sábado, setiembre 26, 2009

Génesis

En el libro Del espejo a las herramientas. Ensayos sobre el pensamiento de Wittgenstein (Universidad Nacional de Colombia, Pontificia Universidad Javeriana y Siglo del Hombre Editores, 2003) encontramos 14 ensayos sobre la filosofía del autor del Tractatus Logico Philosophicus.

El primero de ellos se titula “El Tractatus de Wittgenstein como obra de iniciación al silencio” y fue escrito por Paulo Roberto Margutti Pinto, profesor de la Universidad Federal de Minas Gerais, Brasil.

El autor del ensayo considera que quienes leen y comprenden el Tractatus además de poder juzgar cuáles son los límites del lenguaje, también ven transformada radicalmente su actitud en la vida.

Comienza su ensayo explicando dos sentidos de la palabra iniciación: 1. Una introducción al conocimiento de cosas misteriosas o desconocidas. 2. Ritual preparatorio para introducir a alguien a los misterios de una religión o doctrina.

En la iniciación como ritual hay dos procesos que se complementan: la muerte de la persona iniciada, “que deja de ser lo que era, a través de una experiencia traumática”, y el renacimiento, mediante el cual, la persona iniciada “se convierte en alguien diferente y mejor.”

Margutti Pinto interpreta el Tractatus como una obra de iniciación; de tal forma que la muerte y el renacimiento se dan en la lógica y la ética. Gracias a esta iniciación se encuentra el sentido de la vida, específicamente el enigma de la vida en el mundo se resuelve gracias al misticismo. ¿Qué es este misticismo? Se puede dar respuesta de distintas formas, una de ellas es: La contemplación silenciosa de aquello que no puede decirse pero sí mostrarse.

Margutti explica lo que Wittgenstein escribió acerca de la lógica y el lenguaje, las consideraciones del filósofo austriaco sobre la ética y el misticismo, y la forma en que convergen la ética y la lógica para proporcionar una experiencia de iniciación.

Pero antes de desarrollar los temas mencionados, Margutti explica qué ideas influyeron en Wittgenstein, qué conceptos tenía en mente el filósofo-místico cuando comenzó su trabajo filosófico; en otras palabras, Margutti reconstruye la atmósfera intelectual y la problemática que motivaron el Tractatus. Es sólo de esta parte de la que escribo en esta entrada (dejo por ahora de lado las consideraciones sobre el Tractatus como obra de iniciación al silencio o –lo que es lo mismo- como obra que muestra cuál es el sentido de la vida).

Las ideas que estaban en la mente de Wittgenstein provenían de tres fuentes:

Las inquietudes místicas de Wittgenstein tienen su origen en James, Tolstoi, Shopenhauer y Weininger; su preocupación por cuestiones de lógica y ciencias naturales vienen de Hertz, Boltzmann, Frege y Russell; y su interés por los límites del lenguaje de Mauthner.
Ahora veamos más detalladamente las ideas de estas tres fuentes:


Ética, religión y misticismo

James, Tolstoi, Shopenhauer y Weininger ponían “énfasis en el misticismo como la experiencia humana más significativa. Las ideas de estos autores convergen en el sentido de asumir la existencia de la experiencia mística, que consiste en la contemplación beatífica de una realidad más elevada, que sólo puede ser obtenida a partir de una revolución personal. En Weininger, esta revolución surge como una exigencia interior, como un imperativo categórico que debe ser satisfecho por todo aquel que quiera merecer seguir viviendo.”

Wittgenstein llegó a plantearse el asunto de la siguiente forma: genio o muerte. En palabras de Ray Monk: “La opción que ofrece la teoría de Weininger es ciertamente desoladora y terrible: genio o muerte (...) Los recurrentes pensamientos de Wittgenstein en torno al suicidio, entre 1903 y 1912, y el hecho de que estos pensamientos sólo amainaran tras el reconocimiento de su genio por parte de Russell, sugieren que él aceptó este imperativo con toda su terrorífica severidad.”

