martes, enero 27, 2009

A Jorge Sánchez Quintero lo conocí en el taller de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía (corría el año de 1998), mismo que se llevaba a cabo en un café de chinos cerca del metro Insurgentes, en ese momento lo coordinaba Héctor "el chino" Chavarría. En aquel taller también conocí a los cienciaficcioñeros Francisco Espinoza, Luis Flores, Ángel Zuare, Amariel, Kalep y Jesús Julián. También pude tratar al chino Chavarría y a Gonzalo Martré.

Pues Jorge está adaptando a cómic una de mis historias: Guarapeta. Ésta la escribí hace once años (¡Cómo pasa el tiempo!). Es un texto humorístico que lo mismo ha sido criticado que elogiado... A mí me gusta mucho (¿por qué no me he de echar unas cuantas porras?), así que se los recomiendo.

Jorge está haciendo una versión bastante libre (con un final más efectista, dice él).
Gracias Jorge y un saludo a todos los compas de aquel taller.


domingo, enero 18, 2009

Sagan: Dios y la vida después de la muerte


En su novela El cálculo de Dios, Robert J. Sawyer imagina que la humanidad contacta con seres extraterrestres que tienen pruebas de la existencia de Dios.
Así, un extraterrestre llega a un museo que -entre otras cosas- “se ocupa de preservar el registro natural de incontables épocas”; el visitante desea entrevistarse con un paleontólogo y así se lo hace saber al guardia de seguridad (quien, por el aspecto de la criatura, cree estar siendo objeto de alguna broma). Hay una graciosa confusión:


-Perdóneme. Me gustaría ver a un paleontólogo.
-¿Qué tipo de paleontólogo? –dijo, con seriedad, siguiendo la broma.
El torso esférico del alienígena se sacudió una vez.
-Uno amable, supongo.
-Quiero decir, ¿invertebrados o vertebrados?
-¿Los paleontólogos no son todos humanos? –preguntó el alienígena. Hablaba de forma extraña, pero ya llegaremos a eso-. ¿No son todos, por tanto, vertebrados?
Juro por Dios que todo esto está grabado.
-Por supuesto, todos son humanos –dijo Raghubir-. Pero algunos se especializan en fósiles vertebrados y otros en invertebrados.

Tom D. Jericó es el paleontólogo con el que el extraterrestre se entrevista. Al poco tiempo la conversación gira en torno a Dios. El paleontólogo explica que para los científicos de la Tierra, la religión es un asunto de fe, y por tanto algo personal. El extraterrestre replica: “Que vivimos en un universo creado es evidente para cualquiera con la suficiente inteligencia e información.”

A Tom D. Jericó le diagnosticarán cáncer terminal, ¿recurrirá a Dios para tratar de aminorar su sufrimiento?

Una vez que el paleontólogo se enfrenta a la enfermedad y a la muerte, reflexiona lo siguiente:


Dicen que Carl Sagan mantuvo su ateísmo hasta el final. Incluso mientras agonizaba, no se arrepintió, no admitió la posibilidad de que hubiese un Dios personal al que le importaba de una forma u otra si vivía o moría.
Y sin embargo...
Y sin embargo, había leído su novela Contacto. También había visto la película, ya que estamos, pero la película rebajaba el mensaje de la novela. El libro no era ambiguo, decía que el universo había sido diseñado, creado según especificaciones por una vasta inteligencia. La novela concluía con las palabras: “Hay una inteligencia que precede al universo.” Puede que Sagan no creyese en el Dios de la Biblia, pero al menos admitió la posibilidad de un creador.
¿O no? Carl no estaba más obligado a creer en lo que escribió en su única obra de ficción de lo que George Lucas está obligado a creer en la Fuerza.
Stephen Jay Gould también había luchado contra el cáncer; en julio de 1982 se le había diagnosticado mesotelioma abdominal. Tuvo suerte; ganó. Gould, como Richard Dawkins, defendía una visión puramente darwiniana de la naturaleza –incluso si ellos dos no podían ponerse de acuerdo en los detalles precisos- Pero si la religión había ayudado a Gould a superar su enfermedad, nunca lo dijo. Aún así, después de su recuperación, había escrito un nuevo libro, Ciencia y religión: un falso conflicto, que defendía que lo científico y lo espiritual eran dos terrenos separados, dos “magisterios disjuntos”, una muestra típica de la jerga gouldiana. Pero estaba claro que durante su lucha contra la gran C le habían preocupado muchas preguntas importantes.
Y ahora era mi turno.
Aparentemente Sagan había permanecido fiel hasta el final. Parecía que Gould quizá había vacilado, pero finalmente había regresado a su viejo yo, el racionalista perfecto.
¿Y yo?
Sagan no había tenido que lidiar con la visita de un alienígena cuya teoría de gran unificación señalaba la existencia de un creador.
Gould no había sufrido de formas de vida avanzadas de Beta Hydri y Delta Pavonis que creían en Dios.
Pero yo sí.


Jericó se preguntará si es más débil que Sagan o que Gould. Al menos físicamente no encontrará muchas diferencias: “Me había sorprendido lo alto que era Carl, pero Stephen era exactamente como el tipo bajito y rechoncho que habían dibujado en Los Simpson.”

El capítulo al que se refiere Jericó es aquel en el que encuentran el esqueleto de un ángel en un terreno en el que se está construyendo un centro comercial. Todo se trata de un fraude elaborado para hacerle publicidad a dicho centro. Casi todos creen la historia, entre los escépticos se encuentra Lisa, quien pide a Stephen Jay Gould que examine un fragmento del esqueleto. Al final, una vez que el fraude se descubre, Lisa le pregunta al paleontólogo la razón por la que sus análisis no lograron poner en evidencia el engaño; Jay Gould le confiesa no haber realizado los análisis.

