para las crías.

El capítulo termina con la exposición de algunas hipótesis que tratan de explicar el por qué de la desnudez de nuestra especie (interesantes, sobre todo la de la neotenia, como veremos más adelante). Pasemos al segundo capítulo: Sexo.

Confusión es lo que caracteriza nuestra vida sexual. Como primates tenemos ciertos impulsos, otros como carnívoros, y otros como miembros de una complicada comunidad civilizada. Morris escribe: “Para empezar, (el mono desnudo) debe todas sus cualidades sexuales básicas a su antepasado el mono de los bosques, comedor de frutos. Estas características fueron después drásticamente modificadas para adaptarlas a su vida de cazador en campo abierto. Esto era bastante difícil, pero, a continuación, tuvo que adaptarse al rápido desarrollo de una estructura social crecientemente compleja y determinada por la cultura.”

Describe tres etapas por las que pasa el comportamiento sexual: formación de la pareja, actividad precopulativa y cópula. El zoólogo reconoce que existen diversos comportamientos sexuales en las diferentes sociedades y culturas, pero describe el que cree puede ser tomado como el representante del moderno mono desnudo.

Describe los fenómenos fisiológicos que se presentan durante la excitación y el acto sexual. Expone que el sexo refuerza el lazo entre la pareja. Así, ciertas características de nuestra especie (la forma de los lóbulos de las orejas, de la nariz, de los labios y de los senos) evolucionaron para mantener el interés sexual de la pareja. Otros temas son: el orgasmo femenino (que según Morris es un “fenómeno tomado de prestado del macho”), la relación con los hijos, la utilidad del himen, la monogamia y la poligamia (“hagan lo que hagan las oscuras y atrasadas tribus actuales, la corriente principal de nuestra especie manifiesta su tendencia a construir parejas exclusivas en su forma extrema, es decir, en las relaciones monógamas a largo plazo”). Morris concluye que nuestro comportamiento sexual ha dado forma a la civilización (y no a la inversa): “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”

A continuación describe dos fuerzas en conflicto: la agudización de la sexualidad para mantener unida a la pareja y su apaciguamiento cuando los miembros de la pareja se encuentran separados (“a fin de evitar el estímulo excesivo de terceros”).


¿Moralidad zoológica?

Desde el inicio nos percatamos del enfoque que el zoólogo le dará al tema de la homosexualidad: “La función primordial del comportamiento sexual es la reproducción de la especie, y es evidente que esto no puede lograrse con la formación de parejas homosexuales.”

Morris distingue entre los actos homosexuales esporádicos y la fijación homosexual.

En el primer caso no se crean lazos homosexuales duraderos. Habla de dos tipos de actos homosexuales esporádicos: aquellos que sirven para evitar las agresiones y para resolver problemas de dominio, y aquellos que se presentan cuando el estímulo biológicamente correcto no está al alcance de un individuo, así “un miembro del mismo sexo es empleado como sucedáneo, como ‘mal menor’, en la actividad sexual.”

¿Por qué Morris habla del “estímulo biológicamente correcto”? Porque piensa sólo en la reproducción: “desde el punto de vista de la reproducción, la formación de un lazo homosexual es inconveniente, ya que no puede conducir a la producción de retoños y estropea la posible función reproductora de los adultos.”

Escribe que los actos homosexuales que no crean lazos duraderos se presentan tanto en otras especies como en la nuestra. En nuestra especie dice que “Cuando los machos o las hembras, por el motivo que sea, no encuentran acceso sexual a los individuos del sexo contrario, buscan otro deshago a sus impulsos. A veces, acuden a miembros de su propio sexo; otras veces, llegan a valerse de miembros de otra especie; otras se masturban. Minuciosos estudios americanos de comportamiento sexual revelan que, en una sociedad, un 13 por ciento de las hembras y un 37 por ciento de los varones, han realizado, antes de los cuarenta y cinco años, contactos homosexuales productores de orgasmo. Los contactos sexuales con otras especies animales son mucho más raros (porque, naturalmente, éstas no ofrecen el adecuado estímulo sexual), y sólo se han registrado en el 3,6 por ciento de la hembra y en el 8 por ciento de los varones. La masturbación, aunque carece del ‘estímulo del compañero’, es, empero, tan fácil de iniciar que se produce con mayor frecuencia. Se calcula que un 58 por ciento de las hembras y un 92 por ciento de los varones se masturban en alguna época de su vida.”

Morris valora los diferentes comportamientos sexuales desde la que llama moralidad zoológica (no olvidemos la profesión del autor). Ésta se refiere al éxito o fracaso en la reproducción: “Si ciertos hábitos sexuales impiden el éxito reproductor, podemos calificarlos sinceramente de biológicamente inadecuados.”

De ahí que la homosexualidad, la masturbación, la zoofilia o cualquier actividad sexual inútil desde el punto de vista de la reproducción resulten inofensivas siempre y cuando no se produzca una fijación, esto es, mientras no disminuyan la potencia procreadora a largo plazo de los individuos “afectados”. Así, esta moralidad zoológica le lleva a considerar como anómalos (desde el punto de vista de la reproducción, vale repetirlo) a grupos como los de monjes, monjas, solterones y solteronas y homosexuales permanentes. En cambio “ninguna práctica sexual por muy asquerosa u obscena que parezca a los miembros de una civilización particular, puede ser biológicamente criticada, mientras no impida el éxito reproductivo en general. Si los más chocantes refinamientos del acto sexual contribuyen a asegurar que se producirá la fertilización entre los miembros de una pareja, o que se fortalecerán los lazos de la misma, entonces ha cumplido su misión reproductora y es, biológicamente, tan aceptable como la costumbre sexual más ‘limpia’ y aprobada por todos.”

Morris también escribe acerca de la forma en que podría producirse una fijación homosexual importante. Así, llega a considerar que el ambiente familiar influye en las tendencias homosexuales: “Si en el ambiente familiar los retoños se ven sometidos a una madre varonil y dominadora, o a un padre débil y afeminado, esto puede acarrearles una considerable confusión. Las características de comportamiento actuarán en un sentido, y las anatómicas en otro. Si al llegar a la madurez sexual los hijos buscan compañeros que tengan las cualidades de comportamiento (más que las anatómicas) de la madre, están expuestos a elegirlos más entre los varones que entre las hembras. Las hijas corren un riesgo similar, pero a la inversa.”

Pero Morris propone un escenario en el que la “moralidad biológica (o zoológica)” puede ya no aplicarse: cuando existe una superpoblación. “Teniendo en cuenta este problema de superpoblación, podría argüirse que la necesidad de reducir drásticamente el índice de reproducción destruye todas las críticas biológicas que pueden hacerse a las categorías no reproductoras, tales como frailes y monjas, solteronas y solterones empedernidos, y homosexuales permanentes. Esto es cierto desde el exclusivo punto de vista de la reproducción, pero no resuelve otros problemas sociales con los que, en ciertos casos, tendrán que enfrentarse, aislados en su especial papel minoritario. Sin embargo, mientras sean miembros bien adaptados y valiosos de la sociedad, al margen de la esfera procreadora, su no contribución al aumento explosivo de la población puede considerarse altamente beneficiosa.”

