martes, junio 02, 2009

Luis Benítez Bribiesca es Médico cirujano formado en la Escuela Médico Militar, se especializó en patología en diversas universidades del extranjero, en 1968 fundó el primer laboratorio de investigación oncológica en el Instituto Mexicano del Seguro Social, de igual forma, fue cofundador de la Escuela de Medicina de la Universidad Anáhuac. En el Centro Médico Siglo XXI él y su equipo han estudiado el cáncer cervicouterino.

En el número 82 (septiembre-octubre de 1988) de la revista Ciencia y Desarrollo publicó un interesante artículo en el que analiza casos de terapias fraudulentas que prometen curar el cáncer; anota Luis Benítez Bribiesca: "El avance científico y tecnológico de nuestro siglo ha empujado a muchos embaucadores a incorporar parte de la jerga científica a su quehacer diario; pero al final, siguen siendo los mismos de siempre. Lo que es más alarmante es que así se ha creado el nuevo tipo de charlatán, que podríamos calificar de 'científico'".

Le agradecemos mucho el permiso para publicar su trabajo (que por su extensión hemos divido en varias partes) en este blog.


Magia, charlatanería y cáncer(Primera parte)

Por Luis Benítez Bribiesca


“No hay nadie más crédulo que aquel que sufre de alguna enfermedad. Urge legislar adecuadamente para evitar que al paciente le ofrezcan falsas esperanzas por medio de curas rápidas, con hechos falsos o con mezclas ineficaces, mientras su padecimiento progresa sin control...”
Discurso del presidente Taft al Congreso, EE.UU., 1991


Contrario a lo que el público lego pueda pensar, el cáncer como entidad nosológica definida, se conoce desde muchos siglos atrás. Es posible que Hipócrates o su escuela médica en el siglo V antes de Cristo la hayan identificado y sean los responsables de haberla bautizado con el término griego Karkinos, que quiere decir cangrejo. El cáncer, pues, se identifica simbólicamente con un cangrejo, aunque no tiene relación alguna con el signo astrológico del mismo nombre, como algunos pretenden. Pero no fue realmente sino hasta mediados del siglo XVIII que esta enfermedad pudo estudiarse científicamente y separarse de otras diversas que, aunque se le parecen, obedecen a causas muy diversas. 1

En nuestro siglo, y en particular en su segunda mitad, hemos sido testigos de un avance espectacular en las investigaciones sobre el cáncer. La experimentación biomédica ha penetrado hasta el ámbito molecular de la vida y de la patología, descifrando día a día el complejo código de este temible padecimiento que ya es en muchos países del mundo, como el nuestro, la segunda causa de morbiletalidad en adultos. En el terreno del diagnóstico, los métodos microscópicos, bioquímicos, inmunoquímicos e imagenológicos han acercado cada día más al paciente a la frontera deseada del “diagnóstico oportuno”; con esto es posible ofrecer tratamientos verdaderamente curativos para algunos tipos de cáncer. El uso de instrumentos cada vez más poderosos y precisos de radiación ionizante y de medicamentos específicos para algunas neoplasias proporcionan mayores esperanzas de sobrevida. La cirugía racional y menos mutilante ofrece resultados mejores y los nuevos métodos llamados de “terapia coadyuvante” completan el armamento de lucha contra el cáncer. Asimismo, la educación, los estudios epidemiológicos y el conocimiento de agentes ambientales con efecto carcinógeno permiten ya efectuar campañas preventivas bien fundamentadas y con resultados alentadores. Así, por ejemplo, las campañas de pesquisa oportuna de cáncer cervicouterino y las de antitabaquismo han comenzado a rendir frutos muy alentadores.

Lo más importante, quizás, es que ya se logró integrar un grupo de acciones entre métodos de diversas especialidades para llevar a cabo un tratamiento más completo y equilibrado del paciente oncológico; esto es lo que se conoce como tratamiento multidisciplinario. Además, la investigación básica del cáncer, que se ocupa de su biología celular, de su bioquímica, de la genética, de la inmunología, etcétera (fenómenos que por su complejidad parecían circunscribirse al reducto y lenguaje de los científicos de laboratorio), encuentran ya una vía directa de aplicación en la medicina oncológica de nuestros días. En verdad, quien se interese, aunque sea de manera superficial, en el vasto campo de la biología, quedaría sorprendido si conociera todo lo que se ha investigado sobre esta enfermedad tan compleja. Parece que por fin puede sostenerse una visión optimista para descubrir métodos adecuados para el control de la enfermedad en un futuro no muy lejano. 2

Pero cambiemos de postura y analicemos lo que le ocurre a un paciente con un cáncer avanzado. A este sujeto no le interesa si su enfermedad se debe a una alteración de un proto-oncogen, si su aparato inmune tiene menos células citotóxicas, si su tumor tiene receptores de estrógenos o si la invasión y siembra a distancia de las células malignas se debe a una secreción anómala de proteasas. Lo que quiere saber es si existe alguna forma de curarlo; de erradicar definitivamente su padecimiento maligno en ese momento. Él no puede esperar cuatro o cinco decenios para que los descubrimientos recientes de los laboratorios de investigación oncológica se traduzcan en un nuevo medicamento efectivo. El canceroso reclama una solución que le aliente y le dé esperanza y fe en los métodos terapéuticos.

Es indudable que numerosos cánceres, en su etapa inicial, son curables, pero por desgracia la mayoría de los pacientes acuden en etapas avanzadas. Los centros oncológicos no pueden proporcionar un pronóstico optimista ni preciso en esos casos, y un gran número de pacientes deberá recorrer el espinoso camino de tratamientos más o menos agresivos que, entre caídas y levantadas, podría cuando más prolongar su vida. No hay duda que todavía existe una gran discordancia entre los logros espectaculares de la investigación oncológica y los métodos disponibles para curar al enfermo con cáncer. La desesperanza e impotencia de médicos y pacientes para hacer algo radical ante el avance progresivo de la enfermedad maligna explica, y a veces hasta justifica, la búsqueda de métodos heterodoxos para controlar el mal.

La magia, la superchería y en particular la charlatanería constituyen las opciones desesperadas e irracionales de muchos cancerosos; pero lamentablemente existen individuos inmorales que los convierten en instrumentos de explotación de esos seres humanos en desgracia, dispuestos a pagar lo que sea porque alguien les asegura que serán curados.


La magia y la medicina

Es curioso, pero explicable, que el origen de la magia y la medicina sea similar; no fue sino hasta los siglos XV y XVI en que claramente se separaron las dos disciplinas. La ciencia propiamente dicha se desprendió de la magia con las aportaciones de Galileo, Newton y Copérnico; la medicina lo hizo después con Vessalius y los que le siguieron, al destronar los dogmas de Galeno. Desde entonces el estudio de la enfermedad se encauzó paulatinamente por el camino de la ciencia, y se transformó de un arte mágico-religioso en una amalgama de ciencias biológicas aplicadas al entendimiento y tratamiento de las dolencias humanas. Después de la decantación de los conceptos científicos, el componente mágico no desapareció del pensamiento humano; se mezcló con las religiones nuevas, se amalgamó con el pensamiento medieval y renacentista y, paradójicamente, se enriqueció por último con los conocimientos científicos, de los que tomó sólo algunos elementos, los más apropiados, para alimentar el misterio y el simbolismo del pensamiento mágico.

Desde Zoroastro en Persia, desde los sirios y caldeos, desde los egipcios y los griegos emanan las prácticas mágicas que en forma sorprendente se han conservado y muchas todavía están en uso. A pesar de que en la tradición judeocristiana la magia estuvo claramente prohibida (tanto en el antiguo como en el nuevo testamento), en sus rituales y fórmulas filosófico-teológicas existen multitud de nexos con esta faceta, tenazmente aferrada al pensamiento humano. 3

En cuanto a la práctica de la medicina, que durante muchas centurias estuvo engarzada al pensamiento mágico-religioso, no es de extrañar que fuese completamente empírica y que el médico o shaman de todas las culturas fuera un personaje al que se le atribuían conocimientos y poderes de mago o de brujo. En muchas circunstancias, las prácticas curativas las realizaba el mismo ministro de algún culto religioso y en el propio templo dedicado a la adoración de sus deidades. Quizás el ejemplo mejor documentado lo tenemos en el culto de Aesclepeios en Grecia.


El dios de la medicina, las limpias y las curas

En la cultura occidental, que tiene sus raíces en la cultura griega, el dios de la medicina ha sido considerado tradicionalmente como Esculapio o Aesclepeios. No es posible demostrar con certidumbre la existencia real de esta persona que fue divinizada después de muerta, tal como ocurriera con el egipcio Imhotet; de cualquier manera, según la leyenda, Aesclepeios, fruto de los amores de Apolo con la ninfa Coronis, llevó su habilidad de médico al extremo de resucitar muertos. Durante su permanencia en la Tierra procreó una descendencia numerosa: Panacea fue la hija conocedora de todos los remedios que curaba cualquier padecimiento; Higía fue nombrada para velar por la salud pública y encargada de alimentar a las serpientes sagradas; Telésforo, representado siempre con aspecto de niño, era el protector de los convalecientes; Podalirio era el médico militar y fue precursor de la psiquiatría, ya que diagnosticó el carácter mental de la enfermedad de Ayax, hijo de Telamón; finalmente el afamado cirujano Macaonte fue célebre por su valor en el combate. En honor a Aesclepeios se construyeron numerosos templos y se estableció un ritual quasi religioso. Sin embargo, este culto griego nunca tuvo tendencias dogmáticas ni abrigó miras políticas, y sus sacerdotes fueron ciudadanos comunes; nunca miembros de una casta exclusiva o divina, como ocurría con otros ministros de religiones más cerradas.

La práctica del culto de Aesclepeios se llevaba a cabo en los “Aesclepeiones” o “santuarios” dedicados al dios de la medicina. Los templos se multiplicaron con tanta rapidez que los autores clásicos mencionan casi 300 de ellos. Estas construcciones se erigían sobre todo en sitios agradables a la vista, de suerte que desde su interior pudieran contemplarse bosques, fuentes y manantiales de aguas minerales. Los más célebres santuarios fueron emplazados en el Peloponeso, en Cnido, en Cos, en Pérgamo, en Cirene, en Atenas y otros sitios más. En Epidauro existen todavía las ruinas del templo más célebre de este culto con los magníficos propileos construidos por Policleto. En el centro, cerca de la estatua del dios, que se describe como monumental, se encontraba el abatón, es decir el lugar de reposo de los enfermos. 4

Los enfermos que acudían a los santuarios para invocar el auxilio de Esculapio eran inmediatamente sometidos a una cura preventiva, consistente en baños y ayunos. Una vez purificados y dignos de aproximarse al altar se los admitía en el interior del abatón, pórtico techado y abierto en donde se tendían sobre pieles de carnero, envuelto el cuerpo en mantas. Debilitados por el prolongado ayuno y aturdidos por brebajes soporíferos no tardaban en adormecerse.