El cristianismo tolstoiano también influyó en Wittgenstein. Durante su participación como soldado durante la Primera Guerra Mundial, el filósofo-místico leyó los comentarios de Tolstoi a los Evangelios.

Wittgenstein hace una interpretación shopenhaueriana del cristianismo tolstoiano, al mismo tiempo que posee una moral basada en Weininger. Margutti explica lo anterior:

“(En el cristianismo de Tolstoi) encontramos el verdadero sentido de la vida en la contemplación beatífica del eterno presente, a través de una victoria del espíritu sobre la carne. Vemos también que este cristianismo era entendido en una perspectiva shopenhaueriana, donde el espíritu corresponde al sujeto trascendental, que se encuentra en un ámbito fuera del espacio y del tiempo, y la carne corresponde al sujeto individual o empírico, que constituye un fenómeno perteneciente al ámbito temporal. El sujeto trascendental y el mundo fenoménico son ambos manifestaciones trascendentalmente complementarias del mismo principio último de toda realidad, a saber, la voluntad. A esta perspectiva se añadía una rígida moral de tipo weiningeriano, que implica el deber interior de ser auténtico consigo mismo para encontrar el sentido de la vida. Aunque Wittgenstein creyese en estas ideas, le faltaba experimentar todavía la vivencia tolstoiana del eterno presente para convertirse en un hombre en sentido completo. Esta carencia lo dejaba existencialmente angustiado, ya que sus rígidas convicciones morales exigían implacablemente que descubriese el sentido de la vida o se suicidase. Esta carencia debía también motivarlo fuertemente, en el sentido de crear en su propia vida las condiciones favorables para experimentar la revolución interior.”


Lógica, ciencia y crítica del lenguaje

¿Cómo influyeron en Wittgenstein Hertz, Boltzman, Frege y Russell? Ellos creían que gran parte de los problemas científicos y filosóficos sólo podrían resolverse mediante el análisis lógico del lenguaje, ya que éste permitiría distinguir entre auténticos problemas y falsos problemas originados por los usos ilegítimos de los signos lingüísticos. Creían que el mundo podía ser descrito de manera lógica mediante el lenguaje científico.

Por su parte, Mauthner influye en Wittgenstein por su crítica del lenguaje: “Su descubrimiento más importante (de Mauthner) es que la realidad se halla siempre un paso más adelante del lenguaje, el cual, aun cuando luche desesperadamente por expresarla, jamás tendrá éxito en esta tarea. Desde este punto de vista, la experiencia mística es indescriptible y la ciencia de la naturaleza imposible. Mauthner defiende un escepticismo extremo, según el cual debemos dejar de hacer preguntas y buscar respuestas. Para él, una crítica del lenguaje es un acto al mismo tiempo suicida y redentor, que nos lleva a una única solución posible: el silencio total.”


Una nueva delimitación

¿Cómo comienza Wittgenstein a trabajar con las ideas ya expuestas? Wittgenstein creía que podía lograrse una descripción científica del mundo mediante una teoría de los modelos como la de Hertz y Boltzman, esa teoría podía complementarse con las técnicas de análisis lógico de Frege y Russell. Pero lo anterior entraba en conflicto con las ideas desarrolladas con Mauthner, quien -como vimos- consideraba imposible describir toda realidad y no dejaba otro camino que el del silencio.

Wittgenstein consideraba que Mauthner acertaba sólo en parte. Acertaba cuando consideraba que el lenguaje resultaba inútil para describir las vivencias místicas (como creían los autores vistos en el apartado de ética, religión y misticismo), pero erraba al considerar imposible describir toda la realidad, ya que parecía posible una descripción científica del mundo. Si Mauthner estuviera completamente en lo cierto no podrían existir ni la física ni la metafísica (o carecerían de sentido). Pero si los científicos y lógicos tuvieran razón, significaría que el lenguaje podría expresar algo. Así, “era preciso establecer, de manera crítica y desde el interior del propio lenguaje, lo que puede y lo que no puede ser dicho. Parece que Wittgenstein sentía la necesidad de una nueva delimitación, la cual debería ser hecha a través de una crítica del lenguaje todavía más radical que la mauthneriana.”

