viernes, julio 21, 2006

¿Es el espiritismo un humanismo?



El historiador José Mariano Leyva considera que el espiritismo ha sido torpemente metido en la oscuridad, una oscuridad que “no involucra documentos perdidos o falta de información. Basta traspasar la barrera del prejuicio para entender de una manera cabal esa propuesta ideológica que sostenía un grupo de personas a finales del siglo XIX y principios del XX.”

Su obra El ocaso de los espíritus. El espiritismo en México en el siglo XIX (publicada por ediciones cal y arena) comenzó a gestarse hace casi diez años, cuando se encontraba realizando un catálogo de la revista “La Ilustración Espírita”; conforme avanzaba en esa tarea, su proyecto fue creciendo y Leyva fue profundizando en la historia del espiritismo.

Su trabajo va más allá de la simple presentación de los hechos. El autor analiza el contexto histórico en el que el espiritismo comienza a practicarse en México; las discusiones de los espiritistas con los positivistas, los católicos y los protestantes; de igual forma, analiza la filosofía de este peculiar movimiento. Leyva escribe:

Este libro trata de varias cosas. Trata de espíritus y de la gente que se comunica con ellos (los médiums). Trata de mesas que saltan y contestan preguntas específicas. Trata de manos poseídas que escriben en hojas de papel. Trata de velas blancas con llamas ondulantes. Trata de aquellos grupos de personas que se juntaban al anochecer para comunicarse con el más allá.

Pero este libro aborda también el México del siglo XIX. Aborda el complejo universo encerrado en su prensa. Aborda a los hombres que se encontraban detrás de los artículos, de los editores, de los excéntricos. Aborda el porfiriato y los científicos. Aborda el México en vías de secularización. Aborda la pérdida de la razón, la locura y los duelos a mano armada. Aborda a una franja de intelectuales que eran compañeros, o al menos se conocían bien.

Este libro plantea ideas y ética, utopías y finales sin esperanza. Este libro plantea, en fin, el espiritismo en México a finales del siglo XIX.

El ocaso de los espíritus está dividido en cuatro partes.

En la primera escribe acerca de la obra de la piedra angular del espiritismo de los siglos XIX y XX: “Allan Kardec es la persona que esquematizó y transformó el espiritismo de un elemento volátil y disperso, en algo centrado y metodológico.” Ciencia y moral son componentes importantes e inseparables en la obra de Kardec. El espiritista estaba convencido de estar haciendo ciencia, no sólo eso, los avances científicos y tecnológicos eran adaptados a la visión de los espiritistas, ejemplo de ello es la evolución por selección natural: “el darwinismo explicaba la evolución del hombre desde su inicio en la tierra o en el mundo terrenal, y la teoría sintonizaba muy bien con la idea de progreso continuo que manejaban los espiritistas: una búsqueda constante de superación humana que ya había rebasado las presentaciones materiales y ahora se refería al espíritu (...) El fin, en palabras de Allan Kardec, era lograr que la tierra estuviera habitada por espíritus puros, la más alta jerarquía dentro de la clasificación predeterminada”. Como se ve, la moral está presente en el “darwinismo espiritista”, la evolución espiritual sólo puede lograrse con un correcto comportamiento. Leyva explica: “El espiritista que siga los preceptos de Kardec deberá combinar la ciencia con un comportamiento en sociedad no sólo aceptable, en los términos más elementales, sino estrechamente apegados a la bondad y la caridad. La exigencia espírita era especialmente rígida, el dilema no residía en las apariencias. Los pecados diarios no se subsanaban con un arrepentimiento semanal, con el pago material del diezmo. Para los espiritistas, esto último pertenecía a la iglesia corrupta, invadida de intereses personales que colocaba a los curas como administradores de la expiación de culpas.” Esto nos lleva al siguiente elemento importante en la obra de Kardec: la crítica que hace a las religiones formales, para el espiritista los religiosos no son más que “charlatanes o demagogos, personas que persiguen el enriquecimiento personal antes que el bien de la humanidad, predicadores de un mundo espiritual que ellos son los primeros en olvidar.” En resumen, la obra de Kardec tiene tres componentes importantes: ciencia, moral y crítica a las religiones establecidas.

En la segunda parte narra la historia de la revista “La Ilustración Espírita” (que comenzó a circular en febrero de 1872) y la historia de su editor, el hombre que introdujo el espiritismo a México, Refugio Indalecio González. Refugio fue un general liberal (participó en las guerras de Reforma y en el juicio contra Maximiliano). ¿Cómo explicar su conversión al espiritismo? Para Leyva dicha conversión no resulta tan extraña: “El espiritismo no estaba peleado con las ideas liberales ni con el progreso. El espiritismo resultaba ser sólo una variante de las ideas positivas y progresistas a las que Refugio I. González siempre fue adepto, el general fue consecuente hasta el final de sus días (...) El espiritismo y el liberalismo tenían como gran enemigo a la ortodoxia religiosa del catolicismo conservador y su sistema institucional. Ambos consideraban al progreso como la meta del hombre y creían en la libertad humana. Sin embargo, en los matices se encontraban las diferencias. El espiritismo se separaba de los católicos de una manera distinta al liberalismo, y su idea de progreso y libertad incluía una peculiar visión metafísica.” El éxito de La Ilustración Espírita fue tal que dio lugar a la formación de la “Sociedad Espírita Central de la República Mexicana” (agosto de 1872).