En este punto empezaba la cura principal, una especie de psicoterapia fundada en el sueño, denominada “incubación”. Algunos piensan que esto era un ritual que producía lo que ahora se conoce como hipnosis de masas y que en ese estado hipnótico se usaba la sugestión como medio curativo, tal como se hace con la hipnosis médica moderna, como veremos más adelante. Cuando los pacientes perdían el conocimiento, los sacerdotes comenzaban a moverse alrededor de ellos seguidos de las serpientes sagradas, que parecían lamer las llagas de los durmientes. Al despertar, cada enfermo relataba las visiones que había tenido durante el sueño a un sacerdote, quien, después de interpretarlas, prescribía la cura correspondiente al caso. Esta fase podría denominarse diagnóstica, ya que después se daba una serie de medidas terapéuticas; sin embargo, en muchos casos el efecto de la sugestión hipnótica era tan potente que la curación se lograba durante el lapso de inducción del sueño. Cuando un enfermo no sanaba, los sacerdotes tenían siempre a flor de labio una réplica para los incurables: no habían sanado por no seguir al pie de la letra las prescripciones, o porque su fe en la terapia era todavía endeble.

Al abandonar el santuario, el enfermo depositaba una ofrenda de dinero y una tablilla votiva donde estaba escrito su nombre, la enfermedad que lo afligía y los remedios aconsejados por el sacerdote o médico. Esta tablilla se exhibía en las paredes del templo con objeto de infundir confianza a quienes llegaban después al santuario en busca de alivio para sus males.

Los sacerdotes actuaban movidos por el deseo de lucro, pero los enfermos de entonces, como los de todos los tiempos, estaban dispuestos a pagar lo que fuere por satisfacer el ardiente deseo de salud y la esperanza de conquistarla. Por esto, no es de extrañar que los desahuciados, como los enfermos de cáncer avanzado, acudieran a los templos de Aesclepeios, ni que los sacerdotes obtuvieran pingües ganancias de los fieles, a cambio de interceder por ellos ante las deidades del Olimpo; cualquier semejanza con los brujos y charlatanes de nuestra época no es pura coincidencia. Pero en los tiempos de la Grecia clásica no había otra opción; en cambio ahora las cosas son muy diferentes.

El pensamiento mágico-religioso con sus fórmulas mágicas, animales sagrados y templos especiales parece perpetuarse, con variaciones locales, a través de la historia. Es indudable que muchas partes de aquel ritual helénico tienen bastantes puntos de semejanza con lo que llamamos en nuestro país, y en otras culturas, fórmulas exorcísticas, limpias o vudúes. Es interesante el hecho de que estos rituales, ejemplificados por las conocidas y socorridas limpias, se usan ampliamente en nuestro país, mezclando elementos derivados de las culturas precortesianas, con elementos religiosos, cristianos y con procedimientos mágicos africanos y aun orientales, en un sincretismo harto complejo. Muchos pacientes con enfermedades graves, como el cáncer, acuden frecuentemente con los brujos para obtener la limpia de su mal; lo que resulta más notable es que el paciente sigue teniendo una fe irracional ante estos procedimientos, tal como ocurría con los seguidores del culto de Esculapio. Habría que preguntarse cuál es la motivación psicológica que impulsa al individuo a buscar estas soluciones completamente empíricas e irracionales para sus problemas de salud. ¿Será parte del inconsciente universal que postulaba Jung?


De las causas y los remedios del cáncer

El estudio de la enfermedad tiende a descubrir sus causas para encontrar la forma más adecuada de tratamiento. Lo mismo ocurre en el caso del cáncer; el descubrir su causa podría, en teoría, permitir un tratamiento etiológico adecuado. Hacia el siglo V a de C., Hipócrates definió el término y concepto de cáncer y propuso la que quizá fue la primera hipótesis acerca de su causa. De acuerdo con el padre de la medicina, el cuerpo humano contiene cuatro humores fundamentales: la sangre, la flema, la bilis amarilla y por último la bilis negra. Los excesos, las deficiencias o el secuestro de uno o de varios de estos humores básicos son la causa de todas las enfermedades; por esto, la salud puede obtenerse restaurando el equilibrio de estos humores dentro del cuerpo. Este concepto era considerado como lógico y acorde con la percepción aristotélica de la naturaleza, y era perfectamente compatible con el conocimiento más avanzado de la época. Por esto, Hipócrates propuso que el cáncer era una enfermedad causada por un exceso de bilis negra o atrabilis. Es sorprendente que esta idea fundamental haya prevalecido durante los 2000 años subsecuentes a su planteamiento y que algunos curanderos la invoquen todavía en la actualidad. Como consecuencia de estas hipótesis, Hipócrates recomendaba el siguiente tratamiento para el cáncer: evacuación adecuada de los intestinos durante diez semanas, mediante el uso de purgantes por lo menos una vez por semana. Si existía una gran vena en la vecindad del tumor se recomendaba entonces la venisección directa. El paciente debía bañarse todos los días en agua tibia y después emplastar con una pasta de verdigrís calcinado la parte afectada hasta que esta última se transformara en rojiza, después de lo cual debía cubrirse con una compresa de tela humedecida en la misma agua.1, 5

Más tarde, Aurelio Cornelio Celso, autor de un trabajo enciclopédico sobre medicina, trató de separar los tumores verdaderos de las inflamaciones propiamente dichas; en esta forma hizo una contribución sustancial al conocimiento de la patología. Pero en relación al cáncer, continuó con las ideas hipocráticas, y sólo recomendaba algunas medidas extraordinarias como, por ejemplo, que algunos tumores debían extirparse quirúrgicamente; sin embargo, decía que no todos los cánceres debían someterse a cauterización o a la incisión con el cuchillo, ya que alguno de esos tumores podía excitarse y causar la muerte.

Hacia el siglo II d. de C., Aglacon, que fue maestro de Galeno, propuso que un aumento de temperatura del hígado hacía que este órgano generara atrabilia, o sea, sangre descompuesta; en esas condiciones el bazo era incapaz de enfrentarse con el exceso de material atrabilioso y entonces se debilitaba. Esto hacía la sangre muy espesa y mucho más turbia, de tal manera que, cuando se sedimentaba en las partes más bajas del cuerpo, aparecían las hemorroides. Si este proceso continuaba, salían las venas varicosas en las piernas; si esto alcanzaba la piel, se producía la lepra, y si esa sangre espesa y descompuesta se almacenaba en algún órgano especial entonces aparecía el cáncer. El tratamiento de esta dolencia, de acuerdo con el maestro de Galeno, sólo es posible durante su etapa incipiente. Para su tratamiento, usaban melanogogos en forma continua hasta el estado original del órgano afectado retornara a lo normal; recomendaba también la venisección y el uso del agua Solanum Migrum.

Galeno fue para la medicina lo que Aristóteles para la filosofía, y su influencia se dejó sentir en todas las áreas de la medicina, incluyendo la oncología, durante más de 1300 años. Él fue un seguidor de la teoría humoral de la enfermedad y extendió el concepto de atrabilis como causa del cáncer. Atribuyó la causa de las neoplasias malignas a un exceso de bilis negra que se solidificaba en algunos sitios, como los labios, las mamas y la lengua. También indicó que los cánceres eran particularmente comunes en condiciones en las cuales no podía eliminarse la bilis negra, como las hemorroides o la suspensión de las menstruaciones (amenorrea). Para su tratamiento, recomendaba fundamentalmente la dieta, y hacía énfasis en que el paciente se abstuviera de comer nueces y en cambio, tomara muchos purgantes. También preconizaba el uso de minerales calcinados y de lavados, aunque también hacía énfasis en el uso de hidromiel en forma continua y señalaba que si el cáncer se encontraba en un órgano que podía rescatarse quirúrgicamente había que extirparlo desde su raíz.

El pensamiento galénico dominó la medicina hasta el siglo XVII. Durante toda la Edad Media cualquier duda de su autoridad era prácticamente una herejía. Durante el periodo que siguió a la caída del Imperio Romano hasta el Renacimiento, la iglesia católica desempeñó un papel definitivo y paradójico, al preservar el conocimiento clásico y detener el desarrollo de cualquier nuevo tipo de saber. Durante el Renacimiento ya fue posible poner en duda la existencia de la bilis negra y el que su acumulación produjera cáncer. Si el cáncer es un acopio de bilis negra, ¿por qué no podemos encontrarlo al cortar este tumor durante su disección?

En el siglo XVI Paracelso, quien era un alquimista, atacó el pensamiento aristotélico y galénico, pero también propuso algunas hipótesis un tanto extrañas. Decía que la cura de las enfermedades tenía que estar basada en la búsqueda de su esencia a través del fuego; pensaba que al quemar un objeto podría separar su contenido en los tres principios de la alquimia: el azufre es lo que se quema, el mercurio es el humo o vapor y la sal o mineral es la ceniza. Paracelos pensaba que el cáncer se debía a un exceso de sales minerales en la sangre y se desarrollaba cuando estos diferentes tipos de sales se concentraban para buscar salida del cuerpo. Así las cosas, por aquella época y hasta el siglo XVII aproximadamente, casi cualquier individuo con cierta cultura y experiencia en el área médica se sentía capaz de proponer teorías del cáncer y por supuesto métodos para su tratamiento.

Más adelante, Stahl y Hoffman propusieron que el cáncer estaba compuesto de linfa fermentada y degenerada, con densidad variable y con grados diversos de acidez y alcalinidad. La teoría linfática del cáncer adquirió apoyo muy rápido, tanto, que John Hunter en Inglaterra estuvo de acuerdo con que los tumores se originaban de linfa coagulable, constantemente extraída de la sangre. La teoría linfática del cáncer tiene una similitud muy clara con la teoría alquimista de Paracelso y con la teoría humoral de Hipócrates y de Galeno. 1

En realidad fue hasta 1761 que la medicina alcanzó el verdadero nivel de renacimiento con la publicación del monumental libro de Giovanni Battista Morgagni, Los sitios y las causas de las enfermedades, donde se correlacionaban los datos de autopsia con los hallazgos clínicos, de por lo menos 700 casos acuciosamente estudiados.

Es importante destacar que numerosos curanderos y charlatanes todavía invocan muchas de aquellas arcaicas ideas y métodos curativos, pretendiendo convencer a sus incautos pacientes de que sus remedios son los de Hipócrates o de Galeno y que por eso son infalibles. El pensamiento mágico prevalece sobre el científico porque se recubre de un aura de tradición, dogmatismo y misterio. Hipócrates y Galeno son los dioses de la salud.

REFERENCIAS

1 Kardinal, C.G. y J.A. Yarbro, “A Conceptual History of Cancer”, Semin. Oncol., vol. 6, 1979, pp. 396-408.
2 Benítez Bribiesca, L., “Biología de la célula neoplásica. Su importancia para la oncología clínica.”, Rev. Med. IMSS, vol. 25, 1987, pp. 457-467.
3 Dumas, R.F., Historia de la magia, Plaza y Janés, S.A., Editores, 1ª Ed., Barcelona, España, 1973.
4 Margotta, R., Historia de la medicina, Editorial Novaro, S.A., 1ª Ed., México, 1972.
5 Lain Entralgo, P., La medicina hipocrática, Ediciones Castilla, 1ª Ed., Madrid, 1976.