Tenemos entonces que para Morris el comportamiento sexual que tenemos como especie no es el resultado de la cultura, según sus tesis la monogamia y la fidelidad tienen bases biológicas. Recordemos que Morris ya había escrito que: “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”

¿Cuál es el futuro de nuestro comportamiento sexual? Desmond Morris afirma que si llegamos a modificarlo será no por su fracaso sino por su éxito excesivo.


Una infancia prolongada

Los seres humanos podemos ser llamados monos desnudos, pues como afirma Morris: “Salvo ostensibles matas de pelo en la cabeza, en los sobacos y alrededor del aparato genital, la superficie de piel está completamente al descubierto. En comparación con otras especies de primates, el contraste es dramático.”

Algunos biólogos afirman que es erróneo llamar mono desnudo al ser humano, ¿por qué? Porque –dicen- la pérdida de vello es imaginaria; en opinión de Morris esas afirmaciones no tienen sentido: “Desde un punto de vista funcional, estamos completamente desnudos, y nuestra piel está plenamente expuesta al mundo exterior. Este estado de cosas tiene que ser aún explicado, independientemente de los pelitos que podemos contar con ayuda de una lupa.”

¿En qué momento quedamos desnudos? Es un enigma que los científicos tratan de resolver, ¿qué dificultades tienen que enfrentar para encontrar la solución?, Morris escribe:
“Desgraciadamente, los fósiles no nos sirven de mucho cuando se trata de diferencias de piel o de cabello; por esto no tenemos idea del momento exacto en que se produjo la gran denudación. Podemos estar bastante seguros de que no sucedió antes de que nuestros antepasados abandonaran sus hogares de los bosques.”

El cuándo es un enigma, otro es el por qué. Hay varias ideas que tratan de explicar las razones por las que perdimos pelo, sólo me referiré a la explicación neoténica.

¿De qué se trata este asunto de la neotenia? Morris explica que se trata de un proceso por el que ciertos rasgos infantiles y/o juveniles se conservan y prolongan en la vida adulta. Así, el mono cazador se convirtió en un mono infantil.

El zoólogo afirma que cuando nace un mono típico su cerebro tiene ya el 70% de su tamaño de adulto, y que el otro 30% lo obtendrá durante los primeros meses de vida. Pero resulta que en nuestra especie, el cerebro de un bebé tiene el 23 % de su tamaño adulto; y el pleno desarrollo se alcanzará hasta los veintitrés años. “Así, pues, en nuestro caso, el crecimiento del cerebro prosigue durante los diez años después de que alcancemos la madurez sexual, mientras que, en el chimpancé, termina seis o siente años antes de que el animal sea capaz de reproducirse. Esto explica claramente lo que quisimos decir al declarar que nos habíamos convertido en monos infantiles.”

¿Y qué pasa con la desnudez de nuestra especie? Es otra característica de este proceso de conservación de características infantiles. El científico explica que cuando un chimpancé nace, éste tiene mucho pelo en la cabeza y casi nada en el cuerpo; si por neotenia, estas características se prolongaran a la edad adulta, su condición pilosa sería parecida a la del mono desnudo.

Morris matiza sus afirmaciones: nuestros antepasados se infantilizaron sólo en ciertas cosas. Continuemos con su explicación:

“De un solo golpe neoténico, fue capaz de adquirir el cerebro que le hacía falta y el cuerpo que había de acompañarle. Pudo correr verticalmente con las manos libres para empuñar armas, y al propio tiempo desarrolló el cerebro que le permitía perfeccionar estas armas. Más aún: no sólo aumentó su inteligencia para manipular los objetos, sino que prolongó su infancia, para aprender durante la misma de sus padres y de los otros adultos. Los monos y los chimpancés pequeños son juguetones, curiosos e inventivos; pero esta fase se extingue rápidamente. La infancia del mono desnudo se extendió a este respecto, a su vida sexualmente adulta. Sobraba tiempo para imitar y aprender las técnicas especiales inventadas para anteriores generaciones. Sus debilidades, como cazador físico e instintivo, podían ser más que compensadas por su inteligencia y su habilidad para la imitación. Podía ser enseñado por sus padres como nunca lo había sido un animal.”

El científico dice que la pérdida de pelo es un proceso que puede resultar peligroso, por ello es que cree que debía tener un valor por sí misma, y no que sólo es el derivado de otros cambios neoténicos más vitales como el crecimiento del cerebro. ¿En qué podría haber resultado beneficiosa la pérdida de pelo? Explica algunas propuestas (la lucha contra parásitos como los ácaros, las pulgas y las chinches; la lucha contra el calor diurno; la diferenciación sexual; etc).

Bueno, vemos que –según esta idea de la neotenia- nuestros logros como especie (y desgraciadamente también nuestros errores) se deben a que nuestra infancia se prolonga aún después de llegar a la madurez sexual.

En su libro El hombre desnudo, Morris escribe sobre la homosexualidad y la neotenia.

¿Quiénes muestran mayor creatividad, los bugas (heterosexuales) o los homosexuales? Los homosexuales, según Morris. ¿Por qué? Porque la creatividad y la curiosidad son rasgos infantiles (el zoólogo afirma que en otros monos estas características desaparecen rápidamente), y -según el propio Morris- la homosexualidad se debe a que no se ha superado una etapa infantil.

El zoólogo cree que en la infancia, los monos desnudos juegan con los de su mismo sexo y que al llegar a la pubertad esa etapa se supera... bueno, no todos la dejan atrás: “por razones fundamentalmente de tipo social, una proporción pequeña de hombres y de mujeres siguen prefiriendo a los de su propio sexo.” En otra parte añade: “los homosexuales manifiestan ese síndrome de Peter Pan en grado extremo, lo que les otorga una inteligencia, una inventiva y una creatividad por encima de la media.”

Pero, ¿hasta qué punto es un mito el asunto del “club te Tobi”? ¿Cuántos homosexuales jugaron durante su infancia tanto con niñas como con niños? En realidad las ideas de Morris se muestran inexactas. De hecho hay quienes afirman que hay sexismo, homofobia y pseudociencia en sus puntos de vista.


Enlaces relacionados:

Los gays son "niños creativos", según Desmond Morris.

Noticias nuevas (con ideas viejas) de Desmond Morris.

miércoles, septiembre 02, 2009

El Infierno fascinante

Otra de mi colección de dedicatorias...

La revista Complot Internacional, Operación Caos Cultural publicó en septiembre de 1997 un número especial dedicado a la ciencia ficción. En éste colaboraron Pepe Rojo, José Luis Zárate, Joselo Rangel, Salomón Bazbaz, BEF, Gerardo Sifuentes y Miguel Ángel Fernández Delgado, entre otros.