Por su parte, Sagan fue dibujado en Padre de familia. “Al público lo que pida”, parecen pensar quienes transmiten la serie Cosmos; mediante burdas ediciones, convierten a Sagan en un ¡¡defensor del creacionismo!! Algo que sólo podría pasar en las caricaturas... ¿o no?



A finales de 1994, Sagan decide acudir al médico y hacerse un análisis de sangre debido a que tenía en un brazo un moretón que no había desaparecido en varias semanas. Con los resultados en mano, el médico, pensando que pudiera haber algún error, le sugiere un nuevo análisis. Los nuevos resultados confirman que el científico padecía mielodisplasia. Sagan miró la Muerte cara a cara: “Me asombró saber que, si no hacía nada, mi probabilidad de supervivencia era cero. Moriría en seis meses. Yo era activo y productivo. La idea de hallarme en el umbral de la muerte se me antojó una broma grotesca.”

Todo lo que sucedió a continuación (su búsqueda de un donante de médula ósea –fue su hermana Cari la donante- y sus salidas y regresos al hospital) es narrado por Sagan en el texto En el valle de las sombras, mismo que aparece en el libro Miles de millones.

Como escribí más arriba, Sagan se enfrentó a la muerte sin la certeza de otra vida:

“Me gustaría creer que cuando muera seguiré viviendo, que alguna parte de mi continuará pensando, sintiendo y recordando. Sin embargo, a pesar de lo mucho que quisiera creerlo y de las antiguas tradiciones culturales de todo el mundo que afirman la existencia de otra vida, nada me indica que tal aseveración pueda ser algo más que un anhelo.”

Como científico, Sagan necesitaba evidencia seria (científica) para aceptar la existencia de vida después de la muerte. “Si se anunciara alguna prueba consistente de que hay vida después de la muerte, yo la examinaría ansioso; pero tendría que tratarse de datos científicos reales, no meramente anecdóticos (...) es mejor la verdad por dura que sea que una fantasía consoladora.”, expresó en El mundo y sus demonios.

Sagan se mostraba sensible acerca de la muerte, en El mundo y sus demonios explicaba:

“Mis padres murieron hace años. Yo estaba muy unido a ellos. Todavía les echo terriblemente de menos. Sé que siempre será así. Anhelo creer que su esencia, sus personalidades, lo que tanto amé de ellos, existe –real y verdaderamente- en alguna otra parte. No pediría mucho, sólo cinco o diez minutos al año, por ejemplo, para hablarles de sus nietos, para ponerlos al tanto de las últimas novedades, para recordarles que los quiero. Hay una parte de mí –por muy infantil que suene- que se pregunta dónde estarán. ‘¿Os va todo bien?’, me gustaría preguntarles. La última palabra que se me ocurrió decirle a mi padre al momento de su muerte fue: ‘Cuídate.’ A veces sueño que hablo con mis padres y, de pronto, inmerso todavía en el funcionamiento del sueño, se apodera de mí la abrumadora constatación de que en realidad no murieron, que todo ha sido una especie de error horrible (...) Cuando me despierto emprendo un breve proceso de lamentación. Sencillamente, algo dentro de mí se afana por creer en la vida después de la muerte. Y no tiene el más mínimo interés en saber si hay alguna prueba contundente de que existe. Así pues, no me río de la mujer que visita la tumba de su marido y habla con él de vez en cuando, quizá en el aniversario de su muerte. No es difícil de entender. Y, si tengo dificultades con el estado ontológico de la persona con que habla, no importa. No se trata de eso. Se trata de que los humanos se comportan como humanos.”

Sus sentimientos ante la muerte de sus padres y sus deseos de volver a verlos fueron expresados en su novela Contacto. Ellie Arroway puede encontrarse con su padre muerto gracias a la Maquina construida mediante el mensaje enviado por los extraterrestres.

Pero ¿hacia dónde apuntan los conocimientos científicos en el caso de la vida después de la muerte?, ¿qué podemos sospechar al revisar los datos de las neurociencias? ¿Y si no hay evidencia científica que demuestre la existencia de la vida después de la muerte? Claro, podemos elegir creer; pero Sagan prefería otra cosa:

“El mundo es tan exquisito, posee tanto valor y tal hondura moral, que no hay motivo para engañarnos con bellas historias respaldadas por escasas evidencias. Me parece mucho mejor mirar cara a cara la muerte en nuestra vulnerabilidad y agradecer cada día las oportunidades breves y magníficas que brinda la vida.”

Miles de personas rezaron por la recuperación de Sagan, sobre ellas escribió al final de En el valle de las sombras:

“Aunque no creo que Dios, de existir, alterase debido a la oración los planes, me siento agradecido más allá de toda ponderación a aquellos –incluyendo tantos a quienes nunca conocí- que oraron por mi restablecimiento.

“Muchos me han preguntado cómo es posible enfrentarse a la muerte sin la certeza de otra vida. Sólo puedo decir que eso no ha constituido un problema. Con alguna reserva acerca de las ‘almas débiles’, comparto la opinión de mi héroe, Albert Einstein:

No logro concebir un dios que premie y castigue a sus criaturas o que posea una voluntad del tipo que experimentamos nosotros mismos. Tampoco puedo ni querría concebir que un individuo sobreviviese a su muerte física; que las almas débiles, por temor o absurdo egotismo, alienten tales pensamientos. Yo me siento satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con un atisbo de la estructura maravillosa del mundo existente, junto con el resuelto afán de comprender una parte, por pequeña que sea, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.

Sagan consideraba que mucho había podido aprender al haber estado tan cerca de la muerte:

“He aprendido mucho de nuestras confrontaciones, sobre todo acerca de la belleza y la dulce acrimonia de la vida, del valor de los amigos y la familia y del poder transformador del amor. De hecho, estar casi a punto de morir es una experiencia tan positiva y fortalecedora del carácter que yo la recomendaría a cualquiera, si no fuese por el obvio elemento, esencial e irreductible, de riesgo.”


En octubre de 1996 Sagan tenía esperanzas de recuperación, sin embargo falleció al mes siguiente.