Segunda parte

viernes, mayo 29, 2009

Hagan sus apuestas

La grandeza del hombre

Blaise Pascal (1623-1662) fue un librepensador y ateo en su juventud. Años más tarde se convirtió al cristianismo, de tal forma que combinaba sus intereses científicos y religiosos. Para él la razón no es contraria a la religión. Excluir la razón y no admitir más que a la razón, son dos excesos. Razón y fe son compatibles.

Tenía la intención de escribir una obra a la que llamaría “Apología de la religión cristiana”; ésta no fue terminada, pero sus fragmentos se encuentran en la obra “Pensamientos”. Pascal planeaba escribir sobre la miseria del hombre sin Dios, la felicidad del hombre en Dios y el conocimiento de Dios en Jesucristo. Para Pascal en Jesucristo podemos encontrar tanto a Dios como a nuestra miseria.

El hombre es concebido por Pascal como un ser débil física y moralmente. ¿Por qué? Porque el egoísmo muchas veces triunfa sobre la caridad; porque la vida es contradictoria y el hombre refleja esta característica: los seres humanos somos alternativamente crédulos e incrédulos, tímidos y temerarios.

El hombre debe hacer un esfuerzo por conocerse a sí mismo, y tal cosa es imposible si no podemos sentarnos a reflexionar, si no podemos hacer a un lado el “ruido” del mundo que suele distraernos (televisión, radio, internet, etc.); al respecto Pascal afirmaba que “toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa, que es el no saber quedarse tranquilos en un cuarto.”

Y ¿qué puede encontrar el hombre al conocerse a sí mismo? Su doble naturaleza.

El hombre es, al mismo tiempo, grande y miserable. Y su grandeza se encuentra en el conocimiento de su miseria. En palabras de Pascal: “La grandeza del hombre es grande en cuanto se sabe miserable. Un árbol no se sabe miserable.” Así, el hombre está a medio camino entre la nada y el todo.

Pero Pascal no pretende demostrar que Dios existe. Menciona que es mejor apostar a que existe a que no existe. Nada perdemos en el primer caso; en el segundo, podríamos perder todo.


Creer o no creer, ¿qué resulta menos peligroso?

Continuemos con la apuesta mencionada en el párrafo anterior.

Supongamos que alguien le ofrece al lector un billete completo de lotería por una suma risible, ¿lo compraría? Si nuestro billete no resultara ganador, nada habríamos perdido realmente, pero si no lo compráramos y finalmente resultara ser el ganador, habríamos perdido mucho. Ese es el razonamiento de Pascal.

Veamos. ¿Qué podríamos perder en caso de, equivocadamente, apostar por la existencia de Dios? Tiempo en la iglesia, dinero (si es que decidimos gastar en bautizos, misas de quince años, bodas, etc.), tal vez algo de diversión. Por otro lado, ¿qué perderíamos en caso de, equivocadamente, apostar por la no existencia de Dios? ¡Todo!, diría Pascal. Hay quienes aseguran que la no creencia en Dios se castiga con sufrimientos por toda la eternidad... ¡Glup! Tal vez debería apostar por la existencia de Dios.

“Teoría de la decisión: Grandes expectativas” es el capítulo 13 de un libro de lógica (cuyo título no tengo a la mano) escrito con un gran sentido del humor. En dicho capítulo aparecen algunos comentarios sobre la apuesta de Pascal.

El autor explica lo que en lógica se llama teoría de la decisión. Me saltaré todo el asunto matemático (sí, merezco algunos abucheos), simplemente mencionaré los razonamientos que hace sobre la famosa apuesta.

Escribe el autor: “La Apuesta podría parecer muy persuasiva, pero de hecho comete un error simple de la decisión teórica. Omite algunas posibilidades relevantes. No hay un solo dios posible, hay muchos: el Dios cristiano, el Alá del Islam, el Brahman del Hinduismo, y muchos otros que veneran varias religiones menores. Y muchos de éstos son unos dioses muy celosos. Si Dios existe, y no creemos en él, estás en problemas; pero si Alá existe y no creemos en él, también estamos en problemas, y así. Además, si Dios existe y tú crees en Alá –o viceversa- es aún peor, ya que tanto en el cristianismo como en el Islam, creer en dioses falsos es peor que ser un simple ateo.”

Al parecer recibirán mayores castigos aquellos que creen en dioses falsos que aquellos que niegan la existencia de todos... ¡Y para atinarle al bueno (o a los buenos) está difícil!

Después de hacer algunos cálculos concluye: “Las cosas no parecen prometedoras. Pero es claro que los creyentes en algún dios resultarán peor. No debemos creer en ninguno.”


Las otras apuestas

El físico Robert L. Park es experto en ciencia vudú. ¿A qué llama ciencia vudú? A la ciencia patológica, la ciencia basura, la pseudociencia y la ciencia fraudulenta. Aunque hay ciertas diferencias entre unas y otras, todas tienen algo en común: presentan como ciencia algo que en realidad no lo es.

En su libro Ciencia o Vudú. De la ingenuidad al fraude científico (Editorial Grijalbo), L. Park afirma: “Normalmente se suele invocar algún tipo de apuesta de Pascal a la hora de justificar proyectos imposibles. En nuestro recorrido por la ciencia vudú descubriremos la apuesta de Pascal tras sus numerosos disfraces.”



Y es que las pseudociencias prometen algo a cambio de nada o mucho a cambio de poco (conocimiento sin la necesidad del estudio, por ejemplo). Sin duda el canto de las sirenas parece irresistible.

Algunas de las promesas que examina L. Park se refieren a la creación de máquinas que infringen las leyes de la termodinámica (aparatos que, por ejemplo, pueden generar más energía de la que se les suministra). Incluso la NASA ha financiado proyectos similares, ¿por qué? Porque el dinero que se invierte es relativamente poco, esos proyectos tienen pocas probabilidades de funcionar, pero, en caso de hacerlo, producirían un beneficio enorme (saludos a Pascal). La NASA le ha apostado –nos informa Robert L. Park- a los escudos antigravitatorios. El físico cuenta sus experiencias con inventores de aparatos antigravedad.

En el caso de la NASA se trató de un experimento ideado por el físico Eugene Podkletnov. Escribe L. Park:

“Nadie tomó el postulado de Podkletnov lo bastante en serio como para tratar de repetir su experimento, excepto la NASA. Este organismo ha dedicado cuatro años y más de un millón de dólares a tratar de repetirlo. Hasta ahora, los resultados han sido ‘poco concluyentes’. En este caso, eso significa que los investigadores midieron una variación de peso de sólo dos partes entre cien millones, lo cual, admiten, pudo haber sido simplemente un error de medición. Cualquier reducción de peso, por pequeña que fuera, supondría un descubrimiento revolucionario; pero unos efectos tan pequeños suscitan inevitablemente preguntas acerca de posibles defectos del experimento.”

Uno de los responsables del proyecto fue interrogado por un periodista acerca de las razones para financiar un proyecto con tan pocas perspectivas de éxito. “Deje volar sin freno su imaginación. ¿Qué se podría hacer si pudiéramos reducir la gravedad en un 50%, o anularla completamente?”, fue su respuesta. La apuesta es clara.

A L. Park le preguntaron acerca de lo que se podría lograr en caso de fabricar un escudo antigravitatorio, su respuesta fue:

“Bueno, por una parte se podría construir una máquina de movimiento perpetuo. Imagínese, si lo desea, una rueda montada en un eje horizontal. Si se colocara un escudo que redujera la gravedad en mayor o menor medida debajo de una mitad de la rueda, ésta quedaría desequilibrada; eso la haría rotar, y lo haría continuamente. Esta idea apenas es nueva: se propuso hace ya unos doscientos cincuenta años. Lo único que faltaba entonces era el escudo; y hoy también sigue faltando.

“Se puede ver este asunto de dos maneras: o bien aceptamos la primera Ley de la termodinámica, en cuyo caso el hecho de que el escudo gravitatorio permitiera construir una máquina de movimiento perpetuo se convierte en una prueba de que tal escudo resulta imposible, o bien imaginamos que la primera Ley de la termodinámica podría estar equivocada y nos lanzamos a investigar en busca del escudo antigravitatorio. Los científicos de la NASA escogieron la segunda opción. Han apostado en contra de las leyes de la termodinámica. Pero nadie ha ganado tal apuesta.”

En el libro de Park aparecen inventores de máquinas de movimiento perpetuo, los físicos que defienden la fusión fría, homeópatas, practicantes de la “medicina cuántica” (como Deepak Chopra), parapsicólogos, astrólogos, etc.

Aquí algo más sobre Ciencia o Vudú.

Aquí algo sobre otro libro de Robert L. Park: Superstition. Belief in the Age of Science.

miércoles, mayo 27, 2009

Vocación equivocada


¿Ángel o demonio?

Se supone que por tu naturaleza jamás te sucedería.

Por ello es que no estabas preparada para ello.

Alguien como tú no podía enamorarse, no era parte de las reglas.

El juego no se trataba de eso.

Lloras, sufres... y es en vano.

Lo que obtienes de tus semejantes no es apoyo sino todo lo contrario. Sabes que estás a punto de convertirte en objeto de las burlas, de la violencia, de las miradas inquisitivas.

“¿Por qué luchas contra tu esencia?, ¿por qué te rebelas de esa forma?, ¿no estás orgullosa de lo que eres, de lo que somos?”

Nada respondes.

Lo único que deseas -y la sola idea horroriza a tus hermanas- es cuidarlo, protegerlo, estar con él... y, claro, ser correspondida.

Pero no eres un ángel, no puedes serlo, por ello es que tus lágrimas no valen la pena.

¿Cómo entender tu amor por un mortal? ¿Cómo explicar lo que sientes si no eres más que un súcubo?

miércoles, mayo 20, 2009

Consejera


La noche, lo sabes bien, nos regala maravillas, prodigios y portentos; pero también miserias, espantos y horrores.

Hace mucho que tus alas te permiten explorar, ir a los lugares que -dicen- no visitan las hadas decentes.

La oscuridad aparece y con ella llegan sus ángeles, pero también sus demonios; aprendiste rápidamente la valiosa lección.

Comenzó tu metamorfosis. Sentiste miedo cuando tus uñas se afilaron, cuando te crecieron pequeños colmillos.

Para sobrevivir necesitabas esos cambios.

Has sido víctima, pero también verdugo.

Conoces el amor y el odio. La paz y su ausencia.

Por ello es que de vez en cuando necesitas tomar un descanso, un respiro.

Y acudes a ella.

Es tu amiga. Te comprende, te respeta y estima. Sabes que siempre estará dispuesta a escucharte.

Mejor guía que la luna no podrías tener.

martes, mayo 19, 2009

Indagación


-Me quiere... No me quiere... ¡¡Me quiere!!

Método infalible para saber si te corresponden: recurrir a las hadas de alas azules.

Después de un rato, el chico dudó de la respuesta obtenida; así, decidió corroborar el resultado.

Varias horas le tomó atrapar otra. Sin ningún sentimiento de culpa ante el dolor de la pequeña criatura, comenzó la cruel investigación.

Obtuvo la respuesta deseada, pero la alegría duró poco...

¿Cuántas hadas serían despojadas de sus alas a causa de las inseguridades de un adolescente?

lunes, mayo 18, 2009

Una tarde

Es domingo.

