viernes, julio 10, 2009

Las fotos de los abuelos

Miradas recurrentes, la ciudad de México en los siglos XIX y XX es una obra, en dos volúmenes, coordinada por María del Carmen Collado y publicada en el 2004 por el Instituto Mora y la UAM Azcapotzalco.

Los autores que participaron en ésta (entre los que hay historiadores, geógrafos, y sociólogos) escribieron sobre el pasado, presente y porvenir de la ciudad de México; la ciudad fue analizada como personaje y como escenario.

María del Carmen Collado explica: “He preferido ser inclusiva, incorporando tanto los trabajos que estudian la ciudad como sujeto, como aquellos que la asumen como escenario, aun a costa de que esta selección pudiese ser juzgada poco rigurosa.”

La obra trata cuestiones como los oficios que se ejercían en el siglo XIX, los baños públicos durante el porfiriato, la llegada de la fotografía a la ciudad, la historia del Paseo de la Reforma, la publicidad en las calles, el proyecto urbano de Lázaro Cárdenas, el pasaje Savoy, la aparición de bares gays en el pasado siglo, etc.

En esta entrada quiero mencionar algunos datos sobre las llamadas instantáneas del peatón. Sobre éstas escribe Mireya Bonilla Matus en su ensayo El negocio de las Instantáneas del peatón en la calle de San Juan de Letrán en los años cincuenta. El ensayo muestra varias de estas instantáneas, pero las que acompañan esta entrada son del álbum de mi familia.

Mireya Bonilla cuenta que no se sabe a ciencia cierta cómo comenzaron a realizarse estos trabajos fotográficos, pero que se cree que el pionero fue un joven estadounidense que al finalizar la primera guerra mundial abrió un estudio fotográfico en el centro histórico. Ese joven contrató a dos aprendices a quienes les amarró al cuello una cámara fotográfica modelo Brownie o Mercury para que capturaran a los peatones. Días más tarde otros estudios fotográficos copiaron la idea, “y un número importante de fotógrafos de las instantáneas del peatón recorrían de sur a norte la ‘viva y venosa’ calle de San Juan de Letrán y sus alrededores, un espacio que se consagra desde entonces como la geografía emblemática de esta ciudad.”


Mireya Bonilla compara las instantáneas del peatón con aquellas fotografías tomadas en un estudio:

“La novedad que sedujo a los compradores fue la manera en que los fotógrafos lograban capturar su imagen. Las instantáneas del peatón rompían con el canon de la pose, una de las reglas tácticas que a través del tiempo ha regido la composición de los retratos. Un breve recorrido por el álbum fotográfico de la familia nos podrá confirmar que en la mayoría de los retratos hechos por fotógrafos de estudio o profesionales hubo detrás de la imagen un acuerdo entre el fotógrafo y su cliente, una connivencia que se evidencia en la pose, que no es otra cosa más que la construcción de una identidad ante la cámara gracias a la manipulación de las condiciones ordinarias, es el peinado, los zapatos boleados –cuando los hay-, el gesto controlado, es el hombre de la cámara orquestando la escena, dirigiendo las miradas. A la pregunta de ¿para qué retratarnos?, Carlos Monsiváis responde: ‘para pregonar quién se es, cuánto se tiene, cómo se vive, cómo se espera el halago social. Hay que demostrar el lujo de la ropa, la magnificencia de los brazos, la serenidad del alma, el dandismo impecable, el señorío desde la niñez.’ O lo que es lo mismo, este tipo de retratos, que podríamos llamar clásicos, son ‘el instrumento ideal de las apariencias sociales, servirán para demostrar a los demás y a sí mismo los progresos alcanzados’. Y fue precisamente a todo esto a lo que las instantáneas del peatón renunciaron.”


Las fotografías de las que nos ocupamos eran espontáneas, los fotógrafos no esperaban a que los posibles clientes se acercaran a solicitarles un retrato, esos fotógrafos capturaban intempestivamente a la gente que pasaba caminando: parejas, estudiantes, familias, etc. Cuando el fotógrafo lograba la captura, enviaba a su “chícharo” o asistente a que le entregara al posible cliente la nota con la que podría recoger la fotografía. Algunos estudios llevaban a cabo entregas a domicilio, la mayoría archivaba las fotografías durante algunos meses.

La autora señala que “La magia de las instantáneas del peatón giraba en torno a las implicaciones del estilo de estos retratos capaz de impregnar con aire de celebridad a los comunes.”

Las fotografías podían ser tamaño postal o “carterita”: “La ventaja del tamaño “carterita” era su ingreso inmediato a la intimidad del bolsillo hasta convertirse en esa foto de batalla que se lleva consigo a todos lados y que termina por adquirir las cualidades de un amuleto; en cambio, la postal, logró en muchos casos ingresar al álbum familiar y es el formato que mejor se ha conservado.”


Sobre el tema de la conservación de estas fotografías explica que muchas envejecieron rápidamente debido a que no siempre se realizaron con materiales de primera calidad, ya que para los estudios fotográficos sólo representaban una entrada extra de dinero (estos trabajos no eran tomados demasiado en serio). Esto puede verse en la siguiente fotografía.


La autora señala que no ha sido fácil ubicar todos los estudios fotográficos que hacían instantáneas del peatón, ya que se trataba de una actividad secundaria; por otro lado, estos fotógrafos no necesitaron permiso para trabajar en las calles, a diferencia de otros fotógrafos ambulantes que se encontraban semifijos en lugares como Chapultepec o Xochimilco.

Las instantáneas del peatón dejaron de tomarse en la década de los setenta.

Terminamos con la descripción que sobre San Juan de Letrán hiciera José Emilio Pacheco:

Huele a tacos de canasta y de carnitas, a tortas compuestas, tepache, jugo de caña, aguas frescas, lámparas de kerosén, perfume barato, líquido para encendedores, dulces garapiñados, papel de periódico y revista, de librito de versos de Antonio Plaza y novelita pornográfica.
Imposible caminar rápido: la acera se encuentra atestada por los que, ya desde entonces, no tienen trabajo o acaban de llegar del campo y toman fotos instantáneas, pregonan billetes de lotería, venden toques eléctricos para probar la resistencia, huevos duros, charales, chupamirtos para la suerte en el amor, barajas españolas, postales de estrellas cinematográficas, puñales con inscripciones retadoras, pañuelos bordados en que se imprime al instante el nombre de la persona amada, perros, pájaros, gatos, callicidas, lombricidas, pliegos de versos contra la policía, bandas pegajosas atrapamoscas, flores, ganzúas para forzar puertas y ventanas, juguetes populares de madera y hueso, agujetas, hojas de afeitar, corridos sobre la última huelga, navajas con destapador, sacacorchos y lima de uñas, imágenes del Sagrado Corazón y de la Virgen de Guadalupe, folletos de Stalin, condones, reverberos, lápices, distintivos metálicos, cuadernos con las canciones de moda, discos usados, macetas de pedacería.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Donde estaran las fotos de peatones de san juan de letran podria recuperar a toda mi familia y amigos seria fantastico