En la tercera parte nos cuenta las polémicas que los espiritistas mantuvieron con positivistas, católicos y protestantes. Especialmente interesantes son los debates sostenidos en el Liceo Hidalgo, “discusiones que varios cronistas de la época reconocen como la primera filosófica y pública en México”. El Liceo fue fundado en 1850, sus primeros presidentes fueron Francisco Severo Maldonado y Francisco Zarco. “El Liceo se encargaba de impulsar la cultura a través de la conjunción de personajes notables del mundo académico, histórico y literario. Se analizaban y discutían temas con cierto peso dentro del mundo cultural. Las conclusiones de esas polémicas se publicaban en su órgano publicitario, La Ilustración Mexicana (1851-1855), donde se notificaba la entrada de nuevos miembros o bien se editaban los discursos completos sobre alguna cuestión de interés para el grupo.” Espiritistas y espiritualistas debatieron con los materialistas y positivistas. No participaron los religiosos que veían con malos ojos a los espiritistas, y no lo hicieron porque lo que se debatió fue si el espiritismo contaba o no con sustento científico. En estas discusiones estuvieron presentes personajes como José Martí, Gabino Barreda, Ignacio Ramírez, y Santiago y Justo Sierra. Mariano Leyva nos cuenta también el enfoque que dio la prensa a estos debates.

La filosofía y la ética del movimiento espiritista se exponen en la cuarta parte. “Establecer un orden ético para no caer en la barbarie humana, entender que la técnica no era nada sin el grado de humanismo suficiente, comprender que los avances son peligrosos si no existe la tolerancia humana necesaria, preocuparse por los suicidios recurrentes y dar consejos para evitarlos. Mantener la confianza en la bondad del hombre. Ésa era la verdadera ciencia de los espiritistas: crear una ciudad espiritual en la nueva tierra del nihilismo y la intolerancia.” También en este capítulo José Mariano dedica algunas líneas al espiritismo practicado por Francisco I. Madero.

Mariano Leyva no ve al espiritismo como un fenómeno irracional, para él los espiritistas no eran charlatanes o chiflados, tampoco considera simples crédulos a los seguidores de esta religión; para el historiador, el espiritismo que proponían Allan Kardec y Refugio I. González lejos está del embuste. Sin embargo, fue el espiritismo practicado por charlatanes el que conoció el gran público.


Hacia 1893, año en que salió el último número de la Ilustración Espírita, el espiritismo dejó de ser lo que era. “La ética espírita era mal conocida. Fue una compleja doctrina que tarde o temprano quedaría relegada al exotismo. Su posición multidisciplinaria era algo difícil de llevar, pero el terreno al que finalmente fue relegada en el siglo XX no tenía nada que ver con los propósitos originales del espiritismo en el siglo XIX. El empeño por mantener en su seno varias corrientes opuestas, científicas y religiosas, no era sinónimo de adivinación del futuro, creencia en extraterrestres o fe desmedida y sin análisis de poderes, de energías y fluidos corporales. La seriedad con la que incursionaron se diluyó en teorías mágicas que se apropiaron los idealistas sin criterio, sin información y entusiastas del amor propio en el siglo siguiente (...) El espiritismo comenzó a sonar cada vez más idealista e inocente, se descontextualizó y no halló un lugar fijo. Lo que sobrevivió de él poco tenía que ver con el concepto original: conforme el presente siglo avanzaba, los espiritistas fueron vistos como gente exótica, adivinos o simpatizantes de las teorías que confirmaban la existencia de los extraterrestres. Las comunicaciones espíritas se hacían para el único beneficio personal y la parte filosófica quedó sepultada.”

No sé cuál sea la respuesta a la pregunta que da título a esta entrada, Mariano Leyva expone en su libro lo que considera es rescatable de este movimiento, desarrolla lo que cree que se encontraba detrás del intento por comunicarse con el más allá, explica cuáles eran las profundas preocupaciones de aquellos que recurrían a las “mesas parlantes”: “los desvelos que los espiritistas tenían, resultaban de dilemas que aún hoy podemos palpar: un materialismo galopante, el furor desmedido por la tecnología imaginada incluso como un arcano salvador, la lenta pero inexorable disminución del humanismo.”

8 comentarios:

Pereque dijo...

Se ve interesante. ¿Como cuánto cuesta el libro? Yo supongo, por la editorial, que andará en unos 150 o 200 pesos... - P.

Martín Fragoso dijo...

Hola, efectivamente, me costó 150 pesos.

Saludos.

Anónimo dijo...

Interesante. ¿El autor es espiritista? ¿Lo conocen?

Martín Fragoso dijo...

Hola. El autor del libro jamás menciona sus creencias con respecto al "mas allá". Dudo que sea espiritista, simplemente como historiador se interesó en estudiar esta religión.

Saludos.

Nalez dijo...

Porqué has dicho religión? Creía que el espiritismo rechazaba la religión y sus rituales, como has dicho antes.

He leído antes acerca de este tema, pues mis padres y cuatro generaciones de mi familia han sido y son espiritistas. Es una pena que haya pasado a la historia como meros fenómenos fantasiosos alejados completamente de la realidad del Espiritismo.

Interesante artículo.

Anónimo dijo...

DESEARIA ADQUIRIR EL LIBRO "EL OCASO DE LOS ESPÍRITUS" ¿PUEDEN ORIENTARME DONDE?
MUCHAS GRACIAS.
GUILLERMO ONCINS
MADRID, ESPAÑA

Anónimo dijo...

Hola. Me parece que, como casi todos los libros en México, tiene un serio problema de distribución. Pero el internet puede salvar la situación. Puedes comprarlo en los portales de las librerías Gandhi (www.gandhi.com.mx) en México o la Casa del Libro (www.casadellibro.com) en España, o de plano por amazon.

Anónimo dijo...

... la editorial también tiene página, creo que ahí mismo se pueden comprar los libros que sacan: calyarena.com.mx