Pronto caerá la noche.

Vagas por la ciudad.

Sin rumbo fijo. Sin una meta.

Tampoco esperas grandes sorpresas.

Sólo deseas caminar. Sentir el viento contra tu rostro.

Entonces sucede...

Llegas a la entrada del metro Escuadrón 201. Te topas con un puesto de tortas o de tacos, ya está cerrado.

¿Qué podría haber detrás?

Nada. Nada especial.

Un niño.

Un perro.

Un borracho orinando.

Tal vez otro vago: otro que -como tú- disfrute de caminar sin sentido.

Te equivocas.

Entonces los ves.

Parece que no se percatan de tu presencia.

Y tomas la imagen.


No deseas perturbarlos, así que te alejas y continúas disfrutando del viento contra tu rostro.

jueves, mayo 14, 2009

ARTE Y CIENCIA
Entrevista con Carlos Yustis

¿Quién no se ha sentido maravillado con fotografías astronómicas?, ¿quién no ha apreciado el mundo de los insectos o de los habitantes de los océanos, por poner dos ejemplos, mediante imágenes? La fotografía es una forma de acercarse a la ciencia.

Las fotografías pueden despertar la curiosidad y el asombro, de ahí que para muchas personas puedan ser su primer contacto con la ciencia.

Por ello es que decidí conocer más de cerca a un fotógrafo dedicado a la divulgación científica.

Juan Carlos Yustis Rubio actualmente está a cargo del Departamento de fotografía del Instituto de Astronomía de la UNAM, ha realizado fotografías y diseños para libros, revistas y folletos de divulgación científica.

Me puse en contacto con él para pedirle una entrevista, fue así como amablemente me recibió en su cubículo en el Instituto de Astronomía.


Carlos, ¿cómo descubres tu vocación de fotógrafo?

Soy cantante, estudié cinco o seis años en la Escuela Nacional de Música, y entré a trabajar –por una plaza por concurso- en el ballet folklórico de Amalia Hernández, como cantante; estaba yo muy joven y en esa época nos fuimos tres meses a Japón, y al inicio del viaje tuve la oportunidad de comprarme una cámara fotográfica –una canon que me acompañó durante mucho tiempo-. Y empecé a tomar fotografías durante este viaje. Al verlas y por comentarios de la gente, me di cuenta que tenía esta sensibilidad para tomar fotografías.

¿Qué edad tenías?

Como 23 años. Seguí viajando algún tiempo y ya cuando regresé quise formalizar un poco más. Me inscribí en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y empecé a trabajar más en serio toda la parte del diseño, luego ya me di cuenta que quería dedicarme sólo a la fotografía, dejé de lado la parte del diseño, y me metí a la Escuela Activa de Fotografía; entonces ya hice formalmente esos estudios y después me quedé como ocho años ya trabajando en fotografía y dando clases en la Escuela Activa en Coyoacán.

¿En qué momento comienzas a hacer fotografía para divulgación científica?

Por ciertas circunstancias de la vida me fui a Chiapas, estuve trabajando algún tiempo allá, dejé la escuela de fotografía. Eché a andar una casa de la cultura allá en Chiapas, que afortunadamente todavía continúa sus labores. De regreso a la ciudad de México encontré una convocatoria que apareció en la Gaceta de la UNAM, buscaban un fotógrafo profesional para el Instituto de Astronomía, entonces vine, me inscribí, hice el concurso junto con otras 11 ó 12 personas más, y me quedé trabajando aquí en el instituto. Obviamente al entrar empiezo a tener contacto con toda la parte científica, y me hago cargo del departamento de fotografía. Después regresé al diseño gráfico y se extiendió el departamento a fotografía y diseño gráfico, que es lo que he tenido a mi cargo ya casi por veinte años.


¿Cómo ha cambiado tu trabajo a lo largo de estos años?

Yo empecé muy clásico con el cuarto oscuro, tenía aquí mi propio cuarto oscuro; me dedicaba a preparar y revelar material para investigación, interferogramas, anillos, etc. Esas mismas imágenes se usaban después para las publicaciones científicas. Luego viene la fotografía digital y posteriormente, por ausencia del que era el diseñador gráfico del instituto, me empiezan a pedir trabajos en esa área, renuncia el diseñador en esa época y me quedo yo a cargo de los dos departamentos.

Hay fotografías para investigación y para divulgación, ¿tú has hecho de las dos?

Sí, pero de investigación ya casi no, porque los astrónomos obtienen su propio material. Antes sí se usaba más obtener placas, ampliarlas, imprimirlas, pero ahora ya es digital y los astrónomos obtienen su propio material. Entonces me he dedicado mucho más a la difusión.

De tus trabajos para divulgación ¿cuáles recuerdas especialmente?

Son muchos y no me acuerdo de algo específico, pero creo que el más relevante es mi trabajo con Julieta Fierro y antes con un muy buen amigo, ya fallecido, hijo de un gran músico -el maestro Herrera de la Fuente- y también él mismo músico: Miguel Ángel Herrera. Con ellos me dediqué a la difusión científica: a hacer libros y folletos.

¿Cómo ves la relación entre el arte y la ciencia?

Qué curioso que me preguntes eso. Fíjate que aquí en el Instituto de Astronomía, hace un poco más de dos años, por iniciativa de nuestro director, el doctor José Franco, y de Ángel Mayrén, un ex bailarín y coreógrafo del Departamento de Danza de la UNAM, se pensó en esta unión entre ciencia y arte, y se creó el Primer encuentro de ciencias y artes, y se inició aquí en el instituto. Ángel Mayrén y yo nos hicimos cargo de las exposiciones y las partes de danza y teatro que se presentaron aquí en el instituto, y tenemos contacto con el Taller Coreográfico de la UNAM, que nos ofrece funciones, y ahora hasta una coreografía: la coreografía de Galileo que recientemente –por el año internacional de la astronomía- hizo la maestra Gloria Contreras.

La ciencia y el arte han estado muy cerca, Leonardo da Vinci nos muestra la forma en que se conjugan; tenemos lo de la sección áurea, la sucesión de Fibonacci. Por otro lado tenemos que muchos de los científicos tienen esta vena artística. Parece que están muy conectadas en el cerebro estas dos partes y funcionan a veces de manera conjunta, hay muchos científicos que se dedican a pintar o en gran medida aquí en el instituto a hacer música: hay pianistas, violinistas, flautistas, cantantes. Además de su trabajo científico desarrollan esta otra parte. Curiosamente esto nos llevó también a la reciente creación del Coro Filarmónico Universitario, una iniciativa de científicos, que nace aquí en el instituto de astronomía, con el doctor Juan Echeverría, la maestra Christine Allen y conmigo, entre los tres echamos a andar este proyecto, con el apoyo del doctor José Franco. También es una gente de arte, es rockero, tiene su grupo, que se llama No estacionarse –si no me equivoco-; y siempre ha apoyado mucho lo de las artes. Ahora estos encuentros entre ciencias y artes se han vuelto muy famosos en la UNAM, éstos abordan tanto la promoción del conocimiento científico como la parte de la muestra artística, hecha tanto por científicos como por otras personas.

Estoy convencido que la ciencia y el arte son los dos pilares que forman parte del conocimiento humano y sobre los que se puede construir una sociedad. La educación, el conocimiento científico, el conocimiento artístico y el desarrollo de las humanidades son los pilares que permiten que una sociedad florezca, y entre mayor apoyo demos a esto, mejor será la sociedad en la que vivimos. Hemos visto como la falta de apoyo ha procurado una sociedad muy ignorante y a la que le falta mucho para avanzar, tanto por el desconocimiento de la ciencia como de las artes. El resultado ha sido una sociedad que reflexiona poco.

Antes de entrar al instituto, ¿cómo era tu relación con la ciencia?

Me gustaba mucho investigar en los libros. Recuerdo libros que me fascinaron desde muy joven, como El mono desnudo de Desmond Morris y posteriormente El zoo humano. Me interesaba cómo se había iniciado la vida, los experimentos de Stanley Miller. Leía y disfrutaba mucho. Mis estancias en los laboratorios de biología, sobre todo en la preparatoria, era algo que me encantaba. Obviamente al ingresar aquí, por los compañeros con los que trabajo, me encuentro inmerso en un mundo científico y me acerco mucho más a la astronomía.

Muchas personas tienen la impresión de que los científicos son unos personajes extraños, ¿cambió tu percepción de ellos al entrar aquí?

No conmigo, no me sucedió eso. Sé cuál es la percepción social de los científicos. Y realmente un científico es una persona como cualquier otra, con una sola característica que lo hace muy especial –y que todos tenemos-: la curiosidad infantil. La curiosidad de cómo son las cosas y cómo funcionan. Eso es todo lo que hace un científico: hacerse esas preguntas y adquirir ciertas herramientas -por ejemplo, las matemáticas- para poder responder. Basta que a un niño se le impulse un poquito y se le deje desarrollar esta curiosidad, y vaya buscando respuestas, para que se haga científico. En lugar de una educación que impone el conocimiento sólo a través de la memoria y no del análisis. Eso se necesita cambiar para que mejore la educación en México.

¿En cuanto a la música en qué estás trabajando actualmente?

Estoy muy metido en la creación del Coro Filarmónico Universitario. Está apoyado por veinte ilustres universitarios de muy distintas ramas y la sociedad está presidida por el rector, tenemos todo el apoyo institucional pero es una sociedad civil. Este coro está pensado para acompañar a la Orquesta Filarmónica de la UNAM. Así es como se ha desenvuelto últimamente, se ha logrado esta meta, mucho más rápido de lo que habíamos pensado. Ya funciona el coro, funciona muy bien. Ya nos hemos presentado y tenemos varios programas para junio y noviembre. Hay una gran actividad del coro. Este trabajo no tiene una recompensa económica pero sí una gran recompensa artística y emocional. Salvo el pianista y el director invitado, todos los demás lo hacemos por amor al arte. Y está conformado por gente que tiene una gran afición a la música, que ya sabe cantar y que ya sabe leer música. Es increíble haber encontrado a todas estas personas, y aproximadamente somos 160 elementos.

¿Y en cuanto a la fotografía?

Tengo mi trabajo constante aquí, en la parte de divulgación científica. Me encanta también hacer fotografía de retrato, y aquí hay muchas oportunidades, por investigadores a los que hay que estar haciendo fotografías. A parte de eso preparo material para exposiciones, el año pasado tuve varias exposiciones en UNIVERSUM, una que se llamó Calendario Caleidoscópico; luego preparé una exposición individual para el aniversario de ciencias y artes en el mismo UNIVERSUM. En el museo de las ciencias tengo otras invitaciones, también en el Museo de la luz, en la Facultad de Ciencias y en la Procuraduría General de Justicia. Tengo muchas invitaciones, pero me falta tiempo. Espero hacerlas este año pero estoy lleno de trabajo, por ejemplo, también estoy trabajando con lo del Año Internacional de la Astronomía. Pero son invitaciones y no he confirmado fechas.


