lunes, septiembre 01, 2008

FILOSOFÍA NATURAL, MATEMÁTICAS Y TEOLOGÍA DURANTE LA REVOLUCIÓN COPERNICANA
(Primera parte)

Las revoluciones exigen tiempo para realizarse, las revoluciones tienen una historia. Lo anterior –sin duda- puede aplicarse a la revolución copernicana. Alexandre Koyré cuenta parte de esta revolución en su libro del mundo cerrado al universo infinito.

¿Qué transformaciones experimentó el pensamiento filosófico-científico desde que Cópernico publicara su De revolutionibus orbium coelestium en 1543 hasta que Newton publicara en 1687 sus Principia philosophiae naturalis principia mathematica?

Koyré se centra en un aspecto: las discusiones filosóficas, científicas y teológicas acerca del concepto de infinito.


Claro que Koyré sabe que la historia puede ser abordada prestando atención a muchos otros aspectos, así, en su introducción explica: “Todo el mundo admite que el siglo XVII sufrió y llevó a cabo una revolución espiritual muy radical de la que la ciencia moderna es a la vez raíz y fruto. Tal revolución se puede describir (y de hecho ha sido descrita) de muy diversas maneras. Así, por ejemplo, algunos historiadores han situado su aspecto más característico en la secularización de la conciencia, en su alejamiento de objetivos trascendentales y su acercamiento a otros inmanentes; es decir, en la sustitución del interés por el otro mundo y la otra vida a favor de la preocupación por esta vida y este mundo. Algunos otros lo han situado en el descubrimiento que la conciencia humana hace de su subjetividad esencial y, por tanto, en la sustitución del objetivismo de medievales y antiguos por el subjetivismo de los modernos. Incluso otros lo han situado en el hecho de que el viejo ideal de la vita contemplativa cediese su lugar al de la vita activa. Mientras que el hombre medieval y antiguo tendía a la pura contemplación de la naturaleza y del ser, el moderno aspira a la dominación y el señorío.”

Fue durante esta revolución que el ser humano perdió el mundo en el que vivía. Tal pérdida le hizo transformar conceptos y, mucho más importante, cambiar su marco de pensamiento.
El ser humano destruyó el Cosmos.

¿Qué significa esto? Que el mundo dejó de ser pensado como finito, cerrado y jerárquicamente ordenado (esa jerarquización concebía a la Tierra como imperfecta, y a las esferas celestes como perfectas e inmutables). Y al mismo tiempo que ese mundo se perdía, surgía otra visión: la del universo infinito.

¿Cómo concebían a Dios personajes como René Descartes, Henry More, Isaac Newton y Leibniz? Estos filósofos de la naturaleza no podían evitar tener en mente a Dios al hacer sus reflexiones acerca del mundo y su estructura. Todo esto lo cuenta Koyré.


ANTECEDENTES

En el primer capítulo Koyré se refiere a las obras de quienes comenzaron a plantear la infinitud del universo (la idea del universo infinito fue algo más que el redescubrimiento del pensamiento de los atomistas griegos). Veámoslo brevemente.

Nicolas de Cusa publica en 1440 su De docta ignorantia. Sobre este pensador Koyré escribe que fue “el último gran filósofo de la agonizante Edad Media, el que rechazó por vez primera la concepción cosmológica medieval, y a él se le atribuye frecuentemente el mérito, o el crimen de haber afirmado la infinitud del universo.”

Resulta más exacto afirmar que Nicolas de Cusa niega la finitud del mundo y que esté contenido en las esferas celestes; lo piensa sin fronteras, y sin terminar. Por lo anterior es que el mundo no puede ser conocido con precisión. La docta ignorantia es el reconocimiento de los límites de nuestro conocimiento, el reconocimiento de que nos es imposible hacernos de una idea unívoca y objetiva del universo. Concibe que los opuestos coinciden en el absoluto que los trasciende (por ejemplo, movimiento y reposo). Afirma que nada puede permanecer en reposo, aunque no es claro el tipo de movimiento que le atribuye a la Tierra (muchos de sus conceptos han sido interpretados de distintas maneras). Concebía al universo como “una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”. Este pensador tampoco considera que existan “mejores” o “peores” lugares (cada parte contribuye a la perfección del todo). La imagen que un observador se haga del universo, dependerá de su posición en éste, y ningún lugar puede ser considerado como privilegiado.