Ann Druyan escribió un texto en el que narra la forma en que ella enfrentó la enfermedad y muerte de su esposo, también sin la creencia en la vida después de la muerte. Se trata de un relato conmovedor. Druyan cuenta la forma en que ella y Sagan se conocieron, la forma en que se enamoraron, y cómo la familia sufrió por la enfermedad del astrónomo y divulgador de la ciencia.


Los médicos empezaron a prepararme para lo peor. A partir de entonces, cuando iba por los pasillos del hospital encontraba en los rostros familiares del personal expresiones harto diferentes. Me esquivaban y rehuían mi mirada. Era preciso que viniesen los chicos. Cuando Carl vio a Sasha, pareció operarse en su condición un cambio milagroso. “Bella, bella Sasha –exclamó. No sólo eres bella, sino también maravillosa.” Le dijo que si conseguía sobrevivir sería en parte por la fuerza que le brindaba su presencia. Durante unas cuantas horas los monitores del hospital registraron lo que parecía un cambio completo. Mis esperanzas aumentaron, pero en el fondo no podía dejar de advertir que los médicos no compartían mi entusiasmo. Vieron aquella momentánea recuperación como lo que era, “veranillo de otoño”, la breve pausa del organismo antes de su pugna final.

-Esto es un velatorio –me dijo serenamente Carl-. Voy a morir.

-No –protesté-. Lo superarás como ya hiciste antes, cuando parecía que no quedaban esperanzas.

Se volvió hacia mí con el mismo gesto que yo había contemplado incontables veces en las discusiones y escaramuzas de nuestros 20 años de escribir juntos y de amor apasionado. Con una mezcla de buen humor y escepticismo, pero, como siempre, sin vestigio de autocompasión, rehusó escuetamente:

-Bueno, veremos quién tiene razón ahora.

Sam, de cinco años ya, fue a ver a su padre por última vez. Aunque Carl luchaba por respirar y le costaba hablar, consiguió sobreponerse para no asustar al menor de sus hijos.

-Te quiero, Sam –fue todo lo que logró musitar.

-Yo también te quiero, papá –dijo Sam con tono solemne.

Desmintiendo las fantasías de los integristas, no hubo conversión en el lecho de muerte, ni en el último minuto se refugió en la visión consoladora de un cielo o de otra vida. Para Carl, sólo importaba lo cierto, no aquello que sólo sirviera para sentirnos mejor. Incluso en el momento en que puede perdonarse a cualquiera que se aparte de la real situación, Carl se mostró firme. Cuando nos miramos fijamente a los ojos, fue la convicción compartida de que nuestra maravillosa vida en común acababa para siempre.


Al final de su texto, Druyan comenta que muchas personas le escribieron cartas en las que lloraban la pérdida de Sagan. “Algunas afirman que el ejemplo de Carl las indujo a trabajar por la ciencia y la razón contra las fuerzas de la superstición y el integrismo. Esos pensamientos me consuelan y alivian mi angustia. Me permiten sentir, sin recurrir a lo sobrenatural, que Carl aún vive.”

miércoles, enero 14, 2009

ABC de la astronomía en México

Hace algunos años le escuché decir a la doctora Julieta Fierro (y hablaba en serio) que era bueno que no se enseñara astronomía en la secundaria, ya que, si se hiciera, los alumnos terminarían aborreciendo dicha ciencia. La doctora –desgraciadamente- tiene razón, ¿cuánta gente termina detestando la ciencia por culpa de las horribles clases de matemáticas, física, química o biología de la secundaria?

En Las patillas de Asimov también queremos celebrar el año internacional de la astronomía (como diría Martín “el científico hedonista” Bonfil: la astronomía por gusto), así que comenzaremos el festejo reseñando un interesante libro sobre la astronomía mexicana.

Los eclipses en el desarrollo científico e histórico en México es un librito escrito por Elías Trabulse y publicado con la finalidad de dar a conocer información relacionada con el eclipse de Sol del 11 de julio de 1991 (el libro puede ser consultado en el quinto piso de la Biblioteca Central de Ciudad Universitaria).

En apenas unas cuantas páginas (alrededor de cuarenta) Trabulse expone el desarrollo de la astronomía en nuestro país desde la época prehispánica hasta la primera mitad del siglo XX.

La obra está dividida en tres partes: la primera va de la época prehispánica a principios del siglo XIX, la segunda se centra en la forma en que la astronomía influyó durante la colonia en la formación de una cierta ideología histórica (que llevaría a la independencia) y en la tercera se ocupa de los siglos XIX y XX.

La primera parte comienza explicando qué es un eclipse y de cuántos tipos hay, los cálculos astronómicos de los mayas, también le dedica algunas líneas a los observatorios astronómicos en el México antiguo. Trabulse expresa que después de la conquista se observaron eclipses con fines prácticos: calcular la posición geográfica de los principales puertos y ciudades del continente americano. Se comparaban las observaciones realizadas en América con las realizadas en Europa y de esa forma se calculaban las distancias entre ambos continentes.

El historiador anota que en el siglo XVII fue Diego Rodríguez el más importante propagandista de la Revolución Científica; Carlos Sigüenza y Góngora fue el sucesor de Rodríguez. De la obra de Sigüenza y Góngora escribe: “tuvo un doble propósito: realizar cálculos precisos de eventos celestes, sobre todo de eclipses, y desmitificar los cielos, donde según la opinión popular generalizada y comúnmente aceptada desde varios siglos atrás, aparecían los signos de calamidades que azotarían a la humanidad. Los cometas y los eclipses eran vistos como signos celestes visibles de malos augurios. Eran presagios fatídicos de hambres, guerras, pestes y sequías.”