El historiador Miguel Ángel Fernández colaboró con un artículo titulado “Los cartógrafos del infierno en México”. ¿Por qué ese título? Miguel Ángel escribió: “En 1960, Kingsley Amis publicó el ensayo New Maps of Hell (Nuevos mapas del infierno), al que decidió titular así por el fuerte énfasis en los elementos antiutópicos que a su modo de ver predominaba en la ciencia ficción. Quince años más tarde, bajo la misma tónica, Brian W. Aldiss y Harry Harrison editaron el libro Hell’s Cartographers. Some Personals Histories of Science Fiction Writers (Los cartógrafos del infierno. Algunas historias personales de autores de ciencia ficción). Aldiss en la introducción afirmó que el papel de la ciencia ficción consistía en reflejar el presente distribuyendo lo accesorio y dramatizando las nuevas tendencias. De cualquier manera las visiones infernales son más fascinantes para la imaginación literaria que las celestiales. Esto es particularmente perceptible en la ciencia ficción mexicana.”

En su artículo, Fernández da un rápido repaso del desarrollo de la ciencia ficción en México.

Al final se comenta que para Gerardo Horacio Porcayo no existe un estilo mexicano de escribir ciencia ficción, sino un factor común: el pesimismo. Para Fernández la cf mexicana probablemente apostaría ya no a los infiernos tecnológicos “sino a la utopía o al menos a un purgatorio al estilo de ‘Luvina’ de Juan Rulfo.”

Miguel Ángel Fernández es un estudioso de la historia de la ciencia ficción mexicana, sus investigaciones han sido publicadas en diferentes medios. En el 2001 la editorial Lumen publicó una antología de ciencia ficción coordinada por él: Visiones periféricas.


La introducción de Fernández trata dos temas: la historia de la ciencia ficción en nuestro país y cuestiones sobre la antología. Sobre el título de la obra explica:

Siguiendo a los historiadores de la ciencia, quienes, al aceptar que los países subdesarrollados contaban con un decurso histórico propio dentro de la ciencia y la tecnología, acuñaron el término “ciencia periférica”, para referirse así a sus eventuales aportaciones al conocimiento universal. Con el mismo símil, la CF producida en dichas regiones, a las que pertenece México, no podía sino ser considerada periférica respecto de la propia de los países anglosajones, productores de la mayor cantidad de libros y publicaciones periódicas dentro de la misma corriente literaria.

John Cutle considera que hasta la década de 1960 la CF en lengua inglesa hablaba y se dirigía solamente a los supuestos dueños del planeta, los anglosajones, en particular a los que reunían las características del conocido acrónimo WASP (White Anglo-Saxon Protestant). En la misma década, comenzó a generalizarse en todo el mundo la aparición de autores de CF con propuestas nuevas, tomando en cuenta a toda la raza humana y no solamente a un pequeño grupo. Así esta corriente literaria fue aceptada universalmente como la mitología imperante del siglo; pero sólo se consiguió entonces que ciertas regiones de la Tierra dejaran de ser consideradas el centro del universo de la CF.

La presente antología ofrece cerca de veinte propuestas o visiones “periféricas” de la CF, todas ellas hechas en México por mexicanos o latinoamericanos que eligieron la sede del antiguo señorío mexica o azteca, o el de otras culturas prehispánicas, para dedicarse a una corriente literaria que, de la misma forma en que nuestros antepasados reaccionaron ante el invasor europeo y su tecnología armamenticia, se creía que jamás lograrían deslindar de la magia o el realismo mágico.

En un mundo en que todo tiende a generalizarse o, como dicta el léxico de los tiempos, a “globalizarse”, éstas que son hoy Visiones periféricas esperemos que mañana sean consideradas simplemente relatos de CF, y así puedan ser tomadas en cuenta dentro de las antologías de la mejor CF del año a nivel mundial, pues al presente, por las razones antes vistas, solamente toman en cuenta la producción literaria de los países anglosajones.

La antología está dividida en cuatro: Nuevos mundos para una literatura maravillosa; Guerra fría, conquista del espacio e inteligencia artificial; El localismo de la ciancia ficción y Posmodernidad y cyberpunk.

Encontramos textos de Amado Nervo, Juan José Arreola, Federico Schaffler, Mauricio-José Schwarz, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Gabriel Trujillo Muñoz, Héctor Chavarría, Arturo César Rojas, Gonzalo Martré y José Luis Ramírez, entre otros.

La obra contiene un artículo de Arrigo Coen acerca del término “ciencia ficción”, y una pequeña biografía de cada autor.

El el Sitio de Ciencia ficción encontramos una reseña de Jorge Armando Romo.

sábado, agosto 29, 2009

La marcha que viene

El próximo 27 de septiembre se llevará a cabo la Marcha Atea 2009. El año pasado se realizó la Marcha mundial por el orgullo ateo (aquí las impresiones de TORK, El Bizcocho de Montecristo).

Este año sí pienso asistir. ¿Por qué? En principio por dos razones: 1. Porque las personas con las que convivo diariamente (entre ellos mis familiares) suelen dar por sentado que todos somos católicos. 2. El ateísmo es visto con muchos prejuicios.

Participar en esta marcha puede servir para mostrarles lo erróneo de la primera suposición, y también para explicarles las razones por las que no creo en dioses, demonios, almas inmortales, etc.

El sitio de la marcha es el siguiente: Marcha Atea 2009. Por una sociedad laica y sin discriminación.

El comité organizador explica:

La iniciativa es el resultado del interés de promover el laicismo, la no discriminación y la libertad de no creer. La marcha se realizará simultáneamente en la ciudad de México y Guadalajara.

La presente es una formal invitación para todos a participar en la Marcha Atea 2009, que se realizará el próximo domingo 27 de septiembre. Los integrantes del comité organizador somos un grupo de individuos que nos manifestamos como no creyentes en ninguna clase de dios, entidad sobrenatural u otra realidad al considerar dichos elementos incompatibles con la realidad existente que nos rodea, además de innecesarios para el ejercicio diario de nuestras vidas.

Nuestra ausencia de creencias no es obstáculo para ser miembros productivos de nuestra sociedad. Sostenemos que la decisión de vivir una vida fundamentada en la razón, el humanismo y el conocimiento ajeno a subjetivismos y actos de fe es una decisión completamente ética y que nos hace proclives a un desarrollo personal pensado, meditado y consciente.

Los no creyentes en general tenemos ideas y posturas muy discrepantes, incluso sobre el mismo ateísmo. Pero todos hemos sido testigos del fanatismo de distintos individuos y grupos religiosos y de la facilidad con la que nos señalan y pretenden erigirse como moralmente superiores a nosotros.

Es importante aclarar que los librepensadores, agnósticos y ateos en general no menospreciamos a los creyentes, ni tenemos la idea de que somos mejores. Pero al mismo tiempo sostenemos que no tenemos por qué temer el reconocer públicamente que no creemos en los dioses.