A pesar de todo lo anterior Koyré no cree que Nicolas de Cusa pueda ser considerado como un precursor de Copérnico.

Marcellus Stellatus Palingenius publicó en 1534 su Zodiac vitae. No afirma que el universo sea infinito pero considera que la obra de Dios no tiene límites (a esto se le llama principio de plenitud). No se le puede poner límite a la creación de Dios, pues sería poner límites al Altísimo. En palabras de Palingenius: “¿Por qué no ha creado Dios más? ¿Porque no tiene la habilidad para hacer más, su astucia detenida y divorciada de su voluntad? ¿O porque no tiene poder? Mas la verdad ambas cosas deniega, Porque el poder de Dios no alcanza nunca fin, ni barreras su conocimiento ligan.” Sin embrago distingue entre el cielo de Dios y el mundo material, el primero es infinito, el segundo es finito.

Nicolás Copérnico y Palingenius, a pesar de ser contemporáneos, nada comparten. Koyré dice que “Están tan separados entre sí como si entre ellos mediasen siglos.” No profundizaré en lo que expone sobre Copérnico, sólo mencionaré algunos puntos que considero importante tener presentes para esta exposición:

El universo de Copérnico posee ciertas jerarquías. Es la Tierra la que se mueve y no la esfera de las estrellas fijas, ¿por qué? No se trata sólo de cuestiones físicas, Copérnico escribió: “la condición de estar en reposo se considera más noble y más divina que la del cambio e inestabilidad; ésta última es, por tanto, más adecuada para la Tierra que para el Universo.”

Koyré agrega la siguiente explicación: “Al Sol se le otorga el lugar que ocupa en el mundo debido a su suprema perfección y valor (como fuente de luz y vida); se le otorga el lugar central que, siguiendo la tradición pitagórica e invirtiendo así completamente la escala aristotélica y medieval, Copérnico considera el mejor y más importante.”

El universo de Copérnico tiene ciertas jerarquías, también posee orden y, además, es finito. Algunos lo han interpretado como defensor de la infinitud, sin embargo, Koyré considera que tal interpretación es errónea y que en realidad Copérnico consideraba que el mundo de las estrellas fijas era inmedible. Koyré expone: “parece psicológicamente muy normal que la persona que dio el primer paso, el de detener el movimiento de la esfera de las estrellas fijas, dudase antes de dar el segundo, consistente en disolverla en un espacio sin límites. Bastante era para un hombre solo mover la Tierra y ensanchar el mundo hasta hacerlo inmensurable (inmensum); pedirle que lo hiciese infinito sería pedirle demasiado.”

Pero ese paso se dio poco después. Otros se percataron de que no era necesario plantear la existencia de la esfera en la que supuestamente estaban incrustadas las estrellas. Así, al considerar inexistente dicha esfera, se pensó que las estrellas no estaban todas a la misma distancia de la Tierra, y que, en realidad, los cielos estelares se extendían infinitamente hacia arriba.

Para Koyré, Thomas Digges fue el primer copernicano que negó la existencia de la esfera de las estrellas fijas. De tal forma que sustituyo la visión de un mundo cerrado por el de uno abierto. El mismo Digges afirmaba: “El orbe de las estrellas fijas se extiende en altitud hacia arriba infinitamente y esféricamente, siendo por ende inmóvil.” Digges consideraba que existía un infinito número de estrellas, sólo algunas de ellas nos resultaban visibles, otras estaban tan lejos que no podíamos verlas. Este pensador distinguía entre nuestro mundo (que incluye al Sol y a los planetas) y la infinita esfera celeste, donde creía que habitaban Dios, los ángeles y los santos.