En América y Europa muchos sabios tenían esas creencias. Sigüenza describió el pánico que causó en la población el eclipse total de Sol del 23 de agosto de 1691; el científico escribió que durante el fenómeno astronómico él se dedicó a realizar tranquila y alegremente sus observaciones. En 1752 hubo otro eclipse de Sol, y también hubo opiniones encontradas: unos (como Francisco Pacheco Mora) insistían en la interpretación catastrofista y supersticiosa, otros (como José Mariano de Medina) luchaban contra esas creencias infundadas.

En la segunda parte Trabulse expone que la astronomía contribuyó a insertar en la Historia Universal la historia antigua de México: “El apoyo de la astronomía a la historia fue, en este sentido, determinante, ya que sin astronomía no había cronología posible y sin ésta no hay historia.” Así, Trabulse hace un esbozo del proceso que en el siglo XVII llevaría a la formación de una “conciencia patria” y en el siglo XIX a la emancipación política.

¿Cómo se emanciparon ideológicamente los criollos?, ¿en qué consistía el “nacionalismo criollo”? Los criollos se propusieron revalorizar la historia de los pueblos indígenas: “la tarea distaba mucho de ser sencilla, ya que, desde los primeros cronistas del México antiguo en el siglo XVI, había quedado sancionada la tesis de que las culturas prehispánicas habían tenido un carácter demoníaco, pues, sus ritos, ceremonias, costumbres, revelaban que, como todas las civilizaciones paganas, estaban sujetas al yugo del demonio. El primer paso para reivindicar este largo pasado era entonces el de despojarlo de dicho carácter y mostrar que la historia indígena era una historia humana, natural y que la civilización alcanzada por estos pueblos justificaba un estudio imparcial y carente de prejuicios.”

Durante la Colonia el poder y la riqueza se encontraban en manos de los españoles peninsulares, sólo ellos desempeñaban puestos de mando; los criollos veían limitadas sus posibilidades de desarrollo, en las oficinas sólo realizaban labores subalternas. El clero estaba dividido en dos: el alto clero estaba formado por sacerdotes –españoles en su mayor parte- ricos que ocupaban altos cargos en la jerarquía eclesiástica, residían en la capital o en las principales ciudades de la Nueva España; el bajo clero estaba formado por sacerdotes pobres, en su mayor parte eran criollos y mestizos, y habitaban en los pueblos más humildes de la Colonia.

Este estado de cosas les fue llevando a buscar su propia identidad.

Parte de esta búsqueda consistió en revalorar la historia de los pueblos prehispánicos. La obra de Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700) es un ejemplo de esto; en Teatro de virtudes políticas hace una exposición en contra del carácter diabólico que se le atribuía a los aztecas y presenta a los reyes del México antiguo como poseedores de grandes virtudes. Otros criollos –como Clavijero y León y Gama- seguirían estos pasos.




Para poder “ilustrar la patria” era necesario establecer la cronología del México antiguo. La astronomía permitió realizar lo anterior. Sigüenza hizo un estudio comparativo de los registros de eclipses de Sol y de Luna, y de cometas observados simultáneamente en el Viejo y el Nuevo Mundo, e intentó hacer coincidir los dos calendarios.

Sigüenza, para llevar a cabo su tarea, sintió que necesitaba calcular la fecha exacta de la muerte de Cristo (para ello, entre otras cosas, usó los cálculos que Kepler había realizado para establecer la verdadera fecha en la que Jesús había nacido). Su trabajo le hizo concluir que la iglesia católica estaba equivocada en sus cálculos.

Antonio de León y Gama realizó estudios históricos y astronómicos usando el calendario azteca, encontrado en 1790. Dice Trabulse: “León y Gama intentó hacer concordar el calendario indígena con el europeo, lo que le llevó a analizar la cronología prehispánica apoyándose en datos astronómicos.”

Los trabajos mencionados ayudaron a preparar el terreno a las ideas que llevarían a la Independencia. Por lo anterior podemos ver que la astronomía sirvió para la formación de cierta ideología histórica.

Para el jesuita Eusebio Francisco Kino (quien llegó a la Nueva España en 1681) el cometa que se vio a finales de 1680 y principios de 1681 “significa y amenaza muchas dificultades... muchas calamidades para la Europa; particularmente para tres o cuatro reinos significa muchas sterilidades, hambre, tempestades, algunos temblores de la tierra, grandes alteraciones de los cuerpos humanos, discordias, guerras, muchas enfermedades, calenturas, peste, muertes de muchíssima gente y particularmente de algunas personas muy principales. Dios nuestro Señor nos mire con ojos de piedad.”

Para Sigüenza y Góngora los eclipses y cometas no anunciaban terribles catástrofes, y así lo expone en su Manifiesto contra los cometas, despojados del imperio que tenían sobre los tímidos. Kino llega a la Ciudad de México y lee lo escrito por Sigüenza y Góngora, de inmediato manifiesta su desacuerdo en un texto al que titula Exposición astronómica de el cometa, que el año de 1680 por los meses de Noviembre y Diziembre, y este año de 1681 por los meses de Enero y Febrero, se ha visto en todo el mundo.

Trabulse comenta: “Sigüenza también era devoto de la Compañía de Jesús. Sin embargo, leyó el libro de Kino y se indignó porque decía, entre otras cosas, que ‘Singüenza tenía lagañoso el juicio’. Lleno de ira, porque no era nada flemático, escribió en 1681 una de las obras centrales de la ciencia mexicana: la Libra astronómica y filosófica. Ésta, sin embargo, no fue publicada porque lo expulsaron los jesuitas por mala conducta. Gracias a un amigo suyo que literalmente se la quitó y la publicó, en 1690, se le conoce y conserva”.



Sigüenza se sintió ofendido de que un europeo viniese a enseñarle cómo hacer ciencia. Con la Libra astronómica y filosófica dejaba claro que la ciencia de la Nueva España estaba a la altura de la que se hacía en Europa.

En la tercera parte Trabulse explica que en 1883 se creó, en el Establecimiento de Ciencias Físicas y Matemáticas, la cátedra de Cosmología, que estuvo a cargo de Joaquín Velásquez de León; cuenta parte de la historia del Observatorio Astronómico Nacional, que fue abierto en enero de 1863. Pero fue hasta 1881 que apareció el primer número del anuario del observatorio.