¿Cuáles son los alcances del Tractatus? Por un lado delimita entre lo que se puede decir (proposiciones de las ciencias naturales) y lo que sólo se puede mostrar (ética, estética, metafísica); por otro, también es un libro que revela el sentido de la vida, por ello -escribe Margutti- la comprensión de la filosofía tractariana implica, no sólo la aclaración relativa a los límites del lenguaje, sino también una transformación radical de actitud en la vida del lector.

miércoles, setiembre 16, 2009

Neotenia y homosexualidad en el mono desnudo



Evolución y sexo

El zoólogo Desmond Morris es el autor de El mono desnudo, El zoo humano y El hombre desnudo.

En la introducción de El mono desnudo explica: “Hay ciento noventa y tres especies vivientes de simios y monos. Ciento noventa y dos de ellas están cubiertas de pelo. La excepción la constituye un mono desnudo que se ha puesto a sí mismo el nombre de Homo sapiens.”

¿Por qué Morris, siendo zoólogo, escribe sobre el ser humano? Responde: “Yo soy zoólogo, y el mono desnudo es un animal. Por consiguiente, éste es tema adecuado para mi pluma.”

Sin duda, esta visión incomoda a muchas personas, por ello aclara: “Me doy cuenta de que al tratar estos problemas corro el riesgo de ofender a mucha gente. Hay personas que prefieren no ver su propio ser animal. Considerarán, quizá, que degrado a nuestra especie al hablar de ella en crudos términos animales. Sólo puedo asegurarles que no es esa mi intención.”

Morris comete el mismo “pecado” en El zoo humano. Pero como el mismo científico afirma: aunque la mona se vista de seda, mona se queda; incluso el mono espacial tiene que orinar.

¿Qué temas aborda Morris en El mono desnudo? La alimentación, la crianza, el sueño, la lucha, el apareamiento y el cuidado de los pequeñuelos. “¿Cómo reacciona el mono desnudo al enfrentarse con estos problemas? ¿En qué se asemejan estas reacciones a las de otros monos y simios? ¿En qué aspecto particular es único, y qué relación existe entre sus peculiaridades y su especial historia evolutiva?”

Al inicio del primer capítulo hace un recuento de nuestra historia evolutiva (de lo cual no escribiré, pues el interesado puede fácilmente conseguir el libro; el punto al que realmente me interesa llegar en esta entrada es el de la homosexualidad). Un primer “pero” que podría ponérsele a Morris es que además de monos desnudos somos monos culturales, y como monos culturales ¿hasta qué punto podemos inventarnos a nosotros mismos?, ¿hasta qué punto podemos hablar de una “naturaleza humana”?, ¿es que la pregunta acerca de lo que somos sólo puede responderse recurriendo a los aspectos biológicos?, ¿será que biología es destino? Morris afirma lo siguiente: “Sólo observando detenidamente nuestro origen y estudiando a continuación los aspectos biológicos de la manera en que actualmente nos comportamos como especie, podremos realmente llegar a una comprensión equilibrada y objetiva de nuestra extraordinaria existencia.”

Bueno, podemos resumir el camino esbozado por el zoólogo de la siguiente manera: el mono de los bosques se convirtió en mono a ras de tierra, en mono cazador y sedentario, y a continuación en mono cultural. Al pasar de mono de los bosques a mono cazador, se modificó la dieta de nuestros antepasados. “Ahora debemos examinar con atención la manera en que esto afecto, no sólo a su cuerpo, sino, en especial, a su comportamiento, y en qué forma experimentamos la influencia de esta herencia en los días actuales.”