Las razones para organizarnos y convocar a un acto de esta naturaleza podemos sintetizarlas en las siguientes:

1) Hacer público que los ateos estamos presentes, somos muchos y somos miembros productivos de la sociedad. Rechazamos abiertamente los estereotipos con los que hemos sido etiquetados, como "los ateos no tienen moral porque no creen en dios", o que "solo se dedican a querer convertir gente y a ser intolerantes con las religiones", así como muchos otros.

2) Manifestar que las instituciones religiosas y los grupos de ultraderecha emplean su poder político y económico para influir en esferas de la vida ajenas a su campo de acción, lo cual es violatorio del Estado laico, garantizado en nuestra Constitución y en muchas legislaciones alrededor del mundo.

El mensaje que queremos difundir con esta marcha es que el ateísmo es una forma de vida tan válida, moral y legítima como la de cualquier creencia, por lo que las personas no deben temer el asumirse como ateos ni pueden aceptar las imposiciones religiosas de otros.

miércoles, agosto 19, 2009

Ovnis: filias y fobias


Un fenómeno cultural

Supe del libro leyendo la columna de Johanan Díaz Vargas en El Gráfico de El Universal. Posteriormente leí los comentarios de Gabriel Benítez en Capitán Quasar. Me refiero al libro OVNIS. Historia y pasiones de los avistamientos en México (Grijalbo) de la periodista Laura Castellanos.

Castellanos estudió periodismo en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. Mujeres, indígenas y guerrilla son los temas en los que se ha especializado. Es autora de Corte de caja, entrevista con el Subcomandante Marcos (2008) y México Armado, 1943-1981 (2007).

Ella afirma que algunas personas le decían que no publicara un libro sobre ovnis o que si lo publicaba, usara un seudónimo. ¿Las razones? Le argumentaban que corría el riesgo de quemarse, ya que el tema no es visto como algo digno de investigarse seriamente. Estos comentarios le convencieron de publicar su investigación, ya que Castellanos gusta de los temas transgresores y políticamente incorrectos.

Lo primero que llamó mi atención fue que se trata de un libro escrito por una periodista que, al parecer, era completamente ajena al mundo de los ovnis. "¿Cómo será percibido el tema desde fuera?", me preguntaba.

Pero ¿cómo se interesó Laura Castellanos en los platívolos? La revista Gatopardo le encargó un artículo acerca de Jaime Maussán. Yo había leído el artículo pero no me había percatado de que se trataba de la misma autora.

El artículo de Gatopardo es interesante, pues da voz a varios críticos de Maussán, como Mario Méndez Acosta, la doctora Julieta Fierro y el capitán Alejandro Franz. Eso sí, considero que un espíritu un poco más crítico hubiera estado mejor (aunque tal vez siento eso por estar acostumbrado a artículos como los de Luis Ruiz Noguez, Óscar García o Héctor Escobar).

Castellanos se dio cuenta de las pasiones que desata el tema, por ello es que quiso ahondar en éste. De hecho, en la contraportada se lee: “Las páginas de esta singular crónica removerán recuerdos, provocarán reflexiones y desatarán filias y fobias, pero no dejarán indiferente al lector que se atreva a ser abducido por ellas.”

La autora asegura que socialmente es mal visto que alguien afirme que cree en los ovnis, si alguien lo hace se le tacha de inmediato de tonto. No comparto esa opinión. Al parecer el porcentaje de creyentes ha aumentado de los años setenta a la fecha. Más bien el escepticismo es mal visto. A los escépticos se les tacha de tener poca imaginación, de ser cuadrados y cerrados.


“Se trata de una obra bastante breve”, pensé cuando al fin tuve el libro en mis manos. “Bueno, ya veremos la calidad del contenido.”

Me interesé en leerlo porque la autora no pretendía demostrar que detrás de los ovnis hay extraterrestres, viajeros del futuro, habitantes de la Tierra hueca o seres de otras dimensiones; tampoco era su pretensión refutar las supuestas evidencias de los ufólogos. ¿Entonces? Laura Castellanos intenta hacer algo más interesante: presentar un panorama de lo que ha sido la ufología en México, es decir, no se ocupa tanto de los casos como de las personas involucradas en el tema: los ufólogos, los detractores y el público interesado. En el prefacio escribe:

“Vivimos entre los ovnis, creamos o no en ellos. Enciendo la tele, salgo a la calle, voy al cine, ahí están. No sé si existen fuera de la imaginación, pero no cabe duda de que la gente cree en ellos. Este libro busca retratar la historia de ese convencimiento en México, pues el mundo de los partidarios de los ovnis (que incluye a los que se oponen ferozmente) es enorme. Y no se trata sólo de los que ‘investigan’ el asunto, para nada. Se trata de un mundo de representaciones populares que ha invadido la vida cotidiana.”

Esas primeras palabras me parecieron excelentes. El fenómeno ovni, independientemente de la realidad de los ovnis, es ante todo un fenómeno cultural.

Entre los entrevistados por la autora están Pedro Ferriz, Jaime Maussán, Héctor Chavarría (quien se define como un escépticus agresivus), Carlos Guzmán Rojas, Enrique Kolbeck, Julieta Fierro, Ana Luisa Cid y los vigilantes Demetrio Feria y Arturo Robles Gil.

Y realmente se trata de una obra bastante breve, son poco más de cien páginas en las que se relata la historia del fenómeno ovni desde la década de los cincuenta hasta nuestros días.

Así, Laura Castellanos, gracias a su plática con Carlos Guzmán Rojas, narra parte de lo que fueron las primeras oleadas en nuestro país. Pedro Ferriz le habló de sus programas sobre ovnis: Los ovnis, objetos voladores no identificados, Más allá de la Tierra y Un mundo nos vigila. Héctor Chavarría le contó de las revistas de Editorial Posada: Duda y Contactos Extraterrestres. Con Maussán, los vigilantes, Enriqie Kolbeck, Alfonso Salazar y Ana Luisa Cid habló de algunos aspectos de lo que es el fenómeno ovni actualmente.

Ahora vayamos a lo bueno y lo malo de esta obra.

Lo malo: Es breve y poco concisa; de ahí que presente una visión bastante parcial. Por poco concisa me refiero a que menciona muchos casos (que, como ya expliqué, no los defiende ni los refuta), y apenas da unos cuantos datos sobre ellos. Tal vez hubiera sido mejor presentar pocos casos y dar muchos más datos a favor y en contra; igual y esa no era la idea del libro, pero se mencionan tantos casos (con tan pocos datos) que el lector no puede hacer un juicio acerca de éstos.