Sin embrago, se considera que Giordano Bruno es el principal representante de la concepción del universo sin centro, infinito e infinitamente poblado. En su obra defendió de forma consistente esta visión. Así, mientras Nicolás de Cusa se refería a la imposibilidad de poner límites al mundo, Bruno afirma su infinitud.

El autor de La Cena de le Ceneri, consideraba que el Universo estaba vivo, que estaba en constante cambio; un universo inmutable sería un universo muerto. Bruno pensaba que el conocimiento intelectual es superior al sensible, ¿la razón? Los sentidos no permiten que conozcamos el infinito, el intelecto sí. Una de las discusiones que veremos más adelante se refiere a si el término infinito puede o no aplicarse indistintamente a Dios y a su creación; para Bruno sí hay diferencia entre la infinitud de Dios y la del mundo, pero la infinitud de Dios se manifiesta en su obra, Koyré dice: “Por tanto, la creación divina, para ser perfecta y digna del Creador, debe contener todo lo que es posible, es decir, innumerables seres individuales, innumerables tierras, innumerables astros y soles. Así pues, podríamos decir que Dios precisa un espacio infinito para colocar en él este mundo infinito.”

Kepler rechazó la idea de la infinitud del universo. Desde el punto de vista científico la encontraba sin sentido. ¿Por qué? Porque esta idea no puede sustentarse en el empirismo. Pero Kepler rechazó la infinitud del universo más bien por sus creencias religiosas; el mundo, al ser creación de Dios, debe poseer en su estructura orden y armonía matemática. La armonía y el orden no podían ser halladas en un universo infinito. Sin embargo, Kepler trató de refutar con argumentos astronómicos a aquellos que defendían que el universo era infinito.


LA MATERIALIZACIÓN DEL ESPACIO

La materia posee propiedades (color, dureza, pesadez, etc.), pero una de ellas forma parte de su naturaleza más íntima: la extensión (tiene largo, ancho y profundidad). Así lo piensa René Descartes. Pero no sólo concibe Descartes la materia como una substancia extensa; la extensión no puede ser más que la propiedad de la materia.

Lo anterior ¿qué nos dice acerca del espacio entre las estrellas? Entre unas y otras hay espacio, ese espacio posee extensión, y como no puede haber extensión sin materia, resulta que el espacio es material y por tanto el vacío no puede existir.

Descartes identifica el vacío con la nada, y la nada no puede poseer extensión. Koyré escribe: “si hubiese vacío, no habría separación y los cuerpos separados por nada estarían en contacto. Si hay separación y distancia, esa distancia no es una longitud, anchura y profundidad de nada, sino de algo, esto es, de substancia o materia, una materia ‘sutil’, una materia que no vemos –por eso precisamente las personas que están habituadas a imaginar en lugar de pensar hablan de espacio vacío-, pero que, aún así, es una materia tan real y tan ‘material’ (no hay grados de materialidad) como la materia ‘gruesa’ de la que están hechos los árboles y las piedras.”

Lo anterior no significa que Descartes considere que el universo esté lleno de alguna sustancia (como el éter), sino que no existe el espacio como algo distinto a la materia (el espacio es materia). Así, las estrellas no están en el espacio si lo pensamos únicamente como un lugar. Materia y espacio son lo mismo.
Esa identificación entre la materia y la extensión hace que Descartes concluya que el universo es indefinido, ya que si imaginamos que el universo tiene un límite, también podemos imaginar o concebir traspasar dicho límite.

El filósofo distingue entre los términos infinito e indefinido sólo en cuanto a las entidades a las que los aplica: Dios es infinito, el universo es indefinido.

Pensar el universo como infinito (el espacio es materia con extensión indefinida), hace que Descartes concluya que también es uniforme.

Koyré también señala que Descartes niega que sean fructíferas las discusiones sobre el infinito, por ello recomendaba no debatir acerca del tema, ya que nuestra razón no puede comprenderlo (nuestro entendimiento es finito y no podemos comprender o analizar por completo la idea de infinito): “Nunca hemos de discutir acerca del infinito, sino que tan sólo hemos de considerar infinitas aquellas cosas a las que no encontramos límite alguno, como es la extensión del mundo, la divisibilidad de las partes de la materia, el número de estrellas, etcétera.” De hecho, las limitaciones de nuestra razón son las que hacen que imaginemos un universo finito.