Morris expone las siguientes ideas: el mono cazador comenzó a vivir en un lugar fijo, desarrolló su impulso de comunicación y cooperación con sus compañeros, los machos tuvieron que llevar provisiones a casa, en la que permanecían las hembras y los hijos. El papel de los sexos tuvo que diferenciarse más. Y como los machos salían a cazar y las hembras permanecían en el hogar, Morris afirma que se tuvo que crear un lazo que apareaba a los individuos: el enamoramiento y la fidelidad. Esto reducía las graves rivalidades sexuales entre los machos; al haber desarrollado y perfeccionado armas que resultaban mortíferas, debían eliminarse las discordias. Por otro lado, ese lazo de enamoramiento y fidelidad resultaba beneficioso para las crías.

El capítulo termina con la exposición de algunas hipótesis que tratan de explicar el por qué de la desnudez de nuestra especie (interesantes, sobre todo la de la neotenia, como veremos más adelante). Pasemos al segundo capítulo: Sexo.

Confusión es lo que caracteriza nuestra vida sexual. Como primates tenemos ciertos impulsos, otros como carnívoros, y otros como miembros de una complicada comunidad civilizada. Morris escribe: “Para empezar, (el mono desnudo) debe todas sus cualidades sexuales básicas a su antepasado el mono de los bosques, comedor de frutos. Estas características fueron después drásticamente modificadas para adaptarlas a su vida de cazador en campo abierto. Esto era bastante difícil, pero, a continuación, tuvo que adaptarse al rápido desarrollo de una estructura social crecientemente compleja y determinada por la cultura.”

Describe tres etapas por las que pasa el comportamiento sexual: formación de la pareja, actividad precopulativa y cópula. El zoólogo reconoce que existen diversos comportamientos sexuales en las diferentes sociedades y culturas, pero describe el que cree puede ser tomado como el representante del moderno mono desnudo.

Describe los fenómenos fisiológicos que se presentan durante la excitación y el acto sexual. Expone que el sexo refuerza el lazo entre la pareja. Así, ciertas características de nuestra especie (la forma de los lóbulos de las orejas, de la nariz, de los labios y de los senos) evolucionaron para mantener el interés sexual de la pareja. Otros temas son: el orgasmo femenino (que según Morris es un “fenómeno tomado de prestado del macho”), la relación con los hijos, la utilidad del himen, la monogamia y la poligamia (“hagan lo que hagan las oscuras y atrasadas tribus actuales, la corriente principal de nuestra especie manifiesta su tendencia a construir parejas exclusivas en su forma extrema, es decir, en las relaciones monógamas a largo plazo”). Morris concluye que nuestro comportamiento sexual ha dado forma a la civilización (y no a la inversa): “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”

A continuación describe dos fuerzas en conflicto: la agudización de la sexualidad para mantener unida a la pareja y su apaciguamiento cuando los miembros de la pareja se encuentran separados (“a fin de evitar el estímulo excesivo de terceros”).


¿Moralidad zoológica?

Desde el inicio nos percatamos del enfoque que el zoólogo le dará al tema de la homosexualidad: “La función primordial del comportamiento sexual es la reproducción de la especie, y es evidente que esto no puede lograrse con la formación de parejas homosexuales.”

Morris distingue entre los actos homosexuales esporádicos y la fijación homosexual.

En el primer caso no se crean lazos homosexuales duraderos. Habla de dos tipos de actos homosexuales esporádicos: aquellos que sirven para evitar las agresiones y para resolver problemas de dominio, y aquellos que se presentan cuando el estímulo biológicamente correcto no está al alcance de un individuo, así “un miembro del mismo sexo es empleado como sucedáneo, como ‘mal menor’, en la actividad sexual.”

¿Por qué Morris habla del “estímulo biológicamente correcto”? Porque piensa sólo en la reproducción: “desde el punto de vista de la reproducción, la formación de un lazo homosexual es inconveniente, ya que no puede conducir a la producción de retoños y estropea la posible función reproductora de los adultos.”