Un ejemplo de esto último: En el capítulo “Casos sonados” le dedica un apartado a los vigilantes. La autora entrevistó a Arturo Robles Gil, leemos lo siguiente:

“Me doy a la tarea de vivir brevemente la experiencia de ser vigía de las alturas. Acompaño a Arturo Robles Gil, que dejó la fotografía de arquitectura por la de platillos voladores, y contra quien circula una acusación de fraude fotográfico por parte de los adversarios de Maussán. Él lo niega.”

A continuación Castellanos continúa narrando su experiencia como vigilante. Quien no esté familiarizado con la ufología (como me consta que hay muchos lectores de esta obra) no tiene por qué saber cuál es esa acusación de fraude, Castellanos no lo explica. Pues no se trata sólo de “una acusación de los adversarios de Maussán”, el mismo titular de Los Falsos Misterios del Tercer Milenio lo dijo, lo reconoció: Robles Gil trucó fotografías con juguetes chinos y esas fotos se usaron para promover el Congreso Ovni de Acapulco en 1999. Actualmente Maussán acepta el material que sigue generando Robles Gil porque “todo el mundo merece una segunda oportunidad”. Sin embargo, los otros vigilantes consideran que los “humanoides voladores” de Robles Gil en realidad son globos.

Lo bueno: No es un libro crédulo. Da una visión general de lo que ha sido la ufología en México, escribe sobre quiénes se han dedicado a “investigar”, quiénes son algunos de los “detractores”, cuáles han sido los casos más sonados o de mayor impacto, cuáles han sido las principales revistas, etc. El lector –no familiarizado con el mundo de los ovnis- se da una idea de los principales acontecimientos actuales. Desde mi punto de vista se trata de una obra más para quienes sienten curiosidad pero que no están metidos en el tema.


De eso no quiero hablar

No quiero terminar sin mencionar los datos que más llamaron mi atención.

Maussán presentó como auténticas las imágenes de un chupacabras saltarín creado con un programa de animación por computadora; ha presentado como auténticas las imágenes del ovni de las Torres gemelas (¿qué tan dificil es hacer un video así?), mismas que son parte de un promocional del SCI-FI Channel. Y ¿qué puede decirse del platillo volador de las Lomas?

El capítulo Casos sonados es en parte el artículo que apareció en la revista Gatopardo. Aquí Castellanos presenta su entrevista a Maussán.

El apartado “Lo que quiso ser y no fue” comienza con estas palabras:

“Uno de los asuntos más espinosos del fenómeno ovni es que hay historias de imágenes manipuladas para ser presentadas como genuinas. En la ufología mexicana ha habido varios casos polémicos y algunos han sido enviados al buzón de Maussan. ‘Quisiera no hablar de eso’, dice y da por zanjado el tema.”

La autora menciona el caso de las Lomas y aclara que el ex vigilante Pedro Ramírez afirma que cuando el caso fue investigado se descubrió que era falso, pero que de cualquier forma Maussán lo presentó como auténtico.

Lo anterior ya lo he comentado, pero lo que me parece curioso es que Maussán se negara a hablar de este tema.

Más adelante, en el apartado "Los inexplicables", la autora escribe que después del caso de la Sedena, hay otros dos que Maussán considera “los más trascendentales en la historia de los ovnis en México.” Son el ovni de Azcapotzalco (14 de febrero de 2000) y el caso de Mauricio Ruiz. Castellanos menciona la polémica entre Maussán y Ana Luisa Cid. Sobre los análisis del Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM, leemos lo siguiente:

“Maussan, por su lado, envió la evidencia al Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM, que tiene tecnología avanzada. Pagó 20 000 pesos por los estudios que encargó sin mencionar el contenido. Tampoco lo hizo a su nombre. Maussan considera que la UNAM no lo hubiera aceptado con su nombre. Dio a conocer los resultados en Tercer milenio. Presentó una entrevista con el doctor Miguel Ángel Canseco, encargado del análisis. No había daños mecánicos o físicos en la cinta, pero había encontrado secciones expuestas a un ‘campo magnético externo de acción muy rápida para que dañara solamente una sección de la cinta y no toda su extensión’. Dijo que encontró una magnitud del campo de entre 8 000 y 10 000 gauss, medida que no se halla en la naturaleza, sino en un ‘dispositivo específico’. No opinó sobre la veracidad de la imagen. En la página web de Ana Luisa Cid, (el ingeniero Humberto) Villafuerte afirmó que los dominios de una cinta se pueden afectar con un imán potente. Maussan replica que, si se hubiera magnetizado la cinta a propósito, se habría afectado totalmente. Considera que las partes dañadas tienen registrado el artefacto volador. No es un fraude, asegura.”

Bueno, si 5 estrellas es la más alta calificación, a "Ovnis. Historia y pasiones de los avistamientos en México" yo le pongo 3 ½.

Nota: Le agradezco a mi hermana Lorena que me regalara el libro de Laura Castellanos :-)

jueves, agosto 13, 2009

ROBOTS

Me encanta escuchar a Mario Méndez Acosta, lo hago desde el excelente programa de radio de divulgación científica Muy interesante, mismo que conducía con Mauricio-José Schwarz (quien le ha dado continuidad a ese proyecto con El rincón prohibido) y Mónica Lavín.

Méndez Acosta actualmente participa en tres programas de radio: Buenos días (que encabeza Héctor Martínez Serrano, en este programa también participa Tomás Mojarro “el valedor”), Biblioteca pública (que se transmite los domingos a las doce del día por Radio Red y en el que también intervienen Verónica Medina y Sergio Beriloz) y Los contertulios (que se transmite los miércoles a las 20:30 horas por Radio Educación, en éste, además de Méndez Acosta, colaboran Willy de Winter y Víctor Quiroga, modera Jaime Vázquez).

El día de ayer, los contertulios platicaron sobre robots.

Willy de Winter habló del concepto de inteligencia y de máquinas pensantes; Willy es ajedrecista y por ello es que no podía dejar de mencionar el enfrentamiento entre Gari Kaspárov y Deep Blue. La utilidad de los robots en la cirugía también fue mencionada por el conductor.

De la leyenda del golem habló Víctor Quiroga. Expresó también que convivimos diariamente con robots como lavadoras o cajeros automáticos.

Jaime Vázquez comparó a Pinocho y a Astroboy, ambos con sentimientos similares a los humanos. Entonces Mario Méndez recordó a Andrew, el robot de El hombre bicentenario de Isaac Asimov, quien deseaba ser reconocido como humano.

Méndez Acosta habló del origen de la palabra robot, de las obras de Asimov, de las leyes de la robótica. Entre los robots de la ciencia ficción, recordó al de Metrópolis (mismo con el que es suplantada María). Un tema bastante interesante que explicó fue el de la vida artificial. ¿En el futuro dominarán los robots? Se preguntó Méndez Acosta y comentó que los robots no son tan frágiles como nosotros.

El programa estuvo muy bueno.

En esta entrada quiero comparar la forma de pensar de dos robots imaginados por Asimov: Cutie y Andrew, y que se refiere a la frase (que resalté en negritas) de Mario Méndez.