Al final de nuestra charla le pregunté acerca de los premios y reconocimientos que ha recibido como fotógrafo, modestamente me constestó:

He recibido varios reconocimientos, pero no vale la pena mencionarlos, lo importante es el trabajo, lo que se muestra cada día.

miércoles, mayo 06, 2009

¿Cirugía psíquica?

El año pasado en la Biblioteca de México José Vasconcelos compré varios números de la revista Generación. El número 74 está dedicado a las Noches sin rumbo. Colaboraron, entre otros escritores, Alberto Chimal, J.M. Servín, Gullermo Fadanelli y Eusebio Ruvalcaba. En ese mismo número apareció un texto acerca de las operaciones milagrosas de la curandera Pachita.


La curandera, según la leyenda que se ha creado a su alrededor, realizaba cirugías psíquicas. Pero no sólo eso, además de poder operar un tumor, por ejemplo, era capaz de materializar instrumentos (como tijeras) y órganos para realizar transplantes. Ya lo veremos con mayor detalle en el siguiente apartado.

Lorenzo León Diez es el autor del artículo “El cuchillo de Pachita”. León Diez escribe que Alejandro Jodorowsky además de atestiguar varias operaciones, también participó en ellas (tal y como lo hiciera el psicólogo Jacobo Grinberg, también lo veremos en el siguiente apartado). Posteriormente, Jodorowsky, debido a un dolor en el hígado, se sometió a una operación con Pachita, escribe León Diez:

Como (Jodorowsky) ya operaba con Pachita, le declara su dolencia. Al frotarle el vientre con un huevo, como lo hacía con sus pacientes, la santa le informa: “Niño querido del alma, aquí tienes un tumor. Te voy a operar para arrancártelo de cuajo”. Lo ve palidecer y, riendo, le dice lo mismo que alguna vez a Grinberg: "Llevo más de setenta años operando, miles de personas han sido abiertas por el cuchillo del Hermano. Si hubiera ocurrido un percance a alguno de los pacientes, hace tiempo que estaría en la cárcel."

Con una irresistible curiosidad, Jodorowsky decide entregarse a la experiencia para saber qué se siente operarse en tan raras circunstancias. Se quita la camisa. Un par de tijeras aparece en la mano de la curandera. “Hizo un rollo con mi piel y dio un corte. Oí el ruido de las dos hojas de acero. Comenzó el horror. Aquello no era teatro. ¡Sentí el dolor que siente una persona a la que le cortan la carne con unas tijeras! Corría la sangre y pensé que me moría. Después, me dio una cuchillada en el vientre y sentí que lo abría dejando mis tripas al aire. ¡Espantoso! Nunca me había sentido tan mal. Durante unos minutos que me parecieron eternos, sufrí atrozmente y me quedé en blanco. Pachita me hizo una transfusión. 


A medida que escupía su extraño líquido por el tubo de plástico que me había embutido en la muñeca, sentí un poco que me invadía un agradable calor. Después levantó mi hígado sangrante y comenzó a tirar una excrescencia que tenía. ‘Vamos a arrancarlo de raíz’, afirmó el gran hermano. Y yo padecí, aparte del olor a sangre y de la horrorosa visión de la víscera granate, el dolor más grande que había sentido en mi vida. Chillé sin pudor. Dio el último tirón. Me mostró un pedazo de materia que parecía moverse como un sapo, le hizo envolver en papel negro, me colocó el hígado en su sitio, me pasó las manos por el vientre cerrando la herida y al instante desapareció el dolor.”



Las descripciones que Grinberg y Jodorowsky hacen de las operaciones que realizaba Pachita, hacen aparecer como inexpertos a Tony Agpaoa y a Alex Orbito (acá y acá se puede leer sobre la visita del charlatán a nuestro país en el 2004).

En su artículo, León Diez escribe sobre la “explicación científica” a las operaciones de la curandera. Jacobo Grinberg desarrolló la “teoría sintérgica” (mezcla de mecánica cuántica y conceptos inventados por el mismo Grinberg). Miguel Paz ha escrito sobre cómo la teoría de las supercuerdas puede explicar el fenómeno Pachita.

León Diez también explica que Jodorowsky aplicaría las “técnicas” de Pachita en sus propias prácticas: la psicomagia, el psicochamanismo y la psicogenealogía. Mauricio-José Schwarz ya ha escrito sobre las maravillas que Jodorowsky pone al alcance del público; aquí y aquí.

Al final del artículo León Diez afirma: “La existencia de Pachita es un fenómeno médico, místico, cultural, pero especialmente un manifiesto energético. La masa de personas que pasaron por sus manos tuvo un impacto todavía insospechado en la psique popular (es más, historietas como Hermelinda Linda quizá no son ajenas a su actividad). El legado de las terapias como las que propaga Jodorowsky tienen a Pachita en su base. Teorías físicas como la que creó Jacobo Grinberg están sustentadas en las acciones probadas de la chamana; la subcultura de la mexicanidad que permea una vasta gama de expresiones, encuentra en el nombre de Pachita un argumento de su trascendencia e, incluso, el pensamiento lógico más fino, como el del dominico Cocagnac, aceptan la pureza de su espiritualidad. Las ediciones en puerta de la obra de Jacobo Grinberg serán un acontecimiento que renueve su enigmático mensaje que está en la raíz y la superficie de la cultura mexicana.”

Las siguientes son algunas reflexiones que hace tiempo realicé sobre la curandera mexicana.


PACHITA

El paradero de Jacobo Grinberg se desconoce. Lo que es posible decir con exactitud es que estaba interesado en el mundo de lo paranormal.

Grinberg obtuvo el título de psicólogo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Por su interés en los fenómenos paranormales es que en la cámara del sueño de la Facultad de Psicología se llevaron a cabo algunos experimentos con niños que aseguraban poder ver con la piel de las palmas de las manos (visión extraocular), ver aquí.



No fueron pocos los problemas que Grinberg enfrentó debido a su curiosidad y, según dejó escrito, casi le cuesta su puesto de profesor en la universidad porque ninguno de sus colegas ha podido aceptar la existencia de ese “nivel de realidad”. ¿A que nivel de realidad se refería?

Grinberg convivió con una curandera llamada Bárbara Guerrero, mejor conocida como Pachita. Según Grinberg “durante las operaciones que realizaba ella era capaz de materializar y desmaterializar objetos, órganos y tejidos. El manejo de las estructuras orgánicas le permitían realizar trasplantes de órganos a voluntad, curaciones de todo tipo y diagnósticos a distancia con un poder y exactitud colosales”.

Grinberg presenció una gran cantidad de operaciones, operaciones que resultan inverosímiles; veamos un ejemplo:

El caso más extraordinario y el que me enseñó que realmente no existen límites, fue el de una niña, quien en una operación convencional había sido sobreanestesiada, dejándole su cerebro muerto por la falta de oxígeno. Los padres, desesperados después de ver una docena de neurólogos, dieron con Pachita y le pidieron ayuda. Pachita aceptó y la segunda operación que vi aquella primera noche, fue un trasplante de corteza cerebral en la niña sobreanestesiada.

Durante más de diez años me he dedicado a investigar algunos aspectos de la fisiología cerebral y aunque me considero bastante revolucionario entre mis colegas, jamás me imaginé, ni podría haber aceptado, que una parte del cerebro pudiera trasplantarse de un ser humano a otro. Jamás lo hubiera aceptado de no haberlo visto, pero el caso es que lo vi y eso me trastornó tan profundamente que a partir de ese momento, todas mis concepciones psicofisiológicas cambiaron. La niña era un “vegetal” que no se movía ni hablaba ni controlaba sus esfínteres. En esa operación, y en cuatro subsecuentes, Pachita cortó el cuero cabelludo con el cuchillo de monte y después abrió el hueso del cráneo usando un pedazo de sierra de plomero.

Yo veía eso y parte de mí pensaba que no era cierto y otra que era maravillosamente real.

Después Pachita hizo aparecer una sección de corteza humana, tomó un pedazo en sus manos, le lanzó su aliento y le ordenó que viviera: “¡vive!, ¡vive!”, le gritaba.

Después con la ayuda del cuchillo, introdujo el pedazo de corteza al cráneo de la niña y con una serie de movimientos extraños, lo dejó depositado allí. Por fin, la herida se cerró después de que yo fui invitado a colocar mis manos encima de la misma. A eso se le llamaba saturar. La niña fue vendada y devuelta a sus padres.




La operación se realizó sin anestesia, sin asepsia y considerando su magnitud y seriedad, lo que se podía haber esperado como mínima reacción era una meningitis fulminante. En lugar de ello, la niña se presentó a los 15 días para una nueva operación, sin infecciones, sin haberse muerto de shock postoperatorio y con algún síntoma de mejoría. De hecho, después de cuatro operaciones similares a la descrita, yo vi a esa niña empezar a tener movimientos voluntarios, balbucear vocablos, quejarse del dolor y molestias y sonreír, ¡sí! ¡sonreír!

Cuando yo vi sonreír a esa niña y alcancé a comprender los motivos de su alegría, entendí que lo más fundamental es lo de mayor alcance espiritual, lo que cualquiera comprende, lo que se encuentra presente en todos los niveles, lo clásico, lo que se siente como certeza y mismidad.


Para Pachita –según se lee– era cosa corriente abrir cuerpos, aparecer órganos (aportes), realizar trasplantes, etcétera.

Grinberg no sólo fue testigo de una enorme cantidad de operaciones, sino que tuvo en ellas un papel activo, pues los cortes o heridas se cerraban cuando él ponía sus manos sobre ellas: “Supe que debía colocar el algodón sobre la herida y colocar mis manos sobre él. Lo hice y la herida cerró instantáneamente. Me dieron una venda y cubrí el vientre con ella”.


El cantante Leopoldo Dante Tévez, conocido como Leo Dan, convivió con la curandera Pachita, las palabras que a continuación transcribo pueden encontrarse aquí.

—¿Cuándo surgió ese acercamiento tan estrecho a Dios?

—Ese conocimiento (corrige). Fue en el 66. Cuando me casé Dios me dijo: "Si no te acercas a mí vas a fracasar" Y yo creo que El me llamó; a Jesucristo lo acepté como mi Salvador y ahí empezó mi peregrinar por la vida cristiana.

—¿Hubo algún hecho en particular que lo impulsara?

—Un amigo me llamó y me invitó a hacer un cursillo de cristiandad viernes, sábado y domingo. Yo le dije: "No podrían ser otros días, yo los fines de semana trabajo". Y después el Señor me tuvo en España dos años sin trabajar.

—Llamó la atención esa veta que en la Argentina no se le conocía.

—¿Te acordás que en México había una señora que se llamaba Pachita? Todo eso surgió porque era amigo de Pachita que curó a mucha gente del ambiente artístico. Periodistas -creo que eran de las revistas Radiolandia y Antena- fueron a México y yo era el único que los podía introducir con Pachita. Ellos sacaron aquí "Las curas milagrosas de Leo Dan", y me empezaron a involucrar con eso de que yo tenía un don de sanación. Antes del 24 de diciembre mi hijo llamó a Bill, un amigo, y nos dice: "Acabo de venderle un departamento a un argentino y le dije que era amigo de ustedes. Cuando le nombré a tu papá -le dijo a Nico- el hombre se puso a llorar. Cuando se calmó un poco le preguntó: "¿Hice algo malo?" Y el hombre le confesó que tenía una hija que se estaba muriendo y yo le había puesto la mano y que la niña todavía vive. Yo no me acuerdo de nada, pero a lo que yo llego es que Jesucristo curaba cuando había fe.