Escribe que los actos homosexuales que no crean lazos duraderos se presentan tanto en otras especies como en la nuestra. En nuestra especie dice que “Cuando los machos o las hembras, por el motivo que sea, no encuentran acceso sexual a los individuos del sexo contrario, buscan otro deshago a sus impulsos. A veces, acuden a miembros de su propio sexo; otras veces, llegan a valerse de miembros de otra especie; otras se masturban. Minuciosos estudios americanos de comportamiento sexual revelan que, en una sociedad, un 13 por ciento de las hembras y un 37 por ciento de los varones, han realizado, antes de los cuarenta y cinco años, contactos homosexuales productores de orgasmo. Los contactos sexuales con otras especies animales son mucho más raros (porque, naturalmente, éstas no ofrecen el adecuado estímulo sexual), y sólo se han registrado en el 3,6 por ciento de la hembra y en el 8 por ciento de los varones. La masturbación, aunque carece del ‘estímulo del compañero’, es, empero, tan fácil de iniciar que se produce con mayor frecuencia. Se calcula que un 58 por ciento de las hembras y un 92 por ciento de los varones se masturban en alguna época de su vida.”

Morris valora los diferentes comportamientos sexuales desde la que llama moralidad zoológica (no olvidemos la profesión del autor). Ésta se refiere al éxito o fracaso en la reproducción: “Si ciertos hábitos sexuales impiden el éxito reproductor, podemos calificarlos sinceramente de biológicamente inadecuados.”

De ahí que la homosexualidad, la masturbación, la zoofilia o cualquier actividad sexual inútil desde el punto de vista de la reproducción resulten inofensivas siempre y cuando no se produzca una fijación, esto es, mientras no disminuyan la potencia procreadora a largo plazo de los individuos “afectados”. Así, esta moralidad zoológica le lleva a considerar como anómalos (desde el punto de vista de la reproducción, vale repetirlo) a grupos como los de monjes, monjas, solterones y solteronas y homosexuales permanentes. En cambio “ninguna práctica sexual por muy asquerosa u obscena que parezca a los miembros de una civilización particular, puede ser biológicamente criticada, mientras no impida el éxito reproductivo en general. Si los más chocantes refinamientos del acto sexual contribuyen a asegurar que se producirá la fertilización entre los miembros de una pareja, o que se fortalecerán los lazos de la misma, entonces ha cumplido su misión reproductora y es, biológicamente, tan aceptable como la costumbre sexual más ‘limpia’ y aprobada por todos.”

Morris también escribe acerca de la forma en que podría producirse una fijación homosexual importante. Así, llega a considerar que el ambiente familiar influye en las tendencias homosexuales: “Si en el ambiente familiar los retoños se ven sometidos a una madre varonil y dominadora, o a un padre débil y afeminado, esto puede acarrearles una considerable confusión. Las características de comportamiento actuarán en un sentido, y las anatómicas en otro. Si al llegar a la madurez sexual los hijos buscan compañeros que tengan las cualidades de comportamiento (más que las anatómicas) de la madre, están expuestos a elegirlos más entre los varones que entre las hembras. Las hijas corren un riesgo similar, pero a la inversa.”

Pero Morris propone un escenario en el que la “moralidad biológica (o zoológica)” puede ya no aplicarse: cuando existe una superpoblación. “Teniendo en cuenta este problema de superpoblación, podría argüirse que la necesidad de reducir drásticamente el índice de reproducción destruye todas las críticas biológicas que pueden hacerse a las categorías no reproductoras, tales como frailes y monjas, solteronas y solterones empedernidos, y homosexuales permanentes. Esto es cierto desde el exclusivo punto de vista de la reproducción, pero no resuelve otros problemas sociales con los que, en ciertos casos, tendrán que enfrentarse, aislados en su especial papel minoritario. Sin embargo, mientras sean miembros bien adaptados y valiosos de la sociedad, al margen de la esfera procreadora, su no contribución al aumento explosivo de la población puede considerarse altamente beneficiosa.”