Henry More y René Descartes intercambiaron cartas sobre el problema del infinito. En esta serie de cartas More expone sus dudas y reflexiones sobre la forma en que concibe Descartes el infinito.

¿Tiene o no el alma extensión? ¿Dios tiene o no extensión? Si el alma no tiene extensión (por no ser material), ¿cómo puede unirse a algo material, es decir, al cuerpo? Henry More considera que Dios es extenso, pues en caso contrario no podría estar presente en todo el universo (y dar movimiento a la materia). Así, More considera equivocada la identificación que hace Descartes entre extensión y materia; las almas (inmateriales) y Dios también tienen extensión. En otras palabras, si bien es cierto que la materia posee extensión, también las entidades inmateriales la poseen; el término “extensión” es demasiado amplio. De ahí que la materia deba definirse no en cuanto a su extensión sino a que impacta los sentidos.
More hace otras elucubraciones que le hacen pensar que los espíritus –a diferencia de las entidades materiales- pueden ocupar un mismo lugar, es decir, pueden penetrarse. More tampoco coincide con Descartes en cuanto a las ideas del vacío.

Otro tema en el que hay desacuerdo entre los dos filósofos es el de los átomos; la discusión no sólo se refiere únicamente a los aspectos físicos del universo, sus razonamientos se dirigen hacia lo que puede o no hacer Dios. De existir los átomos (como partículas o trozos de materia que ya no pueden dividirse), Dios no sería omnipotente. La anterior es una de las razones por las que Descartes negaba la existencia de los átomos, sin embargo, More (que sí aceptaba que existían) argumentaba que aunque Descartes no quisiera acotar el poder de Dios, en realidad hay cosas que no puede hacer, ya que implicaría su imperfección (Si Dios pudiera hacer el mal, ¿qué deberíamos pensar en cuanto a su perfección?).

Vimos que Descartes piensa el espacio como una entidad material, More, en cambio, distingue entre el espacio y las cosas que están en el espacio, y que se mueven en éste. Pero More no considera que el espacio esté vacío, está lleno de Dios.

A la consideración de More de definir la materia por su impacto sobre nuestros sentidos, Descartes afirma que hacerlo así llevaría a error, ya que la materia y sus propiedades no dependen de nuestra existencia.

Descartes también le da a More sus razones por las que no es posible aplicar el término extensión a Dios o a nuestra alma. También explica por qué usa los términos “infinito” e “indefinido”.

A lo largo de la discusión están presentes consideraciones sobre Dios, las almas y los ángeles. Descartes insiste en no atribuir a Dios propiedades corporales, es decir, no puede aplicarle el término extensión, a no ser que se trate de una extensión de poder (pero ya no se trata de la extensión como materia). Descartes también nota que de las ideas expuestas por More se puede despojar a Dios de su eternidad, de tal forma que perdería su trascendencia y se le podría identificar con el mundo. Descartes, como hemos visto, distingue entre materia-cosa extensa y mente; concibe a Dios como una mente infinita y que carece de dimensiones. Escribe el filósofo:

“Repugna a mi concepción atribuir cualquier límite al mundo y no tengo otra medida que mi percepción de lo que tengo que afirmar o negar. Digo, por tanto, que el mundo es indeterminado o indefinido porque no reconozco en él límite alguno. Mas no oso llamarlo infinito, dado que percibo que Dios es mayor que el mundo, no por lo que respecta a su extensión, puesto que ya he dicho que no reconozco en Dios ninguna (extensión) propia, sino por lo que respecta a su perfección.”

La infinitud de Dios puede entenderse como la capacidad de ser su propia causa. El universo al no ser su propia causa, no puede ser infinito, aunque sí indefinido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tengo sólo una pregunta: ¿qué es lo que considerás como escepticismo? Perdón si ya lo has aclarado en alguna otra parte, pero realmente no lo encontré. Gracias.