Su testimonio en un programa de televisión.



Una canción que le compuso a Pachita:



Existen varias fotografías que muestran a Pachita realizando estos milagros, sin embargo, después de leer las descripciones del psicólogo, resultan decepcionantes, ninguna es sorprendente, se trata de imágenes iguales a las que muestran los “cirujanos psíquicos” de Filipinas.

Pachita decía que no era ella quien operaba, en realidad lo hacía el Hermano Cuauhtémoc: “Pachita decía que el espíritu del último emperador azteca trabajaba a través de su cuerpo realizando su trabajo. Ella se introducía a un trance transformando su personalidad y efectuando las operaciones...”.

Todas las historias que sobre ella se contaban motivaron a diversos “investigadores” a acercársele, en palabras de Pachita: “A mí me lleva la chingada con esa gente que viene a curiosear como si esto fuera un circo. Un día vinieron esos, ¿cómo se llaman?, ¡ah sí!, esos de control mental a investigarme. Me llevaron a una casa en la que había rayas de todos colores. Rojas, azules, verdes y negras. Un señor Silva me dijo que yo estaba en la negra. Hágame el favor, ese cabrón me quería nada más para meterme en lo negro. Luego me dijeron que buscara un enfermo con mi mente. Yo qué iba a buscar ni qué carajos. ¿Para qué? Luego otros me llevaron a la zona del silencio en Torreón para que les dijera lo que había allá. Puro pinche desierto y yo allí en medio. Encontré una tortuga y me la traje... Dicen que se paran los relojes y que no se oye el radio pero, ¿para qué sirve eso?, nada más buscan por buscar sin saber y por más que encuentran no se quedan satisfechos. ¡Si yo les contara todo lo que me han llevado a hacer! Un día me dijo un amigo que le ayudara a buscar no sé qué madres, en un terreno. Fui allí y me lo encontré lleno de excavaciones, me dijeron que les reportara lo que sentía y yo me quedé tal cual. Aquí sí que se trabaja, pero yo de eso sé menos que nadie. Yo nada más me voy y viene el hermano y ni me entero... Y luego vienen a invitarme a dar conferencias y yo ¿qué les voy a decir? ¡Se imaginan a esta pendeja hablando en una conferencia! A mí me gustan las buenas obras, las que de veras ayudan...”.


Pachita distinguía entre enfermedad buena y enfermedad mala. La enfermedad buena es aquella que tiene causas naturales y que puede curarse con medicinas convencionales, mientras que la mala es aquella que provocan los “daños”: “Alguien tiene una envidia y la persona envidiada recibe una carga energética que lo enferma... Los daños son las introyecciones de los malos pensamientos de los otros, son las malas intenciones detectadas a niveles corporales... Los celos enredan el espíritu; la envidia provoca daños. Luego es necesario hallarlos y echarlos fuera”. Pachita abría el cuerpo del paciente y extraía el daño; los daños se materializaban en forma de entidades oscuras a las que había que tratar de forma especial: se les envolvía en papel negro (como cuando Pachita supuestamente operó el hígado de Jodorowsky). Estas entidades también eran llamadas seres del bajo astral.

De igual forma, Pachita era capaz de corregir un diagnóstico médico: “Ya sé, dicen que tienes cáncer pero eso no es cierto. Vas a curarte y vienes otro día para ver cómo sigues y para cambiarte tus riñones. No le hagas caso a los médicos, te han debilitado con sus lavadas y técnicas de... ¿cómo se llama? Quimioterapia...”.

Grinberg trató de explicar todos estos fenómenos recurriendo a la mecánica cuántica, la neurología y a otros conceptos de su invención. Dejó claro que los portentos de los que fue testigo eran auténticos: “Muchas personas me han preguntado si lo que describo sucedió tal y como está relatado. La respuesta es absolutamente afirmativa; no existe aquí invención o falsedad; todo sucedió exactamente tal y como se presenta”.


LO PARANORMAL Y LOS MILAGROS

¿Qué es lo paranormal? ¿Los milagros son fenómenos paranormales? ¿Son sinónimos sobrenatural y paranormal? ¿Los fenómenos paranormales violan las leyes de la naturaleza?

Los “estudiosos de lo paranormal” no han sido capaces de explicar qué es lo que supuestamente estudian o investigan (Lola Cárdenas ha escrito al respecto), incluso algunos autores señalan que los llamados “fenómenos paranormales” en realidad deben contar con una explicación natural hasta ahora desconocida, así, la telepatía, por ejemplo, no estaría violando ninguna ley de la naturaleza sino esperando una explicación satisfactoria.

Lo anterior querría decir que lo paranormal carece de existencia, y estos supuestos fenómenos deberían más bien catalogarse como “fenómenos que aún no cuentan con una explicación”.

De cualquier forma no todos los creyentes aceptan esta visión naturalista. Pero si dicha visión no es aceptada, y se habla de la revelación de un “mundo o universo no-físico”, ¿cómo verificar la existencia de ese mundo y de su manifestación en nuestro mundo: los fenómenos paranormales? ¿Por qué el “mundo paranormal” se podría manifestar en el mundo natural? ¿Podría estar al alcance del conocimiento algo así? ¿Resultan estos fenómenos cognoscibles?

Ahora, ¿qué es un milagro? Podríamos comenzar diciendo que se trata de una suspensión temporal de las leyes naturales. Pero hay algo más. La gente desea salud, la capacidad de realizar trabajos sin necesidad de gastar energía, etc. Cuando la naturaleza interrumpe su forma normal de funcionar, y lo hace para complacer los deseos del ser humano, entonces podemos hablar de un milagro. ¿Es satisfactoria esta definición?

¿Hay diferencias entre los fenómenos paranormales y los milagros?

La diferencia entre lo paranormal y los milagros no es muy clara. Me parece que una diferencia es que detrás de los milagros habría una “voluntad extranatural” (Dios, los ángeles, los santos, los espíritus...). Por lo general, solamente se puede creer o no creer en un milagro, es decir, los milagros son asuntos de fe; sin embargo, en ocasiones es posible someter a verificación un pretendido milagro (entonces el milagro se convertiría en un fenómeno paranormal).

El filósofo Paul Kurtz llama “paranatural” a aquellas manifestaciones que son –al mismo tiempo– paranormales y milagrosas: “He propuesto que usemos el término paranatural para referirnos a afirmaciones religiosas que son capaces de alguna resolución empírica y que no son trascendentales o supernaturales. En este caso son similares a las afirmaciones paranormales comprobables”.
¿Puede la parapsicología ser una ciencia? Veamos lo que dice Michael Shermer.

Escribe Shermer: “Datos y teoría, evidencias y mecanismos: tales son los pilares gemelos sobre los que se puede erigir una ciencia confiable. Sin datos y evidencias, una teoría o un mecanismo no tienen nada que explicar. Sin una teoría o un mecanismo, los datos y evidencias andan a la deriva en un vasto mar”.

Explica que la deriva continental, propuesta en 1915, no se aceptó sino hasta que se encontró cuál podría ser el mecanismo por el que se desplazaran los continentes. Otro ejemplo que pone es el de la evolución, la que no se aceptó hasta que Charles Darwin y Alfred Rusell Wallace propusieron un mecanismo: la selección natural. Concluye Shermer que “hasta que encuentre a su Darwin, la parasicología seguirá a la deriva y al margen de la ciencia”. Mario Méndez Acosta dice: “No hay modelos teóricos del funcionamiento de la telepatía o de los principios de la telepatía o de los principios fundamentales de la telequinesis, por poner un ejemplo. No existe un modelo matemático que represente analíticamente fenómenos como el transporte instantáneo de información compleja a distancia que implica la telepatía, o la creación de energía de la nada que implica la telequinesis o el rompimiento de la relación causa-efecto que acarrea la precognición”.


LA VERDADERA PRUEBA

El “Objeto Paranormal Permanente” es una propuesta de John Beloff.

¿En dónde radica la importancia del OPP? Primero se tendría que dejar en claro lo que se entiende por “cualidades paranormales”. Una vez que todos están de acuerdo en que ciertas características serían algo paranormal, se procedería a analizar el mencionado objeto, se realizarían las observaciones y las mediciones necesarias, y, finalmente se podría determinar si éste tiene o no las cualidades paranormales. El objeto es “permanente” en el sentido de que, siempre que se requiera, lo podrán examinar científicos de cualquier parte del planeta. Así, las cualidades paranormales del objeto en cuestión serán claras para todo aquel científico que lo examine.

Al buscar el OPP, la investigación de lo paranormal dejaría fuera la telepatía, la precognición, etc.

¿Hay candidatos a ser el OPP? Uno de ellos es el Sudario de Turín. Los mexicanos contamos con otro candidato: la Guadalupana. Aunque en cualquiera de estos casos se trataría del Objeto Paranatural Permanente.

En el caso de la imagen de la Virgen de Guadalupe, los creyentes mencionan una serie de hechos supuestamente inexplicables. Desgraciadamente cada uno de los misterios ha sido resuelto: José Sol Rosales, quien fuera director del Centro Nacional de Registro y Conservación para Obra Mueble del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), encontró que el ayate es de lino y cáñamo –y no de henequén–, de igual forma ha descrito el tipo de pintura utilizada; Sol Rosales analizó el ayate a petición de Guillermo Schulemburg, ex abad de la basílica de Guadalupe. El investigador Leoncio Garza-Valdés asegura que hay tres imágenes pintadas (una sobre la otra): Marcos Cipac y Juan de Arrue son quienes habrían pintado la imagen de la morenita, y José Antonio Flores Gómez, restaurador de obras de arte, en dos ocasiones (1947 y 1973) le dio una “manita de gato” a la guadalupana.

Las operaciones de Pachita serían –al mismo tiempo– fenómenos paranormales y milagros. Milagros porque a Pachita la asistían espíritus durante las operaciones. Pero esas operaciones Grinberg intentó explicarlas usando conceptos de física y neurología. Tendríamos –siguiendo a Kurtz– un fenómeno paranatural. Al tener “resolución empírica”, estas operaciones tienen sentido, ¿o no? ¿Con qué elementos contamos para calificar lo que supuestamente era capaz de realizar Pachita? ¿Con Pachita podríamos hablar de un “Sujeto Paranormal Permanente”?

Lo que tenemos para analizar los supuestos milagros llevados a cabo por Bárbara Guerrero son las fotografías, los testimonios de quienes fueron operados (o de sus familiares) y el testimonio de Jacobo Grinberg. ¿Es suficiente? ¿Hasta dónde podemos llegar con estos elementos? Pachita ya no está (lo de “permanente” queda descartado), no es posible pedirle que realice sus operaciones bajo buenas condiciones de observación (frente a científicos) y registrar lo que pudiera suceder. En pocas palabras: no es posible ni planear ni llevar a cabo una investigación científica al respecto.