Llegamos al último apartado de esta parte. Trabulse explica algunas de las investigaciones llevadas a cabo durante la primera mitad del siglo XX: el estudio de la cromosfera solar, mediciones espectroscópicas, estudios de la corona solar, etc. Debido al eclipse total de Sol del 10 de septiembre de 1923, México fue anfitrión de diversas expediciones científicas provenientes de varios países: “El astrónomo Joaquín Gallo fue comisionado por el gobierno para coordinar las actividades de apoyo a esos contingentes de astrónomos.” Posteriormente Gallo participó en una reunión de científicos interesados en analizar los datos obtenidos durante el eclipse.

En 1942 se inauguró, en Tonantzintla, Puebla, el Observatorio Astrofísico Nacional, su primer director fue Luis Enrique Erro.

Los eclipses en el desarrollo científico e histórico en México es una obra interesante, aunque, como expresé al inicio, se trata de un esbozo de lo que ha sido la astronomía en nuestro país.

viernes, enero 09, 2009

La religiosidad de Ray Bradbury


La luz es buena. La oscuridad es mala.
La vida es buena. La muerte es mala.
El hombre, que representa el bien de la luz y la vida,
avanza contra la muerte y la oscuridad universal.

Ray Bradbury



¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿por qué hemos de desear vivir? ¿Por qué no decirle a la muerte?, ¿hay circunstancias que pueden hacerla deseable, apetecible? Cuando la muerte se presenta de forma atractiva ¿se trata de un engaño, de una ilusión?, ¿se trata de un perfecto disfraz?, ¿oculta su verdadera apariencia?... Por otro lado, ¿qué es el ser humano?, ¿cuál es nuestra naturaleza, nuestra esencia?, y ¿cuál es nuestro lugar en el universo?

Todas estas cuestiones han sido abordadas por cientos de filósofos, a pesar de ello continuamos pensando al respecto. En esta entrada veremos las respuestas de Ray Bradbury.

El autor de Fahrenheit 451 se sintió abrumado cuando vio la película Encuentros Cercanos del Tercer Tipo. ¿Por qué? Porque encontró en ella un gran mensaje...


UNA PELÍCULA DE EXTRATERRESTRES

En México fue a finales de abril de 1978, durante la IX Muestra Internacional de Cine, cuando se exhibió la cinta Close Encounters of the Third Kind, comercialmente se estrenó dos meses después.






Hagamos un paréntesis y veamos cómo recibieron los ufólogos la película de Steven Spielberg. Encontramos dos posiciones que se contraponen y cada una queda representada por los ufólogos Ramiro Garza y Antonio Ribera.

Antes de revisar las respectivas opiniones, recordemos que el astrónomo J. Allen Hynek supuestamente asesoró a Spielberg (Ribera –como veremos- nos da razones para dudar de la asesoría). Hynek era considerado “el padre de la ufología científica”, “el Galileo de los ovnis”. Por otro lado, Francois Truffaut interpretó a un investigador de ovnis, el personaje está basado en Jaques Vallée (Ramiro Garza se pregunta si en realidad está basado en Aimé Michel).

En el número 34 de la revista Contactos Extraterrestres (misma que salió a la venta el 12 de abril de 1978) apareció un texto de Ramiro Garza: “Una grandiosa película de verdad-ficción”.
¿Qué mensaje ufológico encuentra Garza en la película? “Para quienes ignoran la trascendencia del fenómeno OVNI, esta película será una piedra en su techo de cristal. Para los que alegan que todo es fantasía, será este film un ejercicio de sinceridad. Para los que han insistido en que hay algo, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo es un escalón más en la certeza de la posibilidad. Nadie, ante esta historia, quedará insensible. Lo aseguramos.”

Garza consideraba que la película era una defensa del fenómeno OVNI y una denuncia de los intentos por ocultarlo y desprestigiarlo. Así, la aparición de J. Allen Hynek es interpretada por Garza como un homenaje y una denuncia; homenaje a quienes investigan seriamente el fenómeno OVNI y a quienes han padecido las consecuencias de un contacto, denuncia contra los cerrados, los negadores.

Sobre la estructura de la cinta, escribe el ufólogo: “Pocas veces se combinan tan bien los factores de la realidad y de lo fantástico. Y pocas veces también acecha interiormente en forma tan clara y tan definitiva, la persuasión de lo desconocido. OVNIS, naves, inteligencias, mensajes y el deseo de un contacto mutuo. Están ahí, para atestiguar su armónico tejido, la parapsicología, las matemáticas, la luz, el sonido. Cuatro factores clave para hacer posible un intercambio de señales, en un lenguaje primitivo, desesperante, inútil y revelador al mismo tiempo (...) Mención aparte merece el tratamiento de la psicología de los contactados. Enajenados, polarizados por aquello que los llama, dejan tras de sí todo: rutina diaria, trabajo, familia, convencionalismos sociales. Y gritan lo que es su verdad-ficción. Y rechazan, adivinando, la muralla desesperada de mentira que se inventa para neutralizar su experiencia.”

Al final, entre otras cosas, escribió: “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo: una gran experiencia para todos, aun para aquellos que niegan la realidad del fenómeno. Realidad que desde luego, no necesita película alguna para manifestarse todos los días, a todas horas en muchísimos países. Realidad que se acerca, como la nave madre en la pantalla, con pasos imponentes y seguros.”

El número 42 de Contactos Extraterrestres (que salió a la venta el 2 de agosto de 1978) incluyó el texto “Encuentros Cercanos del Tercer Tipo: una opinión personal.” de Antonio Ribera.