Los robots de Asimov

Asimov no dejaba de notar que fue el año de su nacimiento (1920) cuando se empleó por vez primera la palabra robot. Ese año el escritor Karel Capeck usó la palabra en su obra R.U.R o Robots Universales de Rossum. Precisamente el señor Rossum construía robots, palabra checa para “esclavos”.

Esta obra presentaba lo que Asimov llamaba “el complejo industrial Frankenstein”, es decir, la idea de que los robots podrían llegar a rebelarse contra la humanidad. Este “complejo” le desagradaba a Asimov, por ello es que pensó en combatirlo en sus historias.

En 1939 Asimov escribió su primer cuento de robots: Robbie; Asimov tenía 19 años.

El escritor de ciencia ficción no deseaba usar sus robots como símbolos de grupos minoritarios, tampoco quería que en sus historias apareciera la idea de que al construir robots los seres humanos deseábamos competir con Dios, de igual forma (como explicaba arriba), se oponía a la idea de que en algún momento los robots pudieran rebelarse contra sus creadores, idea común en la ciencia ficción, por ello creó las Leyes de la robótica. Para Asimov una máquina bien diseñada no puede volverse contra quien la ha creado.

Sobre sus robots, Asimov escribió:

No deseaba hacer de ellos criaturas patéticas, víctimas de la injusticia y las persecuciones, de manera que pudiera hacer declaraciones épicas acerca de los judíos, los negros y otras menospreciadas minorías. Por supuesto que estaba frontalmente opuesto a tales tipos de discriminaciones, y lo dejé bien claro en numerosas novelas y ensayos, pero en ningún momento en mis relatos de robots.

Entonces, ¿en qué consistían mis robots? Los creé con la idea de que fueran herramientas, perfeccionados equipos de ingeniería avanzada, máquinas al servicio del hombre. Los doté de mecanismos propios de seguridad. En otras palabras, los construí de manera tal que no pudieran atentar contra su creador, y habiéndolos despojado desde sus inicios de toda posibilidad de causar daño, me encontré libre de otorgarles aptitudes más racionales.

Precisamente Robbie era un robot encargado de cuidar a una niña. La madre de la niña desconfía del robot, sin embargo, su marido le argumenta que “Él simplemente, no puede evitar ser fiel, afectuoso y amable; es una máquina construida con esas características.”

Robbie apareció por vez primera (después de haber sido rechazada tanto por Astouding Science Fiction como por Amazing Stories) en 1940 en Super Science Stories, el editor Fred Phol le cambió el título por Strange Playfellow, pero posteriormente Asimov le puso el título original.

Las tres leyes de la robótica aparecieron de forma explícita hasta 1942 en el relato El círculo vicioso, sobre éstas expresó en 1957:

He conseguido convencerme a mí mismo de que las Tres Leyes son tanto necesarias como suficientes para la seguridad humana en lo que se refiere a robots. Constituye mi sincera creencia el que, algún día, cuando en efecto se construyan unos robots avanzados y parecidos al hombre, se incluirá en ellos algo muy parecido a las Tres Leyes. Me gustaría mucho ser un profeta a este respecto. Y sólo lamento el hecho de que este asunto, probablemente, no quede zanjado durante mi existencia en este mundo.

Muchas de las historias de robots escritas por Asimov giran en torno a las consecuencias de las tres leyes.

Tanto Robbie como Círculo vicioso se publicaron en 1950 en una antología junto con otros siete relatos de robots: Yo, Robot.


De las actitudes de los robots hacia sus creadores

La vida humana es muy frágil. Lo sabemos y no podemos dejar de sentir temor al respecto. Un accidente puede cambiar dramáticamente nuestra vida o incluso terminar con ella. Mario Méndez aseguró (en el programa de radio ya comentado) que los robots no son tan frágiles como nosotros, entonces ¿hay algo que pudieran envidiarnos?


1. Razón

Veamos la respuesta de Cutie, el robot de Razón, la segunda historia de robots escrita por Asimov. Ésta apareció originalmente en Astouding Science Fiction en abril de 1941. Esta historia fue incluida en Yo, robot.

“Donovan y yo te montamos con las piezas que nos mandaron.”, le explicó Gregory Powell al robot que se encontraba sentado frente a él.

“Tengo la impresión de que todo esto podría explicarse de una manera más satisfactoria. Porque, que me haya hecho a , me parece improbable.”, replicó el robot.

Y es que Cutie había comenzado a preguntarse sobre su propia existencia. Resultaron en vano los esfuerzos de Gregory Powell y Michael Donovan por explicarle a Cutie sobre la Tierra, las estaciones y la existencia de los robots. Al robot aquellas palabras le resultaban absurdas.

Cutie decide no escuchar más a aquellos sujetos, y se retira a meditar sobre su existencia y la existencia de todo lo que le rodea. Después de dos días de reflexión, se presenta con sus conclusiones ante Powell y Donovan: “Yo, por mi parte existo, porque pienso...”, comienza el robot.

Todas sus explicaciones resultan ridículas para Powell y Donovan.

“Es contrario a los dictados de la lógica suponer que vosotros me habéis hecho.”, continuó Cutie. Y ante el “¿por qué?” de aquellos hombres “Cutie se echó a reír. Era una risa inhumana, la risa más mecanizada que había surgido jamás. Era aguda y explosiva, regular como un metrónomo y sin matiz alguno.”

Después de la risa vino la explicación:

“Fíjate en ti. No lo digo con espíritu de desprecio, pero fíjate bien. Estás hecho de un material blando y flojo, sin resistencia, dependiendo para la energía de la oxidación insuficiente del material orgánico... como eso –añadió señalando con un gesto de reprobación los restos del bocadillo de Donovan-. Pasáis periódicamente a un estado de coma, y la menor variación de temperatura, presión atmosférica, la humedad o la intensidad de la radiación afecta vuestra eficiencia. Sois alterables.

“Yo, por el contrario, soy un producto acabado. Absorbo energía eléctrica directamente y la utilizó con casi un ciento por ciento de eficiencia. Estoy compuesto de fuerte metal, estoy consciente constantemente y puedo soportar fácilmente los más extremados cambios ambientales. Estos son hechos que, partiendo de la irrefutable proposición de que ningún ser puede crear un ser más perfecto que él, reduce vuestra tonta teoría a la nada.”

Cutie crea toda una teoría religiosa acerca de su existencia, su misión en ese lugar y la misión de Donovan y Powell.

Llega un momento en que Donovan y Powell argumentan en contra de esa teoría acudiendo a los datos obtenidos por los instrumentos de la estación (Cutie no acepta la existencia de la Tierra, por ejemplo), a esto responde:

“¿Crees que voy a perder el tiempo tratando de buscar interpretaciones físicas de todas las ilusiones ópticas de nuestros instrumentos? ¿Desde cuándo puede compararse la prueba ofrecida por nuestros sentidos con la clara luz de la inflexible razón?”