Pero supongamos que –tal y como lo escribió Grinberg– Pachita realmente fuera capaz de operar, aparecer órganos y realizar trasplantes. ¿Cómo podríamos verificarlo? Simplemente no podemos. Ni las fotografías ni los testimonios son evidencia suficiente. Lo único que podría hacerse es aceptar o rechazar lo narrado por Grinberg.

Termino esta entrada con una interesante reflexión de Paul Kurtz: “si se encuentra una explicación científica para un supuesto hecho paranormal, éste se convierte inmediatamente en un suceso no-paranormal y pasa a formar parte del universo natural”. Explicar científicamente los fenómenos sobrenaturales significa convertirlos en fenómenos naturales, no se puede explicar lo sobrenatural sin destruir este término.


Referencias

Grinberg-Zylberbaum, Jacobo. “Pachita”. Colofón. México. 1994.

Kurtz, Paul. “El CSICOP después de diez años: reflexiones acerca de la ‘tentación sobrenatural’”. En

“La Alternativa Racional”. No. 4. Septiembre de 1986.http://www.arp-sapc.org/publicaciones/lar4.html

Nota: En el Rincón Ecléctico del Tío César hay una entrada en la que se comenta el encuentro de José Luis Cuevas con una curandera.

viernes, mayo 01, 2009

Algo sobre los Mitos Mexicanos


Y, antes de la eternidad, surgieron los primordiales.
Y, eran poderosos e inhumanos. Y, el universo
fue suyo y sus sueños realidad. Y, soñaron con el
hombre. Y, el hombre fue. Y, primero fue el hombre
y después el hombre verdadero, el detentador
del poder. Y, el Hombre verdadero creó el paraíso
y los Dioses. Y, cuando los primordiales reclamaron
al hombre verdadero su poder, éste se les enfrentó.
Y, fue la guerra. Y, el paraíso desapareció.
Y, los primordiales quedaron atrapados bajo el
sello de Yig, la poderosa. Y, los hombres verdaderos
se fueron de lo que fue el paraíso. Y, siguen
allí, aquí y en todas partes y ninguna. Y, los hombres verdaderos
esperan. Y, eso es promesa para
sus amigos. Y, amenaza para sus enemigos.

MANUSCRITOS DE DZONOT
Hermenegildo y Fulgencio Chi


Conocí los mitos mexicanos en el taller de la AMCyF. En ese momento nos reuníamos en un salón de la SOGEM, allá en Coyoacán.

El responsable de la revista Umbrales: literatura fantástica de México (1992-2000) era Federico Schaffler, quien con orgullo decía que se trataba de la única revista que publicaba exclusivamente a autores mexicanos.

No recuerdo quién llevó al taller el número dedicado a los mitos mexicanos, pero sí que me encargaron que sacara varias copias.

En este número participaron Héctor Chavarría –creador de estos mitos-, Hernán Rodríguez Klaustermann, Mauricio- José Schwarz, Gerardo Horacio Porcayo, José Luis Zárate, Luis G. Abbadié, José Roudén, Daniel Murillo Licea y Alberto Chimal.

¿De qué se trata esto de los mitos mexicanos?

La idea se le ocurrió a Chavarría allá por 1975, se trataba de un homenaje a Howard Phillips Lovecraft. En palabras de Chavarría: “Género extraño, pretende tener sus raíces en el cuento materialista de horror creado por Hodgson y Lovecraft a principios de este siglo. Pero es algo más. El ‘mito mexicano’ fundamenta a medias sus ficciones con datos sacados de una serie de libros que los especialistas aún no aclaran qué tan míticos son. Su principal atractivo para los ‘ratones de biblioteca’ consiste en tratar de aclarar dónde comienza la ficción en relación con la realidad. El rastreo de sus fuentes bibliográficas ha llevado a más de uno a toparse con sorpresas en librerías de viejo.”

El árabe loco Abdul Alhazred escribió el Necronomicón. Así, Martín Diaz (sin acento) escribió la Vera historia de los bolcanes de la Nueva España.

Hernán Rodríguez Klaustermann explica sobre Martín Diaz:

El 30 de abril de 1680, en Oviedo, España, nació quien llevaría los nombres de Martín Rafael Felipe de Jesús Diaz Guadarrama, pero que para todo efecto sería conocido como Martín Diaz (el apellido, tal y como él siempre lo escribió, no lleva acento y así lo usaremos). Este personaje recibiría a lo largo de su existencia una multitud de apodos en los idiomas más diversos; del chino al árabe, pasando por el castellano, el maya y el náhuatl.

Ninguno de ellos reveló su verdadero origen y en sus palabras [Vera historia de los bolcanes de la Nueva España (2ª edición, 1748)] “...e porque non provengo de parte alguna de esta (tierra) e non puede relacionárseme con estirpe alguna como non sea la mía, la que yo solo conozco e nadie más.”

Lo cual, tomado a la letra, querría decir que ni siquiera sus nombres castellanos significarían algo. De igual manera, las muchas combinaciones usadas por él para firmar sus trabajos –algunas de ellas utilizando sus nombres y apellidos y otras las equivalencias a los apodos-, sólo habrían significado un intento, muy bien logrado por cierto, de ocultar una identidad.

Además de la Vera historia, Diaz fue autor de Panchebé, Relación de hierbas y plantas medicinales de las Indias y Trabajos sobre la arquitectura de la Nueva España.

Posteriormente, la historia de la arqueóloga Helen Klaustermann y el médico Ulises Rodríguez Holtz la cuenta Chavarría en su novela El mito del espejo negro, misma que fue publicada en 1997 por Editorial Vid. Helen y Ulises se enfrentan a agentes nazis que desean apoderarse de una mitad del espejo negro.


Además de la historia, Chavarría incluye una cronología de las diferentes ediciones de la Vera historia, un resumen de lo que se sabe de la vida de Martín Diaz, una explicación acerca de el “Círculo” (quienes han escrito sobre los mitos mexicanos), y un cuadro con algunos de sus integrantes, entre otros textos.

Héctor también ha publicado relatos menos solemnes de los mitos mexicanos, ejemplo de ello es Sociedad Mutualista.

Héctor me firmó una dedicatoria en el Club de Periodistas, en una de las conferencias (no recuerdo el tema) que mensualmente llevaba a cabo la Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica.

viernes, abril 24, 2009

El luchador de las multitudes

El sábado 11 de octubre del 2008, dentro de la Feria del libro en el Zócalo, José Luis Zárate me firmó su novelucha libre Xanto. La primera edición es de 1994.

Y es que la ciencia ficción y la historieta mexicana tuvieron un espacio en esta feria.

Zárate es el autor de Hyperia (1999), Permanencia voluntaria (1990), Las razas ocultas (1999), Magia (1994), Quitzä y otros sitios (2002), En el principio fue la sangre (2004) y La ruta del hielo y de la sal (novela por la que en 1998 obtuvo el Premio Internacional de Ciencia Ficción y Fantasía MecyF).



"Una lucha a muerte a tres caídas por el amor de una mujer, mientras las fuerzas del Mal se lanzan por el premio mayor..."

Toda irrealidad es posible, fue lo que el Enmascarado de Plata le enseñó a Zárate; y por ello es que le dedica su novela.

Las más terribles y cruentas criaturas del "más allá" desean terminar con nuestra realidad. ¿Quién podrá hacerles frente? "Los destructores" no saben que tendrán que enfrentarse al Xanto, ignoran que para lograr su objetivo tendrán que sobrevivir a unas cuantas "patadas voladoras" y a una que otra "llave de caballito."

En la contraportada se lee:

Xanto: novelucha libre es un libro en que la cordura y el delirio se dan la mano. José Luis Zárate hace con el Xanto y el mexicanísimo género de las luchas, lo que Miguel de Cervantes Saavedra hizo con su Quijote y la novela de caballerías: sin abandonar los mitos y el folclor de la lucha libre, el autor nos entrega una obra llena de gozosa ironía y crítica social, la cual entretiene mientras asesta duros golpes a la corrupción y muchos males que nos aquejan cotidianamente.

Por cierto, Zárate me comentó que se está preparando una nueva edición de su libro.

sábado, abril 18, 2009

Ciencia ficción en la TV mexicana

Abro mi correo electrónico y me entero, gracias a Miguel Ángel Fernandez, que el Canal 22 le dedicará un espacio a la ciencia ficción en su programa Entre líneas tv.

Se trata de un "Programa de literatura de una hora de duración que se emite los lunes a las 20 hrs. por el canal 22. Conducen Fátima López y Diego Rabasa."

Miguel Ángel se enteró gracias a Andrés Tonini.

Transcribo parte de la nota (casi toda):

México, 18 Abr. (Notimex).- Canal 22 renueva su programa de literatura "Entre líneas tv", con un nuevo formato, en su tercera temporada, que iniciará el 20 de abril, con el tema: Ciencia ficción. La emisión, que se transmitirá los lunes a las 20:00 horas, conducida por Diego Rabasa, Fátima López y Mariana Linares, tendrá entrevistas, análisis e invitados especiales. Participarán en el primer episodio que será retransmitido el martes 21 Edmundo Paz Soldán, José Gordon, Alberto Chimal y José Agustín, quienes abordarán la literatura del apasionante mundo de la ciencia ficción. Se realizará un análisis sobre cómo el desarrollo tecnológico nos ha permitido imaginar mundos con seres de otros planetas, viajes en el tiempo, clones, artefactos cibernéticos, ente otros, son los escenarios clásicos de este género en la literatura y el cine. Además se hará un recorrido por las obras clásicas y emblemáticas de este género que ha alcanzado algunas veces un carácter profético e inspirador. En esta producción televisiva se hace una retrospectiva de las grandes obras literarias y las corrientes más influyentes, así como un análisis de las nuevas propuestas y los temas que impactan tanto en las letras y los lectores.

Mi primera reacción fue la alegría, la ciencia ficción me fascina.

Como Tonini era quien avisaba (en el foro de ciencia ficción mexicana), me fui a su blog para leer lo que había escrito al respecto. De ahí me pasé al blog del programa, transcribo la nota:

Fecha de transmisión: 20 de abril, 20 hrs. (hora del centro) Grandes escritores han confesado que su primer acercamiento a la literatura fue a través del género de la Ciencia Ficción. Y cuando escuchamos este término pensamos en naves espaciales, invasiones alienígenas, robots y clones. Pero, en “Entrelíneas” nos propusimos buscar qué hay más allá de los mitos de la Ciencia Ficción: indagar sobre la condición del hombre y su futuro. Así que, Edmundo Paz Soldán, José Gordon, Alberto Chimal y José Agustín, grandes lectores de este género, nos acompañan. Por otro lado, Silvina Espinosa de los Monteros, convoca en la “Cita textual” a una discusión sobre la Ciencia Ficción Mexicana. Y, también, en nuestra nueva sección de “Casa tomada”, husmeamos en la biblioteca de Julieta Fierro, astrónoma.

Por las notas no me queda claro si se trata de una serie de programas dedicados a la cf o de un solo programa de la nueva temporada (creo que sólo será un programa).

¿Por qué me gusta tanto la ciencia ficción? Porque se trata de una literatura de ideas (supongo que toda la literatura es así), la cf permite pensarnos a nosotros mismos (como individuos y como especie), reflexionar sobre nuestra cultura, plantearnos dudas acerca de nuestras creencias e ideologías, etc. Mediante esta literatura podemos explorar todas esas preguntas filosóficas que nos planteamos.