Ribera difería de la apreciación de Ramiro Garza, y de ello nos percatamos desde el recuadro previo a su texto: “Para un ufólogo decano como Antonio Ribera, la película de Steven Spileberg que ha producido el actual boom del fenómeno OVNI, no refleja la realidad sino más bien la deforma y manipula para lograr un ‘bello y emocionante’ espectáculo cinematográfico.”

Ribera comienza afirmando que cinematográficamente hablando, Spielberg logró un buen trabajo: “Tiene merecidísimo el Oscar a Efectos Especiales que le otorgó la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood. El trabajo de los actores es muy convincente, y, si bien el relato cinematográfico es a veces algo deshilvanado y confuso, la forma de presentar el argumento es aceptable.”

Como ufólogo, Ribera se quejaba del título que se le dio en España: Encuentros en la tercera fase.

Entre las cosas que critica Ribera están las siguientes:

Afirmaba conocer bastantes casos de “abducción” (matrimonio Vidal, etc.), pero no de “devolución” . El Efecto Electromagnético (EM), Spielberg lo presenta al revés: “el presunto OVNI activa todos los aparatos electrónicos de una casa, desde el televisor y la lavadora hasta los juguetes del niño... y esto mientras está en curso un apagón. Nunca es tarde para aprender (...) El EM, como es sabido, se caracteriza por el paro y el apagón de todos los sistemas eléctricos, en la proximidad de un OVNI.” Los OVNIs suelen ser silenciosos, pero cuando no lo son emiten zumbidos leves “como de abejas”, “pero a Spielberg parecen gustarle más los OVNIS con escape abierto, pues eso (motos con el escape abierto) es lo que parecen los que circulan (colándose sin pagar por las cabinas de peaje) por una ‘highway’ americana, perseguidos por tres raudos coches-patrulla de la policía. Pero seamos comprensivos: el público actual –especialmente el joven- ama el ruido, y un OVNI deslizándose silenciosamente no es tan espectacular como un OVNI armando un barullo de todos los demonios.”

Ribera sólo encuentra algunos detalles que sí se corresponden con la realidad: “el fenómeno estrépito que arman los buzones, mientras el coche del protagonista sufre toda una serie de extraños efectos, nada ortodoxos por cierto, si se consulta la casuística. Está bien lo de las quemaduras, pero ahí termina el parecido con cualquier caso ‘auténtico’ (y conozco de pe a pa la casuística mundial de los últimos treinta años).”

¿Cuál es la conclusión de Antonio Ribera? “no estamos ante un film documental (pese al asesoramiento del doctor Hynek; pero ¿quién renuncia a 250,000 dólares, 20 millones de pesetas al cambio actual?) sino ante una película –muy entretenida, eso sí- de ciencia-ficción, que explota con más o menos fortuna el tema de los OVNIS (yo me quedo con 2001, Odisea del espacio).”

El último apartado de su escrito lo titula IPRI VS CUFOS. En éste nota el aspecto parapsicológico que presenta la cinta: “Pese a la alergia que el binomio OVNIS-Parapsicología produce en muchos investigadores –alergia que no comparten, entre otros, mis queridos amigos Jaques Vallée y Aimé Michel, ni el que esto escribe: de sabios es mudar de parecer-, la clave del contacto, en esta película, es puramente parapsicológica: un mensaje telepático, que se insinúa en la mente de los ‘contactees’ y les impone la imagen de la Montaña del Diablo, la imponente torre basáltica de Wyoming, que da lugar a algunas de las secuencias más bellas de la película. Esto también es muy poco ‘ortodoxo’, para el ufólogo científico, y nos lleva más del lado del IPRI que del lado de CUFOS, por citar sólo dos agrupaciones cada una de ellas cargada de enorme significado.”

Sin embargo, Hynek, en una entrevista realizada por Fernando J. Téllez y Ariel Rosales y publicada en marzo de 1977 en Contactos Extraterrestres, afirmaba que empezaba a tender a una explicación metafísica o parapsicológica del fenómeno OVNI: “Tengo la firme impresión de que si en este momento evaluara los hechos, habría más evidencias que apoyaran la explicación parafísica que la de la tecnología espacial. Me siento muy atraído por la idea de la interpretación paranormal.” De hecho, en esa entrevista, el Galileo de los OVNIs hablaba de la comunicación telepática con los ovninautas.

En 1976 la Asociación Humanista Americana organizó una reunión para examinar el avance de la pseudociencia. ¿Resultado? La formación del Committee for the Scientific Investigation of Claims of the Paranormal (CSICOP), que desde entonces ha sido presidido por el filósofo Paul Kurtz. ¿Quiénes fundaron el subcomité OVNI del CSICOP (ahora CSI)? Philip J. Klass, Daniel Cohen, Ernest H. Taves, James E. Oberg y Robert Scheaffer.

Pero los aficionados a los platillos voladores nunca consideraron a los miembros del subcomité OVNI del CSICOP como los representantes de la “ufología científica”. Más bien los consideraban debunkers o detractores. La parte científica de la ufología estaba conformada por J. Allen Hynek, Jaques Vallée y William Spaulding. Cabe mencionar que en los años setenta Pedro Ferriz siempre trató de estar en contacto con estos tres ufólogos.



Los "ufólogos científicos" de aquella época


En 1957 los hermanos Spaulding fundaron el Ground Saucer Watch (GSW), se trató del primer grupo dedicado al análisis por computadora de fotografías de OVNIs y de presuntos extraterrestres (además de yetis y otros seres “insólitos”). En 1973 J. Allen Hynek fundó el Center for UFO Studies (CUFOS).

En The New York Review of Books el escéptico Martín Gardner, miembro del CSICOP, escribió -tomando como base Encuentros Cercanos- su opinión sobre la ufología. Aquí algo al respecto.
Los responsables de Contactos Extraterrestres respondieron al artículo de Gardner, esto sucedió en el editorial del número 41 (correspondiente a julio de 1978).