Tenemos entonces que para Morris el comportamiento sexual que tenemos como especie no es el resultado de la cultura, según sus tesis la monogamia y la fidelidad tienen bases biológicas. Recordemos que Morris ya había escrito que: “fue la naturaleza biológica de la bestia la que moldeó la estructura social de la civilización, y no ésta la que moldeó a aquella.”

¿Cuál es el futuro de nuestro comportamiento sexual? Desmond Morris afirma que si llegamos a modificarlo será no por su fracaso sino por su éxito excesivo.


Una infancia prolongada

Los seres humanos podemos ser llamados monos desnudos, pues como afirma Morris: “Salvo ostensibles matas de pelo en la cabeza, en los sobacos y alrededor del aparato genital, la superficie de piel está completamente al descubierto. En comparación con otras especies de primates, el contraste es dramático.”

Algunos biólogos afirman que es erróneo llamar mono desnudo al ser humano, ¿por qué? Porque –dicen- la pérdida de vello es imaginaria; en opinión de Morris esas afirmaciones no tienen sentido: “Desde un punto de vista funcional, estamos completamente desnudos, y nuestra piel está plenamente expuesta al mundo exterior. Este estado de cosas tiene que ser aún explicado, independientemente de los pelitos que podemos contar con ayuda de una lupa.”

¿En qué momento quedamos desnudos? Es un enigma que los científicos tratan de resolver, ¿qué dificultades tienen que enfrentar para encontrar la solución?, Morris escribe:
“Desgraciadamente, los fósiles no nos sirven de mucho cuando se trata de diferencias de piel o de cabello; por esto no tenemos idea del momento exacto en que se produjo la gran denudación. Podemos estar bastante seguros de que no sucedió antes de que nuestros antepasados abandonaran sus hogares de los bosques.”

El cuándo es un enigma, otro es el por qué. Hay varias ideas que tratan de explicar las razones por las que perdimos pelo, sólo me referiré a la explicación neoténica.

¿De qué se trata este asunto de la neotenia? Morris explica que se trata de un proceso por el que ciertos rasgos infantiles y/o juveniles se conservan y prolongan en la vida adulta. Así, el mono cazador se convirtió en un mono infantil.

El zoólogo afirma que cuando nace un mono típico su cerebro tiene ya el 70% de su tamaño de adulto, y que el otro 30% lo obtendrá durante los primeros meses de vida. Pero resulta que en nuestra especie, el cerebro de un bebé tiene el 23 % de su tamaño adulto; y el pleno desarrollo se alcanzará hasta los veintitrés años. “Así, pues, en nuestro caso, el crecimiento del cerebro prosigue durante los diez años después de que alcancemos la madurez sexual, mientras que, en el chimpancé, termina seis o siente años antes de que el animal sea capaz de reproducirse. Esto explica claramente lo que quisimos decir al declarar que nos habíamos convertido en monos infantiles.”

¿Y qué pasa con la desnudez de nuestra especie? Es otra característica de este proceso de conservación de características infantiles. El científico explica que cuando un chimpancé nace, éste tiene mucho pelo en la cabeza y casi nada en el cuerpo; si por neotenia, estas características se prolongaran a la edad adulta, su condición pilosa sería parecida a la del mono desnudo.