Powell y Donovan llegan a la conclusión de que sólo podrán sacar a Cutie de su error construyendo un robot frente a él. Una vez que lo hacen y lo echan a andar, le preguntan a Cutie si al fin se ha convencido de que ellos lo construyeron. La respuesta es: “¡No! No habéis hecho más que juntar piezas ya creadas. Lo habéis hecho extraordinariamente bien, por instinto supongo, pero en realidad no habéis creado el robot. Las piezas habían sido creadas por el Señor.”

Cutie es un robot exclusivamente racionalista, por ello es que no podrán mostrar evidencia empírica para demostrar que se equivoca. Eso lo entiende Powell y lo explica a su compañero: “Por la fría razón y la lógica puedes probar cualquier cosa... si encuentras el postulado apropiado. Nosotros tenemos los nuestros y Cutie tiene los suyos.”

Al final deciden ya no discutir con el robot, después de todo puede llevar a cabo sus tareas a pesar de sus creencias.


2. El hombre bicentenario

Andrew Martin es el robot protagonista de El hombre bicentenario. Al igual que Cutie se trata de un robot peculiar. Este robot un día descubre su creatividad, su capacidad de gozar y sentir cariño. Por su parte, el señor Gerald Martin, dueño de Andrew, afirma que su robot es capaz de hacer arte, no sólo talla figuras en madera: hace arte.

Más adelante Andrew tiene una idea: desea comprar su libertad. Le argumentan que sólo un ser humano puede ser libre, a esto responde: “En mi opinión sólo alguien que desea la libertad puede ser libre. Y yo deseo la libertad.” Andrew es un robot con una mente lo suficientemente avanzada como para asimilar el concepto de libertad, y desear ese estado.

Andrew comienza a hacer algo que a los otros robots ni siquiera se les pasa por la cabeza: usar ropa. Y es que se siente desnudo.

Este robot manifiesta que desea ser reconocido como un ser humano, por ello es que toma la decisión de recurrir a la protesología (a la que él mismo se dedica y a la que hace grandes aportaciones), es decir, decide ir sustituyendo partes de su cuerpo metálico por partes orgánicas.

Así, diseña un sistema para que los androides puedan obtener energía de la combustión de hidrocarburos, en lugar de hacerlo de las células atómicas, de tal forma que puedan respirar y comer.

Posteriormente diseña un mecanismo para alimentos sólidos que puedan contener pequeñas porciones incombustibles, “por decirlo de alguna manera, materia imposible de digerir que deba ser desechada.”

Finalmente logra su objetivo: tener un cuerpo humanoide orgánico.

A pesar de su aspecto, de que los robots le obedecen como si fuera humano, y a pesar de sus contribuciones artísticas, científicas y literarias, Andrew no es reconocido como un ser humano. ¿Por qué? ¿Se trata de un asunto de neuronas contra positrónes? ¿Acaso no es un cerebro cualquier cosa –independientemente de la materia que lo conforma- capaz de cierto razonamiento?

Andrew es un ser humano, no un robot, está convencido de ello y aspira a que sus congéneres así lo reconozcan también. Para Cutie todo esto resultaría absurdo, ¿por qué un robot querría aspirar a convertirse en un ser humano? “Son tan blandos, tan frágiles... Son inferiores.”, podría haberle argumentado a Andrew.

Andrew comprendió que no se trataba del material del que estaba hecho su cerebro. Y cuando entendió la razón por la que no se le reconocía su humanidad, decidió actuar al respecto. Fue así que, sin dudarlo, recurrió a la más importante de las intervenciones quirúrgicas a las que se había sometido: su cerebro positrónico fue conectado a nervios orgánicos.

Andrew explica su decisión:

“¿A quién le importa realmente el aspecto de un cerebro, cómo está hecho o cómo se formó? Lo que importa es que las células del cerebro se mueren; tienen que morir. Incluso si se mantiene o reemplaza cualquier otro órgano del cuerpo, las células del cerebro, que no se pueden sustituir sin cambiar y por consiguiente destruir la personalidad, tienen finalmente que morir. Mis circuitos positrónicos han durado casi dos siglos sin un cambio perceptible y pueden durar algunos siglos más. ¿No es ésta la barrera fundamental? Los seres humanos pueden tolerar un robot inmortal, pues no importa lo que dure una máquina. No pueden tolerar un humano inmortal porque su propia mortalidad sólo es soportable en la medida en que es universal. Y por esta razón no quieren convertirme en un ser humano.”

Pero el asunto estaba resuelto gracias a esa última operación. Después de ésta Andrew viviría sólo un año más.

El robot del hombre bicentenario decidió hacerse frágil y vulnerable, más aún, decidió hacerse mortal para convertirse en un ser humano.

No hay duda, hay una gran distancia entre Cutie y Andrew. ¿Cuál de los dos robots estaba en lo correcto?


Referencias

Asimov Isaac, Visiones de robot, Plaza & Janés, España, 1995.

lunes, agosto 10, 2009

Grafitis en la ciudad de México

Las siguientes imágenes son de grafitis que se encuentran afuera de la estación Escuadrón 201 (línea 8, Garibaldi-Constitución de 1917). El primero que descubrí fue el de Mazinger Z, cada vez que pasaba por ahí (los domingos) pensaba que tenía que fotografiarlo, cuando al fin lo hice descubrí muchos otros en ese mismo lugar. Ya subí varios (Una tarde, Vocación equivocada, Consejera, Indagación), y en otras entradas subiré más.









sábado, agosto 01, 2009

Levítico 18:22
o
Marvin Harris y los estilos de vida

¿Qué dice la Biblia sobre la homosexualidad?, ¿cuál fue el pecado de Sodoma?, ¿cómo interpretar las palabras del Levítico?, ¿qué significa, en este libro, el término abominación? Pero sobre todo, si realmente el Antiguo Testamento condena los actos homosexuales ¿por qué lo hace? ¿Qué tenían en mente los hombres que escribieron aquello de “no te echarás con varón como con mujer: es abominación”?

Los trabajos del antropólogo Marvin Harris pueden ayudar a encontrar respuestas.

¿Tienen los estilos de vida una explicación racional? Sí para Marvin Harris.

Harris defendía que los estilos de vida son irracionales sólo en apariencia. Veamos un estilo de vida: los hindúes se niegan a comer carne de vaca aun cuando mueren de hambre. ¿Es esto racional?, ¿cómo explicar este comportamiento?

En Vacas, cerdos, guerras y brujas Harris examina estilos de vida que, como el ejemplo que mencioné, parecen enigmas insolubles.


En el prólogo explica que ciertos estudiosos de las ciencias sociales consideran que los estilos de vida no pueden ser explicados, esos expertos afirman que “sólo Dios sabe por qué los kwakiutl queman sus casas, por qué los hindúes se abstienen de comer carne de vaca, o los judíos y musulmanes aborrecen la carne de cerdo, o por qué algunas gentes creen en mesías mientras otras creen en brujas.” Pero no pueden encontrarse explicaciones cuando se considera que no hay respuestas satisfactorias a los enigmas.