En el editorial se afirmaba que Gardner usaba la película para atacar a Hynek, a Vallée y a la ufología en general, algo erróneo ya que “una cosa es una película comercial inspirada en los OVNIS y otra muy distinta la investigación científica de un fenómeno hasta ahora inexplicable (...) Dudamos mucho que la vanguardia del fenómeno OVNI deba recaer en películas comerciales, y esto, entiéndase, no es un ataque a Encuentros Cercanos... por lo que es: un espectáculo cinematográfico de muy alta calidad. Tampoco criticaremos aquí su contenido, que puede o no estar muy cerca de la verdad, sino esencialmente la manipulación de que ha sido objeto por parte de la propaganda. Y ante esto hay que reconocer que la película no se sostiene como el documento ufológico que sus publicistas pretenden que sea.”

Así, según el editorial, Gardner se quedaba en los ataques personales y no ofrecía argumentos científicos de peso para dudar de los estudios realizados por el padre de la ufología científica.

Como decía más arriba, el CSICOP se fundó con la pretensión de analizar objetiva, cuidadosa y científicamente temas como el de los OVNIs, pero los ufólogos no lo veían (no lo ven) de esa forma: “A lo que ha dado lugar esta situación (que la publicidad presentara la película como documento ufológico) ha sido precisamente a reacciones como la de Gardner, quien al igual que los otros detractores oficiales de todo aquello que huela a paranormal –Isaac Asimov, Paul Kurtz, etc.- sólo está esperando una oportunidad para lanzar sus ataques en la forma que lo ha hecho. Y lo grave del asunto es que esta gente no está dispuesta a entablar una discusión con la mente abierta; por el contrario: se niega rotundamente a aceptar que el fenómeno OVNI sea digno de una discusión científica. ¡Y más cerrazón que ésta es difícil encontrar! (...) Pero olvidando los vanos ataques de Gardner, es necesario tener presente que la ufología es algo más que una película y que una campaña publicitaria (...) Lo importante en este momento es tomar conciencia de que nos encontramos ante un fenómeno inexplicable que debe ser investigado sin ningún prejuicio.”


EN LA OPINIÓN DE BRADBURY

En el número 34 de Contactos Extraterrestres apareció un texto en el que Bradbury opinaba sobre Encuentros Cercanos: “Abriendo la hermosa puerta de la verdadera inmortalidad”.

El autor de Crónicas Marcianas consideraba que la película de Spielberg era algo más que la película de ciencia ficción que todos habían estado esperando, era LA película. Y es que la cinta tiene el gran mérito de decirle sí a la vida:

“Encuentros Cercanos llega para salvarnos de los colectores de basura, las almas del cementerio, los destructores, los condenadores que, bien sea que hablen con el grito de enfermo maniaco de un Martin Scorsese o el soprano epiléptico de Ken Russell, nos invitan a cortarnos las muñecas, colgar nuestras pieles y rendirnos al Deseo de la Muerte. Steven Spielberg siente que hemos tenido suficiente de ese material; que basta ya de salir de los cines al medio día para encontrarnos con que es media noche, que basta de saltar desde altas ventanas sin red, y de saltar de la cama por la mañana, dar una mirada al mundo y desear volver a ella y cubrirnos las cabezas con los cobertores.”

Bradbury hacía una interpretación religiosa de la cinta: “esta es una película religiosa en todos los grandes y buenos sentidos de la palabra, los sentidos correctos de esa palabra tan mal tratada. Porque si consultamos nuestro diccionario sobre ciertas palabras radicales de las cuales surgió la palabra religión, encontraremos esto: Religar: volver a ligar, ligar más estrechamente; o bien, juntar, reunir. Hemos necesitado ser reunidos para el Universo, para el Cosmos. Hemos necesitado juntar nuestras almas, nuestros pensamientos, nuestra carne, todo en un solo paquete, para sentirnos un compuesto de la Tierra en la que vivimos, del Sol alrededor del cual circulamos, de la nebulosa que habitamos, y de las estrellas más allá de las estrellas. Somos, después de todo, los Hijos de las Estrellas.”

Más arriba vimos que Antonio Ribera prefería 2001 a Encuentros, ¿y Bradbury? “A diferencia de 2001 que casi supo lo que quiso decir, pero que falló en sus conclusiones, y a diferencia de Star Wars, que tuvo poco que decir pero que lo dijo con gran estilo técnico y pericia, Encuentros Cercanos sabe exactamente dónde está el centro del universo.”

¿Cuál es ese centro?, ¿qué encontró Bradbury en esta cinta?, ¿por qué le pareció extraordinaria? Bradbury dice que el encuentro entre ellos y nosotros -en realidad el encuentro entre dos humanidades- muestra que la larga pesadilla ha terminado. ¿A qué se refiere? A que la muerte ha dejado de ahogarnos con sus amenazas. Sí, ¡el encuentro asegura la existencia eterna!

Decir no a la exploración espacial equivale a dejarnos morir, para salvarnos, para continuar viviendo debemos lanzarnos a las estrellas. Tal es el mensaje, el gran mensaje que encuentra Bradbury en la cinta: “La gran verdad que enseña es que los seres humanos, no importa su forma, tamaño, color o país estelar de origen, están camino a llegar a ser, a decidir ser, decidiéndose a viajar a fin de permanecer, decidiendo vivir –más que condenarse a sí mismos a esas fosas de cementerios en mundos separados.”

Al final de su texto, Bradbury abunda en esta idea:

Encuentros Cercanos, finalmente, nos hace recordar la película de H. G. Wells Lo que vendrá (Things to Come), de 1936, que preparó a una loca multitud de niños para convertirse en astronautas y hacerlos llegar a la Luna y a Marte. En esa película, cabal, el héroe apuntó a las estrellas y el primer cohete fue lanzado a ellas.

“¿Cuál será?”, se preguntó. “¿Nos quedamos en la Tierra y morimos o nos desplazamos hacia Orión y Andrómeda?” “¿Cuál será?”, se repite.