Morris matiza sus afirmaciones: nuestros antepasados se infantilizaron sólo en ciertas cosas. Continuemos con su explicación:

“De un solo golpe neoténico, fue capaz de adquirir el cerebro que le hacía falta y el cuerpo que había de acompañarle. Pudo correr verticalmente con las manos libres para empuñar armas, y al propio tiempo desarrolló el cerebro que le permitía perfeccionar estas armas. Más aún: no sólo aumentó su inteligencia para manipular los objetos, sino que prolongó su infancia, para aprender durante la misma de sus padres y de los otros adultos. Los monos y los chimpancés pequeños son juguetones, curiosos e inventivos; pero esta fase se extingue rápidamente. La infancia del mono desnudo se extendió a este respecto, a su vida sexualmente adulta. Sobraba tiempo para imitar y aprender las técnicas especiales inventadas para anteriores generaciones. Sus debilidades, como cazador físico e instintivo, podían ser más que compensadas por su inteligencia y su habilidad para la imitación. Podía ser enseñado por sus padres como nunca lo había sido un animal.”

El científico dice que la pérdida de pelo es un proceso que puede resultar peligroso, por ello es que cree que debía tener un valor por sí misma, y no que sólo es el derivado de otros cambios neoténicos más vitales como el crecimiento del cerebro. ¿En qué podría haber resultado beneficiosa la pérdida de pelo? Explica algunas propuestas (la lucha contra parásitos como los ácaros, las pulgas y las chinches; la lucha contra el calor diurno; la diferenciación sexual; etc).

Bueno, vemos que –según esta idea de la neotenia- nuestros logros como especie (y desgraciadamente también nuestros errores) se deben a que nuestra infancia se prolonga aún después de llegar a la madurez sexual.

En su libro El hombre desnudo, Morris escribe sobre la homosexualidad y la neotenia.

¿Quiénes muestran mayor creatividad, los bugas (heterosexuales) o los homosexuales? Los homosexuales, según Morris. ¿Por qué? Porque la creatividad y la curiosidad son rasgos infantiles (el zoólogo afirma que en otros monos estas características desaparecen rápidamente), y -según el propio Morris- la homosexualidad se debe a que no se ha superado una etapa infantil.

El zoólogo cree que en la infancia, los monos desnudos juegan con los de su mismo sexo y que al llegar a la pubertad esa etapa se supera... bueno, no todos la dejan atrás: “por razones fundamentalmente de tipo social, una proporción pequeña de hombres y de mujeres siguen prefiriendo a los de su propio sexo.” En otra parte añade: “los homosexuales manifiestan ese síndrome de Peter Pan en grado extremo, lo que les otorga una inteligencia, una inventiva y una creatividad por encima de la media.”

Pero, ¿hasta qué punto es un mito el asunto del “club te Tobi”? ¿Cuántos homosexuales jugaron durante su infancia tanto con niñas como con niños? En realidad las ideas de Morris se muestran inexactas. De hecho hay quienes afirman que hay sexismo, homofobia y pseudociencia en sus puntos de vista.


Enlaces relacionados:

Los gays son "niños creativos", según Desmond Morris.

Noticias nuevas (con ideas viejas) de Desmond Morris.

miércoles, setiembre 02, 2009

El Infierno fascinante

Otra de mi colección de dedicatorias...

La revista Complot Internacional, Operación Caos Cultural publicó en septiembre de 1997 un número especial dedicado a la ciencia ficción. En éste colaboraron Pepe Rojo, José Luis Zárate, Joselo Rangel, Salomón Bazbaz, BEF, Gerardo Sifuentes y Miguel Ángel Fernández Delgado, entre otros.


El historiador Miguel Ángel Fernández colaboró con un artículo titulado “Los cartógrafos del infierno en México”. ¿Por qué ese título? Miguel Ángel escribió: “En 1960, Kingsley Amis publicó el ensayo New Maps of Hell (Nuevos mapas del infierno), al que decidió titular así por el fuerte énfasis en los elementos antiutópicos que a su modo de ver predominaba en la ciencia ficción. Quince años más tarde, bajo la misma tónica, Brian W. Aldiss y Harry Harrison editaron el libro Hell’s Cartographers. Some Personals Histories of Science Fiction Writers (Los cartógrafos del infierno. Algunas historias personales de autores de ciencia ficción). Aldiss en la introducción afirmó que el papel de la ciencia ficción consistía en reflejar el presente distribuyendo lo accesorio y dramatizando las nuevas tendencias. De cualquier manera las visiones infernales son más fascinantes para la imaginación literaria que las celestiales. Esto es particularmente perceptible en la ciencia ficción mexicana.”