Cito nuevamente (antes lo hice acá) a Bruce Sterling y a Arthur C. Clarke:

Sterling escribió: “Somos Payasos Sabios que podemos saltar, dar cabriolas, hacer profecías y rascarnos en público. Podemos jugar con las Grandes Ideas porque el extravagante colorido de nuestros orígenes de revista barata nos hacen parecer inofensivos”. Por su parte, Arthur C. Clarke escribió que la ciencia ficción es la “única genuina droga que proporciona expansión a la conciencia”. En otra parte anotó que “Al trazar el mapa de los futuros posibles o imposibles, el escritor de ciencia ficción puede prestar un gran servicio a su comunidad. Estimula en sus lectores la flexibilidad mental”.

Por cierto, Canal 22 ya le había dedicado un espacio a la ciencia ficción. Hace algunos ayeres Rita Abreu realizó varios programas sobre ¡ciencia ficción mexicana!, recuerdo que entrevistó a Gerardo Horacio Porcayo y a Blanca Martínez, entre otros escritores. Productores y realizadores de TV ¡¡¡sigan su ejemplo!!!

Espero que se trate de un buen programa. Decía que mi primera reacción fue la alegría, después vino un poco la frustración: ¡¡quiero -exijo (ingenuo que soy)- más ciencia ficción mexicana en la TV!!

lunes, abril 06, 2009

El metro y la literatura fantástica
(Primera parte)

Jaime Urías (amigo a quien le dediqué Marcos 16:15) y yo teníamos la costumbre de ir a los cine-debates que organizaban distintas facultades que se encuentran en Ciudad Universitaria. Recuerdo especialmente los ciclos “La religión es una maldición”, “Vive las drogas” y “Los niños terribles” de la Facultad de Filosofía y Letras; también el ciclo “La exploración del espacio” de UNIVERSUM, mismo que tuvo como plato fuerte una mesa redonda sobre vida extraterrestre, en la mesa participaron Mario Méndez Acosta, Héctor Chavarría, Rafael Fernández, Martín Bonfil y como moderador Miguel Ángel Herrera.

Dentro del ciclo La religión es una maldición –junio de 2001- pasaron las cintas: El hombre de mimbre (Robin Hardy, 1973), Los demonios (Ken Russell, 1971), Elmer Granty: el fuego y la palabra (Richard Brooks, 1960) y Dogma (Kevin Smith, 1999).


El cine-debate de la FFyL, en ese entonces, imprimía buenos cartelones. Uno de los organizadores comentó que con este ciclo habían tenido problemas con algunos estudiantes que decían sentirse moralmente ofendidos, esos estudiantes habían estado arrancando y rompiendo los cartelones. Al final del cartelón venía la siguiente trivia:

El cristianismo ha tomado partido por todo lo débil, todo lo fracasado: ha hecho un ideal de la contradicción a los instintos de conservación de la vida fuerte; ha corrompido la razón incluso de las naturalezas dotadas de máxima fortaleza espiritual al enseñar a sentir como pecaminosos, como descarriadores, como tentaciones, los valores supremos de la espiritualidad.
a) Sade b) Nietzsche c) Carlos Cuauhtémoc Sánchez


¿Cuál cree el lector que es la respuesta correcta?

Dentro del ciclo Vive las drogas –también en el 2001- pasaron las películas El viaje (Roger Corman, 1967), Historia de un Yonqui (Lech Kowalsky, 1984), Marihuana, monstruo verde (Jos Bohr, 1936) y Miedo y repulsión en las vegas (Terry William, 1998).


En este caso, al final del cartelón aparecía la siguiente cita:

La guerra a las drogas es una guerra a la euforia autoinducida y delata miedo al placer. El sufrimiento, tan común, coge a todos preparados y no suele exigir pedagogos; pero el placer –especialmente si se presume intenso- demanda una protección, que pedagogos oficiales se encargan de impartir por las buenas o por las malas, normalmente por las malas.
ANTONIO ESCOHOTADO. SOBRIA EBRIEDAD.


El señor de las moscas (Peter Brook, 1963) y El joven Törless (Volker Schlöndorff, 1966) se proyectaron durante el ciclo Los niños terribles.

En UNIVERSUM, en el ciclo que (en noviembre de 2001) dedicaron a la exploración espacial, proyectaron Contacto (Robert Zemeckis, 1997), Impacto profundo (Mimi Leder, 1998), Guerra de los mundos (Byron Haskyn, 1953), 2001 Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) y Cuando los mundos chocan (Rudolph Mate, 1951). Julieta Fierro, Miguel Ángel Herrera y Héctor Chavarría comentaron Contacto. Miguel Ángel dijo que la película enseñaba –entre otras cosas- que las astrónomas se van a la cama con los chicos después de sólo dos horas de plática (¡más fácil ni la tabla del uno!). La mesa redonda mencionada más arriba se realizó el 29 de noviembre.


Pero Jaime y yo, en nuestra vida de vagos (por cierto, su abuelita consideraba que yo era una mala influencia, ¿por qué pensarán eso de mí los familiares de mis amigos?, yo tan bien que me porto...) asistimos a otras proyecciones en el Hotel Virreyes y el Auditorio Nacional, entre otros lugares.

Vimos, por ejemplo, Santo contra las mujeres vampiro (Alfonso Corona Blake, 1962), Nosferatu (F. W. Murnau, 1922), Freaks (Tod Browning, 1932), Metrópolis (Fritz Lang, 1927), Laberinto (Jim Henson, 1986), Dune (David Lynch, 1984), Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999) y Moebius (Gustavo Morquera, 1996).

Así es como llegamos a las historias del metro.

Moebius es una historia de ciencia ficción que se desarrolla en el metro de Argentina.
Todo un tren, con sus pasajeros, desaparece. Un matemático (experto en topología) investiga y descubre la explicación: las vías han formado una cinta de moebius. Una crítica se encuentra aquí. Esta cinta la vimos en CU, pero no recuerdo en qué facultad.

Hace algunos años la Editorial Selector publicó un libro que reunía historias sucedidas en el metro de la Ciudad de México, sin embargo, ninguna me pareció buena (tan es así que ni recuerdo el título del libro), se trataba de historias más bien aburridas o intrascendentes (recuerdo que una describía una competencia de flatulencias).

El proyecto “De boleto en el metro” se trata de varias antologías que reúnen textos de poetas, ensayistas, cuenteros, caricaturistas y divulgadores de la ciencia. En una de las antologías Armando Vega-Gil (Armiados Güeva Vil) escribió una historia que sucede en el metro, pero nada que valga la pena (coprofilia intrascendente).

Otro libro de Selector es Atrapados en la escuela. Participaron Mónica Lavín, Héctor Anaya, Óscar de la Borbolla, José Agustín, Parménides García Saldaña, Eusebio Ruvalcaba y Paco Ignacio Taibo II, entre otros (textos que cualquier padre conservador quisiera que sus hijos adolescentes leyeran, claro).


Mi segundo beso es una historia escrita por Alejandro Palestino. El protagonista es un adolescente interesado en Sofía, al que –sin embargo- Angie le correspondía, y con ella descubrió muchas cosas:

“Pronto aprendí a escaparme con Angie, a aceptar que los amigos me envidiaran, a platicarle acerca de mis últimos descubrimientos, y a que me guiara por una ciudad inmensamente grande y casi desconocida, llena de túneles, vendedores, gritos, basura, algarabía y prisa. Fue allí, en medio de esta cuidad y bajo tierra, entre las estaciones Etiopía y Eugenia de la línea tres del metro, cuando Angie tomó la iniciativa y me llenó la boca de besos, de esa sensación de calor tibio y húmedo; y yo que me aguardaba para la más aplicada del salón y que me imaginaba que estas cosas se hacen siempre con declaración de por medio; yo que moría por imaginar cómo se bañaba Sofía, ahí estaba, correspondiéndole a Angie, mientras escuchaba que alguien decía que lo que estábamos haciendo era una cochinada.

“Salimos del Metro abrazados. Por mi parte, llevaba en el bolsillo una certeza que me dediqué a acariciar desde entonces, así como se hace con lo recién adquirido: la vida es más sencilla de lo que parece, sin importar que nos guste ser como somos.

“A veces, al recordarlo, pienso que cuando uno es joven uno puede darse el lujo de intentar lo que los grandes; sin embargo, tuve a Angie, su voz cruda, su negativa a que las cosas llegaran a mayores; además, ni ella ni yo teníamos dinero, sólo las palabras y los besos, los abrazos en el transbordo del metro Balderas, todos los túneles de la ciudad a nuestra disposición y la pintura de labios que me limpiaba cuidadosamente antes de llegar a casa.

“’No’, solía decirme Angie al oído a la hora que el mes de abril se me metía en la sangre en algún parque. ‘No’, pienso ahora, Angie no era hombre como decían las malas lenguas, ‘no’, me repito, quién sabe cuántos años después, ahora que me la encontré en un supermercado vestida de otra manera. ‘No’, aunque quién sabe, a lo mejor sí se llamaba Carlos.”

En una anterior entrada escribí sobre El que llegó hasta el metro Pino Suárez, historia de Arturo César Rojas. Ésta merece estar entre las mejores historias de ciencia ficción que se han escrito en nuestro país.

En otra entrada subí una historia de Mario Méndez Acosta: ¡No se duerma en el metro!

Otra historia fantástica que se desarrolla en el metro fue escrita por Héctor Chavarría.

El hombre en las dos puertas es una antología que le rinde tributo a Philip K. Dick, el compilador fue Gerardo Horacio Porcayo. El libro fue publicado en el 2001 por Lectorum, en su colección Marea Alta. Entre quienes participaron están José Luis Zárate, Blanca Martínez, Pepe Rojo, Bernardo Fernández, Ricardo Guzmán Wolffer, Alberto Chimal y Gabriel Benítez.

En la contraportada puede leerse:

En El hombre en las dos puertas, y a veinte años de la muerte de Philip K. Dick, quince escritores mexicanos le brindan un agradecimiento, una retribución, como a él le hubiera gustado: construyendo también otros mundos que no se desintegren a la vuelta de unos cuantos meses o años.

Héctor Chavarría participó con una historia titulada La mañana siguiente. Héctor escribe sobre sí mismo.


Un Héctor maduro se encuentra con un joven Héctor. Parte de la historia se desarrolla en un café de chinos:

Pero él recordaba muy bien aquel sitio, el edificio enorme, con el anuncio de zapatos Canadá que cubría todo un lado... el más grande de su clase en aquella época. Sí en aquellos años él estaba recién llegado a la capital y la avenida de los Insurgentes era como un río de luces para el joven de provincia...

Claro, conocía muy bien el lugar, cruzando por el paisaje del edificio se salía directamente a un café al cual iba muy seguido... Café Oriente, sí, obvio, era un café de chinos, a la usanza antigua. Le gustaba la atención, los biscuits y bueno, en aquella época también era importante que no fuera un sitio caro...

Otra parte de la historia se desarrolla en el metro (sobre todo en la línea 3: Indios verdes-Universidad).