La interrogación formulada en 1936, es contestada en 1977 por una fuerte, llena y gloriosa voz joven. Steven Spielberg, probablemente el hijo de H. G. Wells, y ciertamente el nieto de Julio Verne y el profeta de nuestro nuevo libro El Génesis, ha gritado su respuesta.
Es afirmativa.

Después de todo, nosotros, pequeños humanos; nosotros, paradójicos monstruos; nosotros, seres adorables, merecemos salvarnos.

Los ecos de su respuesta filmada resonarán a través de todas las generaciones por venir.


NUESTROS PROBLEMAS FILOSÓFICOS

¿Qué somos los seres humano?, ¿cómo definirnos a nosotros mismos?, ¿qué lugar ocupamos en el universo?, ¿tenemos alguna misión? De todo esto reflexiona Bradbury en su Libro para inspirar a Curas, Rabinos y Pastores Desanimados.

Veamos algunas de sus ideas.

A principios de 1950 Bradbury se encontraba escribiendo una historia que se desarrollaba en Marte, entonces sintió la necesidad de platicar de ello con un sacerdote católico. En el cuento, varios sacerdotes llegaban a Marte y observaban espíritus, luces o fuegos azules que revoloteaban por todos lados, se trataba de los marcianos. ¿Aquellas luces eran “humanas”? ¿Cómo saber si los extraterrestres son o no “humanos”? Pero ¿qué es el ser humano? De todo ello deseaba Bradbury hablar con el sacerdote.

Bradbury llegó a la siguiente conclusión:

Si una criatura conoce la diferencia entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad, puede optar por el amor en vez del asesinato, puede evitar la violencia, puede extender la paz, puede juzgar, puede valorar, esa criatura es humana, no obstante su apariencia externa, sea de carne o fuego.

La humanidad, al fin de cuentas, es un concepto que sólo en modo indirecto tiene que ver con la forma, el tamaño, el color, la textura o la cantidad de dedos, miembros, cabezas, presencia o ausencia de branquias, colas o, al fin de cuentas, sexo.

Intuimos algo cercano a la humanidad en los delfines, las ballenas y otras criaturas en la Tierra. En mundos lejanos, enfrentados a arañas de seis pies, a distancia segura, evaluaríamos si son humanas juzgando por sus intenciones. No importa lo espantoso de sus máscaras, sus formas, su supuesta apariencia. Si el Espíritu de Cristo o Buda o Mahoma las instruyó, nos sentaríamos a compartir el pan con ellas, confiando en que no serían ni más ni menos paradójicas que nosotros mismos, sabiendo que la oscuridad y la luz existen en todos los que rechazamos el instinto de asesinar más a menudo de lo que lo ejercemos.


Sobre nuestro lugar en el universo y nuestra misión expresa:

¿Qué sentido tienen un billón de estrellas? ¿Qué propósito tienen nebulosas y cometas que pasan como novias pálidas, arrastrando sus velos espectrales camino de bodas cósmicas, si nadie las ve?

El universo se fabrica un ojo con el cual ver sus galaxias mudas y brillantes que esperan.

Crea manos con las cuales tocar texturas mudas de oscuridad y luz aún intocadas.

Crea oídos con los cuales convocar los sonidos de milagros en bruto, moliendo milagros.

La Creación necesita de una lengua con la cual probar el vino de este mundo y hablar de ese sabor salvaje, exaltada por el sonido de nuestras palabras pronunciadas en la larga noche de la historia.

Todo el espacio y el tiempo se inhalan a través de los orificios nasales del hombre, para oler el viento dulce de la vida trascendente en medio de tanta muerte.

Representamos la Fuerza Vital en el universo. Si ve, lo hace a través de nuestros ojos. Si oye, lo hace con nuestros oídos. Sus manos se extienden si nosotros extendemos nuestras manos. Sus dedos sólo tocan donde nosotros tocamos.

Sin duda, ésta no es una observación blasfema. Es un descubrimiento o redescubrimiento –como prefieran- revigorizante, triunfal, feliz, salvador.

Y la Creación no piensa poner en riesgo su sensibilidad, su conciencia, su posibilidad de eternidad, permaneciendo en un solo planeta.

Se cubre con piel metálica, se proyecta en fuegos y se prepara para atravesar el espacio.


Pero La Muerte hace acto de aparición e intenta seducirnos, Bradbury nos dice:

Nos preguntamos qué somos y no sabemos.

Deseamos la paz y se nos escapa, eludiéndonos en una persecución confusa.

Yo estoy convencido de que el espacio nos dará un nuevo propósito, acabará con la guerra y dará nueva forma a nuestro concepto de la creación.

Sin embargo, hay una oscuridad en nosotros que, a veces, nos hace sentir cansados y atormentados, no queremos ser buenos, no queremos preocuparnos, no queremos vivir.

Debemos resistir con todas nuestras fuerzas, con toda la luz y el calor en nuestra búsqueda para alejarnos de la guerra e ir hacia la paz.

¿Qué sustituto podemos encontrar para la guerra? Desde que Caín mató a Abel venimos buscando alguna canalización final de nuestra violencia hacia la creatividad, una paz tan poderosa, intoxicante, a veces tan satisfactoria para el alma como la guerra. ¿Es el espacio por fin nuestro sustituto pacífico del Argamedón?

Yo creo que lo es.

Pero hemos salido de la cama, hemos ido a la Luna, hemos extendido la mano para dejar nuestra huella dactilar en Marte. Y a quienes miran fotografías tomadas con telescopios y dicen “Marte está vacío, no hay vida allí”, les gritamos:

Hay vida en Marte, somos nosotros.

Nosotros somos los marcianos.

Hay que moldear el siguiente milenio del hombre en la Tierra. Hay que moldear diez mil años de hombres extraños en el espacio. Hay que moldear diez millones y diez mil millones de años.

domingo, enero 04, 2009

Gracias a YouTube podemos ver el legendario programa de TV que conducía Pedro Ferriz: ¡Un mundo nos vigila! Bueno, casi...