En su artículo, Fernández da un rápido repaso del desarrollo de la ciencia ficción en México.

Al final se comenta que para Gerardo Horacio Porcayo no existe un estilo mexicano de escribir ciencia ficción, sino un factor común: el pesimismo. Para Fernández la cf mexicana probablemente apostaría ya no a los infiernos tecnológicos “sino a la utopía o al menos a un purgatorio al estilo de ‘Luvina’ de Juan Rulfo.”

Miguel Ángel Fernández es un estudioso de la historia de la ciencia ficción mexicana, sus investigaciones han sido publicadas en diferentes medios. En el 2001 la editorial Lumen publicó una antología de ciencia ficción coordinada por él: Visiones periféricas.


La introducción de Fernández trata dos temas: la historia de la ciencia ficción en nuestro país y cuestiones sobre la antología. Sobre el título de la obra explica:

Siguiendo a los historiadores de la ciencia, quienes, al aceptar que los países subdesarrollados contaban con un decurso histórico propio dentro de la ciencia y la tecnología, acuñaron el término “ciencia periférica”, para referirse así a sus eventuales aportaciones al conocimiento universal. Con el mismo símil, la CF producida en dichas regiones, a las que pertenece México, no podía sino ser considerada periférica respecto de la propia de los países anglosajones, productores de la mayor cantidad de libros y publicaciones periódicas dentro de la misma corriente literaria.

John Cutle considera que hasta la década de 1960 la CF en lengua inglesa hablaba y se dirigía solamente a los supuestos dueños del planeta, los anglosajones, en particular a los que reunían las características del conocido acrónimo WASP (White Anglo-Saxon Protestant). En la misma década, comenzó a generalizarse en todo el mundo la aparición de autores de CF con propuestas nuevas, tomando en cuenta a toda la raza humana y no solamente a un pequeño grupo. Así esta corriente literaria fue aceptada universalmente como la mitología imperante del siglo; pero sólo se consiguió entonces que ciertas regiones de la Tierra dejaran de ser consideradas el centro del universo de la CF.

La presente antología ofrece cerca de veinte propuestas o visiones “periféricas” de la CF, todas ellas hechas en México por mexicanos o latinoamericanos que eligieron la sede del antiguo señorío mexica o azteca, o el de otras culturas prehispánicas, para dedicarse a una corriente literaria que, de la misma forma en que nuestros antepasados reaccionaron ante el invasor europeo y su tecnología armamenticia, se creía que jamás lograrían deslindar de la magia o el realismo mágico.

En un mundo en que todo tiende a generalizarse o, como dicta el léxico de los tiempos, a “globalizarse”, éstas que son hoy Visiones periféricas esperemos que mañana sean consideradas simplemente relatos de CF, y así puedan ser tomadas en cuenta dentro de las antologías de la mejor CF del año a nivel mundial, pues al presente, por las razones antes vistas, solamente toman en cuenta la producción literaria de los países anglosajones.

La antología está dividida en cuatro: Nuevos mundos para una literatura maravillosa; Guerra fría, conquista del espacio e inteligencia artificial; El localismo de la ciancia ficción y Posmodernidad y cyberpunk.

Encontramos textos de Amado Nervo, Juan José Arreola, Federico Schaffler, Mauricio-José Schwarz, Gerardo Murillo (Dr. Atl), Gabriel Trujillo Muñoz, Héctor Chavarría, Arturo César Rojas, Gonzalo Martré y José Luis Ramírez, entre otros.

La obra contiene un artículo de Arrigo Coen acerca del término “ciencia ficción”, y una pequeña biografía de cada autor.

El el Sitio de Ciencia ficción encontramos una reseña de Jorge Armando Romo.