Harris parte de un supuesto: “la vida humana no es simplemente azarosa o caprichosa.” Así, al investigar teniendo su supuesto en mente, encuentra la recompensa: la anhelada explicación: “Con los años he descubierto que los estilos de vida que otros consideraban como totalmente inescrutables tenían en realidad causas definidas y fácilmente inteligibles.”

Harris era un antropólogo materialista. Afirmaba que los fenómenos culturales pueden explicarse estudiando las circunstancias prácticas. Para este autor, los estilos de vida parecen misteriosos porque se valoran las explicaciones espiritualizadas; en cambio, Harris decía que lo que se debe hacer es buscar las actividades ordinarias (triviales o vulgares) en que se fundan: “Entiendo por explicación trivial o vulgar la que se apoya en la tierra y está integrada por tripas, sexo, energía, viento, lluvia y otros fenómenos palpables y ordinarios.” Así, la razón por la que los judíos no comen carne de cerdo no estaría en los cielos, sino en la tierra. Entonces, siguiendo los argumentos de Harris, la explicación al Levítico 18:22 también estaría fundamentada en cuestiones terrenales.

Pero Harris también explicaba que buscar razones materiales no es fácil, ya que puede ser complicado encontrar los factores materiales que están involucrados en el estilo de vida que se busca comprender: “Cada estilo de vida se halla arropado en mitos y leyendas que prestan atención a condiciones sobrenaturales o poco prácticas.”

Otra dificultad que se presenta es que los que participan en un cierto estilo de vida son incapaces de explicarlo (la conciencia cotidiana no puede explicarse a sí misma), Harris consideraba que nuestro estado mental ordinario es ya una conciencia profundamente mistificada.

Al final del prólogo escribió sobre un tema polémico dentro de las ciencias sociales y la filosofía: ¿pueden estudiarse los fenómenos sociales de la misma manera como se estudian los fenómenos naturales?, ¿puede tratarse la conciencia humana como un objeto? Harris estaba convencido de que es posible dar una respuesta científica a fenómenos sociales como los estilos de vida. Y en su libro hay algunas respuestas, mismas que no consideraba certeras, sino sólo probables y razonables. Y es mejor –argumentaba- una respuesta probable a la falta de respuesta. ¿Pueden existir otras explicaciones alternativas? Claro, y Harris se mostraba dispuesto a preferirlas siempre y cuando “cumplan mejor los requisitos de demostración científica y en la medida que expliquen tanto.” Dos de los estilos de vida que analizó son el amor hindú a las vacas y la razón por la que los judíos no comen carne de cerdo.

Vamos a su obra. No comentaré detalladamente las ideas que desarrolla al respecto, sólo mencionaré que se trata –como ya lo decía el autor en el prólogo- de cuestiones prácticas.

Los hindúes, al no comer carne de vaca, obtienen más beneficios energéticos (la India, afirma Harris, utiliza su ganado vacuno con mayor eficiencia que Estados Unidos). El pueblo elegido, de no haber existido la prohibición de comer carne de cerdo, hubiera afectado dramáticamente el ecosistema.

Sobre este último punto escribe Harris. “Creo que la Biblia y el Corán condenaron al cerdo porque la cría de cerdos constituía una amenaza a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio (...) los cerdos constituían más una amenaza que una ventaja para las poblaciones agrícolas aldeanas y semisedentarias.” Harris analiza las condiciones existentes en la región y algunos aspectos fisiológicos de los cerdos.

Llegamos a un punto importante: la forma en la que el cerdo se convirtió en un tabú religioso. Harris escribe: “Como sucede con el tabú que prohíbe comer carne de vaca, cuanto mayor es la tentación, mayor es la necesidad de una prohibición divina. Generalmente se acepta esta relación como adecuada para explicar por qué los dioses están siempre tan interesados en combatir tentaciones sexuales tales como el incesto y el adulterio. Aquí lo aplico simplemente a un artículo alimenticio tentador. El Oriente Medio es un lugar inadecuado para criar cerdos, pero su carne constituye un placer suculento. La gente siempre encuentra difícil resistir por sí sola estas tentaciones. Por eso se oyó decir a Yavhé que tanto comer el cerdo como tocarlo era fuente de impureza. Se oyó repetir a Alá el mismo mensaje y por la misma razón: tratar de criar cerdos en cantidades importantes era una mala adaptación ecológica. Una producción a escala pequeña sólo aumentaría la tentación. Por consiguiente, era mejor prohibir totalmente el consumo de carne de cerdo, y centrarse en la cría de cabras, ovejas y ganado vacuno. Los cerdos eran sabrosos, pero resultaba demasiado costoso alimentarlos y refrigerarlos.”

Pero hay también otros alimentos que se prohíben en la Biblia, ¿cuál es la explicación en cada caso? Harris esboza la respuesta, y a continuación anota lo que puede llevarnos a responder las preguntas planteadas al inicio de esta entrada: “Ahora es el momento adecuado para rechazar la afirmación que sostiene que todas las prácticas alimenticias sancionadas por la religión tienen explicaciones ecológicas. Los tabúes cumplen también funciones sociales, como ayudar a la gente a considerarse una comunidad distintiva. La actual observancia de reglas dietéticas entre los musulmanes y judíos que viven fuera de sus tierras de origen del Oriente Medio cumple perfectamente esta función.”

Ahora pregunto ¿cómo explicar la orden “no te echarás con varón como con mujer: es abominación”? ¿Se ocupó Harris de este asunto? Si lo hizo, agradeceré que el lector me lo haga saber. Nuevamente transcribo una frase del anterior párrafo: “Los tabúes cumplen también funciones sociales, como ayudar a la gente a considerarse una comunidad distintiva.”

De hecho, Daniel Helminiak, en su texto Lo que la Biblia realmente dice sobre la homosexualidad, es lo que propone.


Helminiak afirma: “De acuerdo con la creencia judía, Israel era el ‘pueblo elegido de Dios’ y estaba unido a Dios por medio de un convenio, un pacto. Ese convenio requería que los israelitas no tomaran parte en las prácticas religiosas de los cananitas, el pueblo que los israelitas habían conquistado ‘con la ayuda de Dios’ y cuyo territorio habían tomado como su ‘tierra prometida’. Para permanecer separados de los gentiles, para ser como Dios el Señor y no como otra gente, era para ser ‘santos’, apartados, ser diferentes, escogidos, parecidos a Dios, bendecidos. Entonces, el cometido principal del código de santidad era mantener a Israel diferente de los gentiles (...) La homogenitalidad hacía que un hombre fuera como un Cananita.Y para los israelitas, el pueblo elegido de Dios, esto era inaceptable.”

¿Será esa la razón de ser de la orden que aparece en el Levítico?